Agotamiento laboral: cinco hábitos diarios que propone una nutricionista naturópata para empezar a salir del pozo
La nutricionista naturópata Jessica Shand advierte que el estrés sostenido dispara el cortisol y desordena el sueño, el ánimo y la digestión. Cinco recomendaciones concretas para la vida cotidiana, con un llamado a no sustituir la consulta médica.

Lo conocí a Ernesto hace un par de semanas, en la sala de espera de un consultorio del barrio de Once, mientras él esperaba su turno con el clínico. Tiene 47 años, trabaja como administrativo en una empresa de logística y, según me dijo, lleva más de un año levantándose cansado. "Duermo ocho horas y me levanto como si me hubieran pasado un tren por encima", me contó, con esa resignación de quien ya dejó de buscar explicaciones simples. Ernesto no es un caso aislado ni mucho menos: el agotamiento laboral, ese que los manuales llaman burnout, se volvió un motivo de consulta cada vez más frecuente y, a la vez, uno de los más subestimados, porque se lo suele confundir con flojera o con una mala semana que va a pasar sola.
Lo que la gente no siempre sabe, y que la nutricionista naturópata Jessica Shand se encarga de explicar en The Hormone Balance Handbook, su libro de referencia, es que el burnout no es solamente una cuestión de sentirse exhausto a la noche o de no tener ganas de enfrentar el lunes. Es, también, un fenómeno hormonal. Cuando el estrés se vuelve crónico, el cuerpo mantiene encendida la producción de cortisol, la hormona de la alerta, y ese estado permanente de encendido va dejando fuera de juego a procesos tan básicos como la digestión, el descanso profundo y el equilibrio reproductivo. De ahí que el agotamiento venga acompañado de cambios de humor, de dificultad para concentrarse y de esa sensación tan particular de no recuperarse ni siquiera después de un fin de semana largo.
Cinco hábitos para empezar a recuperar el eje
Frente a ese cuadro, Shand propone una serie de medidas que, sin reemplazar de ningún modo la consulta médica ante síntomas persistentes, pueden incorporarse de a poco a la rutina diaria. Lo importante, dice, no es hacer todo de golpe sino entender que el cuerpo necesita señales claras para salir del modo supervivencia.
- Alimentación regular y equilibrada: combinar proteínas completas, grasas saludables y carbohidratos complejos, y evitar saltear comidas o apoyarse en ultraprocesados, porque las variaciones bruscas de glucosa profundizan la irritabilidad y la falta de concentración en los períodos de fatiga.
- Cuidar la calidad del sueño: armar una rutina previa a acostarse, con un baño con sales de magnesio, una infusión sin cafeína o unos minutos de escritura, y mantener horarios regulares, ya que la constancia puede ser tan importante como la cantidad de horas dormidas.
- Sumar plantas asociadas a la relajación, como manzanilla, lavanda, toronjil y pasiflora, integradas a una rutina nocturna, siempre con el asesoramiento de un profesional.
- Evaluar el uso de adaptógenos como la albahaca sagrada o la ashwagandha, sustancias empleadas para mejorar la tolerancia al estrés, con la advertencia firme de no iniciarlos por cuenta propia, sobre todo en embarazo, lactancia, enfermedades preexistentes o tratamientos farmacológicos.
- Reconocer los propios ciclos de energía: registrar cómo varía el ánimo y el rendimiento a lo largo del día y, en el caso de las mujeres, a lo largo del ciclo menstrual, para ajustar las demandas a los momentos de mayor disponibilidad.
Ernesto, mientras esperaba que lo llamaran, me dijo que lo de reconocer los ciclos le resonó especialmente, porque suele cargar las reuniones más pesadas a primera hora, cuando él reconoce que es un trapo. "Capaz el problema no soy yo", me dijo, medio en broma medio en serio, "capaz estoy peleando contra mi propio reloj". Y en eso, justamente, insiste Shand: en que la recuperación del agotamiento no pasa por un gran gesto heroico, sino por volver a prestarle atención al cuerpo, respetar sus tiempos y aceptar que, cuando el estrés se vuelve crónico, la salida no es voluntad pura sino un conjunto de decisiones cotidianas, sostenidas en el tiempo, y muchas veces acompañadas por un profesional. Ernesto, por lo pronto, volvió a su casa con la idea de probar primero con la rutina nocturna y de pedir turno con un nutricionista. Es un comienzo, me dijo, y a veces los comienzos son lo que más cuesta.
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