Domingo, 30 de agosto de 2026
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Voces de Santa Cruz

Bill Gates traza un mapa de los riesgos de la inteligencia artificial: del bioterrorismo al reemplazo masivo de puestos de trabajo

En un ensayo de unas seis mil palabras, el cofundador de Microsoft advierte que la IA puede asistir en la creación de agentes biológicos, sustituir tareas cognitivas en una década y concentrar poder en pocas manos. Propone impuestos a los robots y reservar oficios de cuidado para las personas.

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Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · 30 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura

En el verano de 2024, mientras los laboratorios de todo el mundo celebraban los avances de la inteligencia artificial aplicada al descubrimiento de fármacos, Bill Gates decidió poner sobre la mesa una incomodidad que muchos prefieren mirar hacia un costado. En un ensayo de unas seis mil palabras titulado "The Turbulent AI Era Is Here. The Choices We Make Are Critical", el cofundador de Microsoft recorre tres frentes críticos: el uso malicioso de la IA para fabricar amenazas biológicas, la automatización acelerada de oficios que hasta hace poco parecían intocables y la concentración de poder en manos de Estados y empresas ya dominantes.

La primera advertencia golpea de lleno en el corazón de la promesa médica de la inteligencia artificial. Los mismos sistemas que hoy ayudan a secuenciar proteínas y a diseñar nuevas vacunas también pueden reunir y procesar información vinculada a la fabricación de explosivos, programas maliciosos y agentes biológicos. Gates sostiene que el bioterrorismo asistido por IA es un problema global que ningún país puede resolver de manera aislada, y que la tecnología no hace inevitable una pandemia artificial, pero sí reduce las barreras técnicas que hasta ahora mantenían esa amenaza lejos del alcance de actores con pocos recursos.

Cuando la máquina decide sola

El segundo punto del ensayo se apoya en una observación que cambia el ángulo de la conversación. Hasta ahora, las revoluciones tecnológicas reemplazaron sobre todo trabajo físico: brazos en una línea de montaje, músculos en el campo, repetición en las oficinas. Lo que llega con los sistemas actuales es distinto: la máquina observa, escucha, escribe, programa y resuelve problemas. El derecho, la atención al cliente, la medicina, el desarrollo de software y la manufactura figuran entre los sectores con mayor exposición.

La velocidad del cambio, advierte Gates, tampoco se parece a la de revoluciones anteriores. Mientras la mecanización tardó generaciones en reubicar a los trabajadores que dejaba afuera, esta nueva ola puede completar el reemplazo en el término de una década, un plazo demasiado corto para recapacitar o reconvertir a miles de personas. Para graficarlo, el texto es directo: "Muchos empleos desaparecerán para siempre", afirma.

  • Reservar legalmente oficios vinculados a la salud, el cuidado y el acompañamiento emocional para personas, incluso cuando la tecnología pueda realizarlos.
  • Gravar a robots y sistemas de IA con impuestos comparables a los que pagan los trabajadores humanos.
  • Frenar la concentración de poder en gobiernos y grandes corporaciones que ya dominan el sector.
  • Limitar el uso de herramientas automatizadas de vigilancia y de generación masiva de contenidos para evitar campañas de desinformación cada vez más baratas.
“Los modelos más avanzados ya no solo buscan información: la interpretan, formulan instrucciones y pueden asistir en la ejecución de acciones. Esa autonomía creciente complica la atribución de responsabilidad cuando algo sale mal, ya sea un error de cálculo, un ataque injustificado o víctimas civiles producidas por armas autónomas.”Extracto del ensayo de Bill Gates

Después de leer el texto completo, me quedo con la sensación de estar frente a una carta escrita por alguien que conoce de cerca el poder y, justamente por eso, se anima a ponerle nombre a lo que otros miran con fascinación o con miedo. Gates no escribe desde el pánico ni desde la euforia: escribe desde la experiencia de haber empujado durante décadas una industria que cambió al mundo, y desde la preocupación concreta de que la próxima década sea la más decisiva de las que nos tocaron vivir. La pregunta que deja flotando, y que cada lector llevará a su propia mesa, es si la sociedad será capaz de regular la inteligencia artificial antes de que la inteligencia artificial termine regulando, para bien o para mal, la vida cotidiana de millones.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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