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Ballenas jorobadas en Brasil: la temporada que rompe la pausa del invierno en el litoral

Entre julio y noviembre, estos cetáceos llegan al archipiélago de Abrolhos para reproducirse y dan forma a un circuito turístico que mueve a pueblos chicos del sur de Bahía. Te cuento cuándo ir, dónde embarcarse y cómo es el protocolo para verlas sin molestarlas.

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Andrés AguilarTurismo · 27 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura

Les confieso algo: cada vez que escucho la palabra temporada baja me imagino un pueblo costero medio dormido, con las persianas a medio bajar y los restaurantes esperando que pase el tiempo. Pero en el sur de Bahía la historia es otra. Cuando el verano se va y las playas empiezan a quedar en silencio, llega un visitante de casi cuarenta toneladas que cambia el ánimo de toda la costa: la ballena jorobada. Entre julio y noviembre, estos animales enormes recorren el litoral brasileño para reproducirse y criar en aguas cálidas, y la región se transforma en un escenario que muchos argentinos todavía no conocen.

Un santuario natural en el extremo sur de Bahía

El punto caliente de la actividad está en el archipiélago de Abrolhos, un parque nacional marino que queda a unos 70 kilómetros de la costa, frente al municipio de Caravelas. Es una zona de aguas calmas y poco profundas donde las ballenas encuentran el lugar ideal para aparearse y dar a luz. Como me suele pasar cada vez que investigo un destino así, la sorpresa es que no hace falta irse al Caribe ni al Pacífico: alcanza con cruzar la frontera y manejar unas cuantas horas para estar en uno de los santuarios de cetáceos más importantes del Atlántico Sudoccidental.

Para llegar, la referencia es Caravelas, una ciudad costera pequeña y simpática, a poco más de 1.300 kilómetros de Buenos Aires por ruta. Desde ahí salen las lanchas habilitadas hacia el parque marino, con excursiones que en general cuestan entre 800 y 1.200 reales por persona, según la operadora y la duración de la salida. El paseo suele durar entre cuatro y seis horas, con tiempo para snorkel en los arrecifes cuando el clima acompaña.

El Instituto que trabaja para que la ballena viva valga más que muerta

Detrás de esta temporada ordenada hay un trabajo de muchos años. El Instituto Baleia Jubarte arrancó su tarea en Abrolhos y fue extendiendo su presencia a medida que la población de ballenas creció y se expandió hacia el norte y el sur. Hoy monitorea a los animales en varios puntos entre Bahía y São Paulo, y capacita a los operadores que llevan turistas al agua.

“La ballena viva vale mucho más que muerta. La observación genera valor económico, empleo e ingresos, pero también sensibiliza a las personas. Quienes tienen la oportunidad de ver una ballena suelen salir de esa experiencia convertidos en su protector.”Enrico Marcovaldi, vicepresidente del Instituto Baleia Jubarte

Esa idea me parece clave y la resumo para los que están planeando el viaje: el avistaje no es solo una foto bonita, es una manera de sostener económicamente a pueblos enteros fuera del verano. En Caravelas, el Instituto genera empleo directo y activa hoteles, restaurantes y prestadores de servicios en los meses donde, en otros tiempos, no entraba nadie. Eduardo Camargo, presidente de la organización, lo define como una nueva temporada de turismo, una que llena el calendario en la pausa del año.

Cómo se hace el avistaje sin molestar a los animales

  • Las salidas se hacen en embarcaciones habilitadas y con guías certificados por el Instituto Baleia Jubarte.
  • Hay una distancia mínima obligatoria que las lanchas deben respetar para no invadir el espacio de los animales.
  • Cada grupo tiene un tiempo máximo de permanencia cerca de cada ejemplar, para evitar el estrés.
  • Los operadores reciben capacitación continua en educación ambiental y comportamiento de cetáceos.
  • El monitoreo permanente de la población permite ajustar las zonas y las temporadas de navegación.

Eso último me tranquiliza bastante, porque siempre que se habla de turismo de naturaleza aparece la duda de si el negocio termina dañando lo que muestra. Acá la apuesta es al revés: la observación funciona como incentivo para proteger. Los municipios que viven del avistaje cuidan a las ballenas porque de ellas depende su temporada baja con trabajo.

Consejos prácticos para el viajero argentino

Si están pensando en armar la escapada, les dejo lo básico. La ventana ideal para ver ballenas en Abrolhos va de julio a octubre, con pico en agosto y septiembre, cuando se concentran las madres con crías. El acceso al archipiélago requiere permiso del ICMBio, que se gestiona a través de las operadoras locales; no se puede ir por cuenta propia. Conviene reservar con anticipación, sobre todo en vacaciones de invierno, porque las plazas en las lanchas son limitadas.

Para moverse, la combinación más cómoda es volar a Porto Seguro o Vitória y desde ahí manejar hasta Caravelas. El tramo por tierra lleva unas cuatro o cinco horas desde Porto Seguro, por una ruta en buen estado y con pueblos lindos para parar a almorzar.

Y ya que estamos, les cuento dónde me recomendaron comer en la zona: el restaurante Casa da Esquina, en el centro de Caravelas, es parada casi obligada para quien hace el tour. Sirven moqueca de pescado fresca, con aceite de dendê y un arroz que justifica el viaje. Si llegan con hambre después de horas de navegación, ese plato y una cerveja bien fría les cierran el día a la perfección.

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Andrés AguilarTurismo

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