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Asma con cara de mujer: por qué a ellas les cuesta más respirar después de la pubertad

Las hormonas sexuales, sumadas a la genética y al entorno, hacen que las mujeres adultas convivan con crisis más severas, más internaciones y controles que se vuelven un dolor de cabeza. Qué dicen los estudios recientes y dónde está la llave para cambiar la historia clínica.

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Marta MansillaSociedad y salud · 5 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

A las siete de la tarde, en un consultorio del barrio de Belgrano, Graciela tiene 52 años y espera su turno con la mirada clavada en el piso. Viene cada tres semanas desde hace más de un año. Cuenta que la primera vez que escuchó la palabra asma fue a los ocho, cuando un médico le dijo a su mamá que era un "niño con silbido en el pecho". Era ella, era nena, y desde entonces la palabra nunca terminó de irse. "De chica me dijeron que se me iba a pasar, que era cosa de varones y de la edad -recuerda ahora, con las sábanas del pasado todavía encima-. Mirá lo que pasó: cada vez me cuesta más." Graciela quiere, en algún momento, poder irse a dormir sin ese miedo silencioso de que la noche se termine antes de tiempo.

La historia de Graciela no es un caso aislado ni una anécdota de consultorio. Después de la pubertad, las mujeres con asma enfrentan más episodios graves, más internaciones y mayor dificultad para controlar la enfermedad que los varones de su misma edad. Investigaciones recientes, publicadas durante 2025 en revistas científicas de referencia, empiezan a dibujar un mapa más preciso de por qué ocurre este fenómeno, y en ese mapa las hormonas sexuales -sobre todo el estrógeno y la progesterona- aparecen como protagonistas, aunque no como únicas responsables.

Una diferencia que se instala después de la adolescencia

Hasta la pubertad, el asma es más frecuente en varones. A partir de esa etapa, la tendencia se invierte: en la adultez, las mujeres tienen mayor prevalencia, consultan más seguido a guardias y requieren más internaciones. Un análisis publicado en 2025 en BMC Pulmonary Medicine, basado en datos del estudio Global Burden of Disease 2021, calculó que alrededor de 260 millones de personas convivían con asma en el mundo ese año, y volvió a confirmar la brecha por sexo en la vida adulta.

La diferencia entre varones y mujeres no tiene una causa única ni una explicación cerrada. Un estudio publicado en The Journal of Allergy and Clinical Immunology, conducido por Dawn C. Newcomb de la Universidad Vanderbilt, analizó células inmunitarias de pacientes con asma grave y encontró que el estradiol y la progesterona pueden aumentar la producción de IL-17A, una proteína vinculada a procesos inflamatorios en las vías respiratorias. La investigación también detectó mayor actividad de células inmunitarias llamadas TH17 en mujeres con asma grave respecto de varones con el mismo diagnóstico. Los autores aclaran que el hallazgo no prueba causalidad directa ni se aplica a todos los casos: el grupo estudiado fue reducido y parte del análisis se realizó en modelos animales, por lo que los resultados deben leerse con prudencia.

Hormonas, pero no solo: qué más pesa en la balanza

  • Componente genético: Patricia Silveyra, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana, explicó que no se trata de genes completamente distintos entre mujeres y varones, sino de un mismo gen que puede comportarse de manera diferente según el sexo, en interacción con factores hormonales y ambientales.
  • Peso corporal: el sobrepeso y la obesidad, más prevalentes en algunas etapas de la vida adulta femenina, están asociados con asma más difícil de controlar y con menor respuesta a los tratamientos habituales.
  • Exposición ambiental: la contaminación del aire, el humo de tabaco y la exposición laboral o doméstica pueden afectar de forma distinta a mujeres y varones, en parte por diferencias en la respuesta inmune y en la actividad hormonal.
  • Ciclo menstrual: hasta un 40% de las pacientes podría notar variaciones en los síntomas alrededor de la menstruación, según una revisión sobre asma premenstrual, aunque los estudios disponibles no permiten fijar una cifra definitiva.
  • Embarazo y menopausia: la evolución durante la gestación es impredecible -un patrón clínico clásico describe que cerca de un tercio de las embarazadas empeora, un tercio se estabiliza y un tercio mejora- y la menopausia agrega nuevos cambios hormonales que pueden desajustar el control.

El cuerpo cambia y la enfermedad se mueve con él

La hipótesis más estudiada sobre el asma premenstrual apunta a las oscilaciones de estrógeno y progesterona en los días previos al sangrado, que pueden aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas. Durante el embarazo, la evolución tampoco es predecible: por eso los equipos de neumología y obstetricia suelen ajustar los medicamentos y el seguimiento trimestre a trimestre, sobre todo en mujeres con asma moderada o grave. En la menopausia, el descenso hormonal vuelve a mover el piso y, según los especialistas consultados en la bibliografía, puede empeorar el control en mujeres que durante décadas habían convivido con síntomas estables.

Para Graciela, lo que más cambió en estos años no fue solo el cuerpo, sino la manera de atenderse. Empezó a registrar las crisis en un cuaderno, a anotarle al neumonólogo cuándo le dolía más, y se sorprendió al descubrir que los peores meses coincidían casi siempre con una etapa del ciclo. "Ahora le pongo nombre a lo que me pasa -dice-. Ya no es que me ahogo y listo, ahora sé cuándo viene." Eso, coinciden las sociedades científicas internacionales, es el primer paso para mejorar el seguimiento: registrar, preguntar y no conformarse con la respuesta clásica de que el asma es una sola enfermedad.

Lo que Graciela espera, y lo que esperan miles de mujeres en la misma situación, es que la próxima consulta no empiece como hace cuarenta años, con la frase repetida de que se le va a pasar, sino con un plan pensado para su cuerpo y para su historia hormonal. La medicina todavía está ajustando los libros, pero la conversación, al menos, ya empezó.

MM
Marta MansillaSociedad y salud

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