Bella Ramsey vuelve a la pantalla para darle voz a quienes crecieron entre quimios
Sunny Dancer, lo nuevo de George Jaques, cuenta cómo una chica de diecisiete años intenta reconstruir su vida después de una leucemia, en un campamento en el campo escocés donde la enfermedad no es la única protagonista.

En 2022, cuando todavía resonaba el eco de la primera temporada de The Last of Us, Bella Ramsey se cruzó con un guion muy distinto: el de Sunny Dancer, una película que George Jaques empezó a escribir después de acompañar a su madre mientras ella transitaba un cáncer de mama durante la adolescencia de él. Esa marca familiar es, en buena medida, el motor invisible del filme, que llega ahora a las salas y que tuve la oportunidad de reseñar para este portal con una mezcla de curiosidad y de algo que me costó definir mientras leía el material de producción: una especie de respeto anticipado por lo que estos pibes y pibas se animan a contar.
Una historia que se aleja del estereotipo
Ramsey encarna a Ivy, una chica de diecisiete años que lleva diez meses en remisión tras una leucemia. Sus padres, en un intento bastante torpe de empujarla de vuelta a la vida, la anotan en un campamento de cuatro semanas pensado para adolescentes que atravesaron algún tipo de cáncer. Ella llega con cara larga, sin ganas de compartir fogones ni actividades grupales, y con una armadura de indiferencia que se va a ir agrietando de a poco. A su lado se suman Ruby Stokes como Ella, la compañera de habitación; Daniel Quinn-Toye como Jake, un pibe que carga ataques de pánico como quien carga una mochila demasiado pesada; y Earl Cave como Ralph, que descarga el miedo a través de un humor negro que, si te dejás llevar, te arranca más de una sonrisa incómoda.
La Escocia rural, con sus casitas de piedra, sus colinas verdes y ese aire húmedo que parece meterse en los huesos, funciona casi como un personaje más. Jaques eligió rodar en un entorno natural y luminoso, con una paleta de colores cálidos que contrasta con todo lo que uno imagina cuando piensa en una historia de hospitales y tratamientos. La música de Este Haim y Zachary Dawes, sumada a temas de Scissor Sisters y Goldfrapp, arma una banda sonora que dialoga con las fiestas y los bailes al aire libre, esos momentos en los que los pibes se prueban ropa, se emborrachan un poco y se animan a mirarse a los ojos.
- Sunny Dancer es el segundo largometraje de George Jaques, tras Rebels (2019).
- Jaques es embajador de Teenage Cancer Trust, una organización británica que trabaja con jóvenes oncológicos.
- En el rodaje participaron sobrevivientes de cáncer y hubo terapeutas disponibles para acompañar al elenco.
- La madre del director tuvo cáncer de mama durante la adolescencia de él, experiencia que alimentó el guion.
- El elenco principal se completa con Ruby Stokes, Daniel Quinn-Toye y Earl Cave.
La enfermedad como telón de fondo, no como centro
Algo que me pareció interesante, y que el propio Jaques se encarga de aclarar cada vez que puede, es que Sunny Dancer no es una película sobre el cáncer sino una película sobre pibes y pibas a los que les tocó convivir con la enfermedad. La diferencia es clave: acá la leucemia de Ivy, los ataques de pánico de Jake y el humor ácido de Ralph atraviesan a los personajes, pero no los definen. Lo que manda es el deseo de enamorar a alguien, de encontrar un grupo al que pertenecer, de imaginar un futuro que, hasta hace poco, les estaba vedado. Las escenas en el bosque, las salidas nocturnas y los ensayos de una banda de rock que se forma casi por accidente son el verdadero corazón del relato.
“No la considero una película sobre el cáncer: la enfermedad atraviesa a los personajes, pero sus deseos y relaciones también organizan el relato.”George Jaques
Yo confieso que entré a la nota con cierto recelo, porque el tema cáncer adolescente suele caer en lugares comunes o en un dramón que termina agotando. Pero cuando terminé de leer el material y vi las primeras imágenes, sentí algo parecido a lo que uno siente cuando un amigo te cuenta algo íntimo sin pedirte lástima: un respeto silencioso, casi diría una gratitud. Sunny Dancer no les habla a los pibes desde la lástima, sino desde la convicción de que la vida sigue, con sus verbos nuevos y sus preguntas viejas, después de que la palabra remisión aparece en un informe médico. Y eso, para mí, vale mucho la pena.
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