Agua, sales y bebidas deportivas: qué tomar según el momento y por qué no todo sirve para todo
La hidratación cotidiana suele resolverse con agua y comida variada. Frente a una diarrea o un esfuerzo físico prolongado la cosa cambia: entran en escena las sales de rehidratación oral y las bebidas con electrolitos, que no son intercambiables ni hacen milagros por sí solas.

A primera hora de la tarde, en una sala de espera del centro de salud de Temperley, Marta, 52 años, me cuenta que viene a buscar las sales de rehidratación oral que le recomendaron para su nieto, que arrastra una diarrea desde hace tres días, y que de paso quiere saber si las botellas de bebida deportiva que tiene en la heladera sirven para algo parecido. La consulta, casi de manual, sirve de punto de partida para ordenar un tema que genera confusiones frecuentes: qué líquido tomar según la circunstancia, por qué el agua no siempre alcanza y por qué abusar de ciertos productos tampoco es una buena idea.
En la vida de todos los días, la mayoría de las personas cubre sus necesidades de hidratación y minerales con agua y con una alimentación variada. Las frutas, las verduras y las legumbres aportan potasio; los lácteos, las semillas, los frutos secos y algunos vegetales suman calcio o magnesio; y el sodio y el cloruro llegan sobre todo a través de la sal y los alimentos preparados. Estos minerales, conocidos como electrolitos, participan en la distribución del agua en el cuerpo y en el funcionamiento de nervios y músculos, pero, cuando no hay pérdidas importantes de líquidos, no aporta nada demostrado incorporarlos en forma rutinaria a través de suplementos. Para la hidratación habitual suelen bastar el agua, las comidas regulares y la atención a la sed.
Cuando hay diarrea, la fórmula cambia
Frente a un cuadro diarreico, una bebida deportiva no equivale a una solución de rehidratación oral. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef recomiendan sales con proporciones definidas de glucosa y electrolitos para prevenir o tratar la deshidratación asociada a ese cuadro, porque su función es otra: la glucosa ayuda al intestino a absorber sodio y agua, y la fórmula también incluye cloruro, potasio y citrato en cantidades cuidadosamente calibradas. Por eso las bebidas pensadas para el esfuerzo físico no sirven como sustituto, ni siquiera de manera aproximada.
- Sales de rehidratación oral (OMS/Unicef): indicadas ante diarrea o vómitos, con glucosa, sodio, cloruro, potasio y citrato en proporciones específicas.
- Bebidas deportivas: pensadas para ejercicios de más de una hora, con calor o humedad, no para reemplazar sales de rehidratación.
- Suplementos de electrolitos sin indicación médica: no muestran beneficios en personas sin pérdidas importantes de líquido.
- Atención médica urgente: ante confusión, desmayos, vómitos persistentes, imposibilidad de beber o signos de deshidratación grave.
Ejercicio prolongado: las variables a considerar
La actividad física introduce otros factores: cuánto dura la sesión, con qué intensidad se realiza, la temperatura ambiente, la humedad y la cantidad de sudor que pierde cada persona. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte señala que las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas durante esfuerzos prolongados, mientras que, para ejercicios de menos de una hora, la evidencia de diferencias fisiológicas o de rendimiento frente al agua es escasa. Cuando el esfuerzo supera la hora, sobre todo con calor o humedad, pueden aumentar las necesidades de reposición, aunque la sudoración y las pérdidas de sales varían de un cuerpo a otro, de modo que no existe una cantidad idéntica para todos.
Lo que vale para el deporte también vale para la diarrea y para la rutina: beber más de lo necesario puede alterar el sodio en sangre, y sumar suplementos sin necesidad tampoco contribuye al equilibrio del organismo. En el consultorio, mientras la pediatra le entrega el sobre con las sales y le explica cómo diluirlo en un litro de agua segura, Marta asiente y reconoce que pensaba que la bebida deportiva "hacía lo mismo, pero más rico". Antes de irse, me dice que ahora va a revisar la heladera, descartar las botellas para el nieto y dejar en la puerta de la calle el paquete que le quedó sin abrir, mientras espera que esta temporada de calor no traiga otra ola de diarreas y que su nieto, por ahora, deje de ir tantas veces al baño.
“Para la hidratación habitual suelen bastar el agua, las comidas regulares y la atención a la sed; los electrolitos extra solo se justifican cuando hay pérdidas significativas de líquidos.”Lectura basada en OMS, Unicef y Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte
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