Afinador de pianos y ladrón de cajas fuertes: el debut de ficción del ganador del Óscar Daniel Roher llega al streaming con un thriller que hace del oído su mejor arma
Leo Woodall y Dustin Hoffman encabezan esta historia de intriga donde la hiperacusia del protagonista abre puertas y también cofres, en una película dirigida por el canadiense que conmovió al mundo con el documental "Navalny".

Vayan anotando este dato, porque sirve para entender de qué estamos hablando: en 2022 un documental llamado "Navalny", dirigido por el canadiense Daniel Roher, se llevó el Óscar al mejor documental y puso a su responsable en la primera línea de la conversación cinéfila internacional. Aquella película, que siguió de cerca al líder opositor ruso Alexéi Navalny durante el envenenamiento que casi le cuesta la vida y el regreso a Moscú que terminó en prisión, mostraba a un director obsesionado por el ritmo del pulso político y por los detalles que otros miran por encima. Ahora, en 2025, Roher vuelve, pero cambia de registro: deja la realidad más cruda y se zambulle en la ficción con "Un talento único" ("Tuner"), un thriller de atracos que ya puede verse en streaming y que tiene como gran protagonista a un afinador de pianos con un oído fuera de lo común.
Les cuento de qué va, porque la propuesta es de esas que tientan o espantan según el ánimo: Niki, el personaje que interpreta Leo Woodall, se gana la vida afinando pianos en casas de gente adinerada y en conservatorios donde los instrumentos se usan a diario. Lo que lo distingue, lo que lo vuelve único y le da título a la película, es la hiperacusia: una condición que le permite escuchar matices y frecuencias que al resto de los mortales se nos pasan por completo. Hasta ahí, una historia con un oficio poco habitual llevada a la pantalla con delicadeza. Pero hay un costado clandestino: esa misma sensibilidad auditiva lo vuelve experto en abrir cajas fuertes sin hacer ruido, en operaciones que crecen en riesgo a medida que avanza el metraje. De día, pone a punto martillos, cuerdas y mecanismos internos de un Steinway de cola en el salón de un millonario; de noche, ese mismo oído que distingue un diapasón desafinado por una fracción de tono se convierte en herramienta de trabajo para una banda de ladrones.
Una realización que escucha antes de mirar
Lo que más me llamó la atención, y se los digo con franqueza porque soy de las que se fija en esos detalles, es cómo Roher filma el interior de un piano. La cámara se acerca a las cuerdas, a los martillos que golpean el fieltro, a los pequeños resortes que hacen vibrar la madera. No es un decorado bonito: es casi un personaje más. El sonido, en esta película, no ilustra lo que vemos, lo conduce. Esa decisión, que parece menor y no lo es, marca el pulso de toda la propuesta: si Niki vive pendiente de lo que oye, el director obliga al espectador a hacer lo mismo. El piano de cola que aparece en las primeras escenas, con su tapa abierta y sus miles de piezas expuestas, es el gran protagonista silencioso de la función.
Woodall, al que muchos recordarán por la serie "The White Lotus" o por "Un pajarito llamado Enry", carga con el peso del personaje central con una solidez que sorprende. No es un papel fácil: hay que sostener a un tipo taciturno, casi obsesivo, que confía más en sus oídos que en las palabras. Dustin Hoffman, mientras tanto, aparece como el viejo afinador que lo guía en el oficio y le enseña los secretos del taller, y lo hace con ese oficio de décadas que se le nota en cada gesto mínimo, en cada encuadre breve. Aporta el peso que la historia necesita para no desinflarse en el tramo medio, cuando el guion podría haber caído en el lugar común del thriller genérico.
Lo que la película hace bien y lo que le falta
- El ritmo: sabe cuándo detenerse en el detalle de un mecanismo y cuándo avanzar hacia el próximo golpe, sin demoras que aburran ni atropellos que mareen.
- El personaje central: la hiperacusia no es un truco de guion, es el motor emocional de la historia, y se nota.
- La dirección actoral: Woodall y Hoffman funcionan como maestro y aprendiz, y esa química sostiene las escenas más íntimas del taller.
- El sonido: pensado como herramienta narrativa, no como adorno, algo que en el cine de atracos no es tan habitual como debería.
- Las limitaciones: la escala media se nota en algunos tramos, y el desenlace elige la prudencia por encima del riesgo.
"Un talento único" no viene a reinventar el género del thriller de atracos, y me parece bien que sea así: conflictos claros, un personaje con una habilidad muy específica, operaciones cada vez más arriesgadas y un equipo que va sumando capas a medida que la cosa se complica. Lo que la sostiene es la ejecución, esa manera de rodar que Roher se trajo de sus años de documental y que aplica acá con bisturí. Si buscan una historia de intriga para una noche de sofá, sin exigencias desmesuradas pero con oficio de sobra, esta película es una puerta de entrada razonable. Y si son de los que se quedan pensando cómo suena un piano por dentro cuando nadie lo toca, van a salir de la función con los oídos despiertos, se los aseguro.
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