Amazon acumula más de un millón de robots en sus depósitos y, con ellos, más lesiones: el dato que incomoda a la compañía
Un informe del Senado de Estados Unidos registró que los centros automatizados de la empresa sufren un 28% más de accidentes que los tradicionales. La firma promete reducir riesgos con inteligencia artificial, pero los números internos cuentan otra historia.

Scott Dresser, vicepresidente de Amazon Robotics, sostiene que el plan es que las máquinas se queden con las tareas de mayor riesgo físico y dejen a los trabajadores lejos del peligro. La idea suena bien en un comunicado de prensa. Los papeles internos de la propia compañía cuentan otra cosa: según reconoció la empresa ante la Comisión de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado de Estados Unidos, los depósitos robotizados registran una tasa de accidentes 28% más alta que los que funcionan sin esa tecnología. Es el dato que la multinacional de Jeff Bezos no quiere discutir en público.
Millonarios en máquinas, millonarios en empleados
Amazon superó la barrera del millón de robots en sus centros de distribución y, al mismo tiempo, mantiene en plantilla a más de 1,5 millones de personas entre puestos full time y part time. La paradoja es deliberada: la compañía no reemplazó gente con engranajes, la apiló. Para sostener ese parque en expansión, construye nuevas fábricas en Austin, Texas, y en Greenwood, Indiana, y su directora financiera adjunta adelantó que la flota se va a más que duplicar durante este año.
Desde la zona norte se ve distinto. Mientras la empresa presenta cada nuevo modelo como un salto hacia la seguridad, los números de la investigación del Senado, cerrada en diciembre de 2024 tras dieciocho meses de trabajo, muestran que los depósitos de Amazon en general acumulan 30% más accidentes que el promedio del sector. Es decir: el problema no aparece solo donde hay robots, pero la automatización tampoco lo resuelve, lo agranda.
- Kiva Systems, comprada en 2012, fue la base de Amazon Robotics y de los modelos Hércules y Titán, que mueven estanterías del tamaño de un piano de cola.
- Proteo fue el primer robot de la empresa en circular entre personas, con sensores que detectan el entorno.
- Robin usa ocho ventosas para separar paquetes de pilas desordenadas; Cardinal levanta bultos de hasta 22 kilos; Sparrow reconoce cientos de millones de productos para reponer cajones.
- Vulcan, en operación desde 2025 en Spokane (Washington) y Hamburgo (Alemania), es el primer brazo con sensores de fuerza: tiene una suerte de tacto y se expandirá en 2027.
- DeepFleet, el sistema de inteligencia artificial que coordina el tráfico interno, redujo en 10% el tiempo de traslado de la flota, según la propia firma.
“El objetivo es que las máquinas asuman las tareas de mayor riesgo físico.”Scott Dresser, vicepresidente de Amazon Robotics
Cárcamo consultó a tres especialistas en automatización industrial y todos coincidieron en lo mismo: la tasa de accidentes suele subir en las primeras etapas de incorporación de robots, cuando todavía no están calibrados del todo, y baja recién cuando se completa la curva de aprendizaje. El problema de Amazon es que esa curva se reinicia cada vez que abre un centro nuevo o que duplica la flota, como proyecta hacer este año. La promesa de Dresser, en ese contexto, suena más a wishful thinking que a política de prevención.
El debate sobre el impacto real de la automatización en las condiciones de trabajo sigue abierto. Amazon tiene la flota de robots más grande del planeta, una hoja de cálculo con cifras de lesiones cada vez más altas y un discurso oficial que insiste en que las máquinas cuidan a la gente. La pregunta es incómoda para la compañía pero inevitable: ¿hasta cuándo va a sostener la empresa que la robótica mejora la seguridad de sus depósitos cuando sus propios números dicen lo contrario?
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