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Caminar, hacer fuerza y no postergar los chequeos: la receta de López Rosetti para llegar bien a los 70

El cardiólogo clínico Daniel López Rosetti repasó las claves para preservar la autonomía con el paso de los años: ejercicio aeróbico, entrenamiento muscular, controles cardiovasculares y, sobre todo, vínculos y buena audición para mantener el cerebro activo.

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Marta MansillaSociedad y salud · 23 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Lo conozco a Daniel López Rosetti de escucharlo durante años en programas de divulgación y en su práctica clínica, así que cuando me propuso ordenar su mensaje sobre cómo envejecer sin perder independencia, me imaginé la escena más cotidiana posible: una sala de espera de un consultorio de calle cualquiera, con un dispenser de agua que gotea y una señora leyendo una revista de crucigramas mientras espera su turno. Es ese tipo de lugar donde uno termina hablando de lo que le pasa con el cuerpo, porque la conversación empieza sola, como empieza en los pasillos de los centros de salud de cualquier barrio.

Para el médico clínico y cardiólogo, el punto de partida es bien terrenal: una caminata con amigos, una actividad en el club barrial o un grupo de baile pueden ser el empujón inicial para sumar movimiento a la rutina. La idea, me dijo, es elegir actividades que resulten agradables y arrancar con una exigencia acorde con las posibilidades de cada uno, porque la meta de fondo es conservar la capacidad de desenvolverse de manera independiente a lo largo de los años.

Caminatas: 150 minutos por semana, repartidos y a ritmo de conversación

A la hora de organizar la rutina, López Rosetti recomienda sumar 150 minutos de caminata rápida por semana. Una distribución posible, según me explicó, es dedicarle media hora durante cinco días. Como referencia para medir el ritmo, dijo algo simple y útil: el ejercicio debe permitir conversar sin quedarse sin aire. También desaconsejó concentrar todo el esfuerzo semanal en una única jornada, una costumbre bastante frecuente en la gente que solo camina los domingos y queda exhausta.

Fuerza dos o tres veces por semana, incluso en el living de casa

  • Ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana, complementando las caminatas.
  • Opciones accesibles para hacer en casa: levantarse de una silla y volver a sentarse, flexiones contra una pared, uso de bandas elásticas y cargas livianas.
  • En personas mayores, el entrenamiento muscular se vincula con el tono muscular, el equilibrio y la autonomía para las tareas cotidianas.

La progresión, insistió, debe ser gradual. Si durante la actividad aparecen mareos, dolor de pecho, palpitaciones o una falta de aire inhabitual, lo correcto es detenerse y consultar al médico. También señaló que la dificultad para respirar en las tareas habituales, como subir dos tramos de escalera sin motivo aparente, merece una evaluación profesional y no un autodiagnóstico desde el living.

Chequeos, arterias sanas y dos orejas que funcionen bien

Estas prácticas no funcionan aisladas, me advirtió el especialista. El cuidado integral incluye controlar la presión arterial, la diabetes, el colesterol y otros lípidos, atender los casos de obesidad y dejar el cigarrillo. La razón que dio es clara y la repitió varias veces: tanto el cerebro como el corazón necesitan el oxígeno y los nutrientes que llegan por la sangre, por eso proteger las arterias resulta central para ambos órganos. A ese esquema sumó el descanso, una alimentación de tipo mediterráneo con verduras, frutas y legumbres, la reducción del consumo excesivo de alcohol y la consulta oportuna ante cuadros depresivos.

Dentro de ese mapa, López Rosetti puso el acento en un punto que suele quedar relegado: la pérdida auditiva. Explicó que escuchar mal impacta de lleno en la comunicación y en el contacto con otras personas, y que ese aislamiento, con el tiempo, pesa sobre la salud del cerebro. Por eso, atender los problemas de audición y mantener vida social activa forman parte, en su mirada, del mismo paquete de cuidar el corazón y la cabeza a la vez.

Mientras terminábamos la charla en aquel consultorio imaginario, pensé en Horacio, el vecino del segundo piso del edificio de al lado, que tiene 63 años, camina media hora todas las mañanas con su mujer y después se sienta en la plaza a tomar mate con los amigos del barrio. Horacio me dijo el otro día que lo que más le importa de acá en adelante es no depender de nadie para subir las bolsas del supermercado y poder seguir viajando a ver a los nietos. Esa, y no otra, es la autonomía que López Rosetti dice que se entrena: la de los años que vienen, la de seguir eligiendo cómo vivirlos.

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Marta MansillaSociedad y salud

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