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A toda máquina por el río La Laja: una jornada 4x4 hasta la mina Virginia II, en el corazón de la Precordillera sanjuanina

Salimos desde la ciudad de San Juan por la Ruta 40, dejamos atrás el asfalto y nos metimos de lleno en el cauce seco del río La Laja hasta llegar, tras una caminata final, a los restos de un campamento minero que los vecinos llaman Virginia II. Una propuesta sin señalización turística, para hacer con guía y siguiendo un track.

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Andrés AguilarTurismo · 24 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Te cuento cómo fue esta salida porque me dejó con la boca abierta y, sobre todo, con ganas de volver. Salimos desde la ciudad de San Juan con el equipo de Mainumby4x4, al mando de Verónica Romaña, y la primera aclaración es fundamental: la mina conocida como Virginia II no tiene camino convencional, no hay carteles turísticos y tampoco un centro de interpretación. Es un sitio al que se llega con vehículos preparados y, en el tramo final, con las piernas.

El itinerario arranca tomando la Ruta 40 hacia el norte y después se desvía por la antigua ruta de ripio a Mogna. Desde allí, el piso deja de ser amable: hay que meterse en el lecho seco del río La La, en un tramo que queda entre Talacasto y Mogna. Ese cambio de superficie es la clave de toda la travesía y también el momento donde la camioneta empieza a trabajar de verdad.

Por la arena y las piedras del río La La

Cuando entramos al cauce, la marcha se vuelve lenta. La arena, las piedras sueltas y el material que dejaron las crecidas obligan a reducir velocidad y, en más de una oportunidad, a detenernos para mirar el piso y decidir por dónde seguir. Las huellas se bifurcan y no siempre queda claro cuál es la mejor opción. Por eso, llevar un track cargado en el GPS es parte del reglamento: las crecidas modifican el terreno y suelen borrar los pasos que se usaron la vez anterior.

Después de varios kilómetros por el río, dejamos las camionetas estacionadas en una quebrada y arranca la caminata. El sendero sube en zigzag entre las montañas y, a medida que uno se acerca, empiezan a aparecer las señales de que allí hubo actividad humana: chapas oxidadas, hierros tirados, tambores metálicos y hasta ropa de trabajo colgada, como si los mineros hubieran salido un día y no hubieran vuelto nunca más.

Qué se encuentra en el campamento

  • Construcciones deterioradas, paredes derrumbadas y piques parcialmente tapados por el material de derrumbe.
  • En las galerías se ven rieles, recipientes para trasladar el mineral y utensilios de cocina dejados en el lugar.
  • Quedan también cascos, guantes y prendas de quienes trabajaron en el yacimiento, además de bolsas que habían contenido explosivos y cables usados para las detonaciones.

Recorrimos el perímetro y nos animamos a ingresar apenas unos metros por una galería para ver de cerca los rieles y los recipientes. Es importante aclararlo: no estamos en condiciones de evaluar la seguridad del espacio subterráneo, así que lo que vale es mirar desde afuera y no tentar a la suerte. Todo lo que está allí forma parte de un campamento abandonado, no de una exposición armada para el visitante.

Hay un dato que me parece justo mencionar para no generar confusiones. El nombre Virginia II es el que le dan los lugareños de la zona, pero la documentación pública disponible no permite confirmarlo de manera categórica. Tampoco están precisados los años de explotación, cuántos trabajadores pasaron por allí ni qué mineral se extraía. Es un sitio con más preguntas que respuestas, y eso, en parte, es lo que lo hace tan atractivo para los amantes de la historia minera.

La Ramada de Carrascosa, en honor a Santa Bárbara

De vuelta en las camionetas, la jornada cerró con una parada que vale la pena por sí misma: la Ramada de Carrascosa, un sitio de devoción muy vinculado con Santa Bárbara. Es el broche justo para una salida exigente, porque combina el silencio de la montaña con el peso de una tradición que sigue viva en la zona. Si te gusta el 4x4 con historia, esta combinación de ripio, río seco y galerías abandonadas es de las que dejan marca.

Ahora, como hago siempre que paso por San Juan, te tiro una recomendación para el hambre del regreso. La zona de la Ruta 40 hacia el norte tiene paradas con buen lechón, empanadas y vinos de la tierra; preguntar en Talacasto por el comedor de confianza de los camioneros suele ser la forma más rápida de dar con un plato abundante y a precio razonable. Andá con tiempo, porque cuando termina una travesía así el cuerpo pide comida fuerte y sobremesa larga.

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Andrés AguilarTurismo

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