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Aguas que curan y convocan: el boom termal que atraviesa la Argentina

Más de 40 complejos distribuidos por todo el país registran un crecimiento sostenido de visitantes. Entre Ríos y Santiago del Estero encabezan la demanda, mientras se suman aperturas en Buenos Aires y Neuquén. Te cuento qué ofrecen, qué aguas hay y por qué cada vez más gente elige parar en una pileta caliente.

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Andrés AguilarTurismo · 31 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura

Les confieso algo: cada vez que un amigo me dice que se va a "las termas", yo escucho un poco la palabra con envidia. Porque el turismo termal en la Argentina viene creciendo hace rato, y la verdad es que no es puro marketing. La Secretaría de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación lo dice con todas las letras: hay un crecimiento sostenido, alimentado por la mejora de la infraestructura, por la variedad de actividades y por un público que busca bienestar de verdad, en un entorno natural, lejos de las pantallas.

Si hay que poner nombres propios, los dos destinos que se llevan todas las miradas son Las Termas de Río Hondo, en Santiago del Estero, y la provincia de Entre Ríos. Los números son los que mandan: en la última década, las visitas a los hoteles termales de Río Hondo se duplicaron. Entre Ríos, que reúne 16 centros termales repartidos en 13 ciudades, creció un 110% en el mismo período y en 2023 recibió más de 2,5 millones de visitantes. Santiago del Estero, en tanto, registró ese año más de 170.000 personas alojadas en hoteles termales. Para dimensionarlo: en Río Hondo la oferta hotelera arrancó con 6.000 plazas y hoy supera las 22.000.

Aguas distintas para cuerpos distintos

Acá viene un dato que muchos desconocen: no todas las aguas termales son iguales, ni sirven para lo mismo. La temperatura y la composición mineral varían según la zona y eso define los usos. Para orientarnos, se dividen en hipotermales (entre 20 y 35 grados), mesotermales (de 35 a 45 grados) e hipertermales (por encima de los 45). Y según los minerales que predominan, pueden ser sulfurosas, cloruradas, bicarbonatadas o ferruginosas, entre otras. Esa diferencia no es un detalle técnico menor: es lo que termina decidiendo a qué tipo de tratamiento o de descanso se presta cada complejo.

Para entenderlo mejor, vale la pena mirar lo que pasa en el Hotel Los Pinos, en Río Hondo. Allí las aguas promedian los 42 grados en origen y se mueven entre los 39 y los 44 grados en las piscinas. Durval Chaud, médico responsable del equipo de salud del establecimiento, me lo explica con la claridad de quien atiende pacientes todos los días: estas aguas contienen variedad de minerales, pero sin que ninguno tenga una concentración demasiado elevada. "Los beneficios son sobre todo de relajación, y el sistema más beneficiado es el osteoarticular", señala. También menciona efectos sobre la piel —exfoliación, absorción de minerales, apertura de poros— y sobre el sistema cardiovascular, ya que la vasodilatación que provoca el calor aumenta la circulación.

La oferta se diversifica más allá del litoral

  • En 2023 abrió Termas de Tapalqué, en la provincia de Buenos Aires, ubicada a unos 265 kilómetros de la Ciudad, una opción interesante para quienes no quieren hacer un viaje largo.
  • En abril de 2026 reabrió sus puertas el Centro de Rehabilitación Termal de Loncopué, en Neuquén, con una orientación clara hacia kinesiología y fisioterapia.
  • La red nacional ya supera los 40 complejos termales, lo que permite elegir entre propuestas bien distintas según la región que uno quiera recorrer.

¿Mi lectura, después de repasar todo esto? El termalismo dejó de ser aquel viaje solitario al que iban los abuelos. Hoy convoca a familias, a parejas, a gente que simplemente necesita parar, y también a quienes llegan con un tratamiento médico en la mano. La combinación de aguas minerales, buen dormir, aire libre y la excusa perfecta para no mirar el celular por un rato parece ser una fórmula que, claramente, funciona.

Si andan por Río Hondo y quieren comer bien, les recomiendo arrancar la jornada en alguno de los clásicos comedores cerca del río Dulce: el locro y la empanada santiagueña son obligatorios, y hay peñas familiares donde la mesa es larga y la noche, todavía más. Después, pileta caliente. En ese orden, siempre.

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Andrés AguilarTurismo

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