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Cecilia Garraffo, la científica de Belgrano que comanda un instituto en Harvard y dice que la vida en el Universo es, estadísticamente, lo esperable

Dejó Actuario en La Plata, se cambió por Astronomía tras leer a Hawking y ver Contacto, y hoy dirige el Instituto AstroAI en el Centro de Astrofísica de Harvard y Smithsonian. En una charla en el ITBA, contó cómo la inteligencia artificial ya permite buscar patrones que nadie sabía que existían en la inmensidad de los datos que generan los telescopios modernos.

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Marta MansillaSociedad y salud · 5 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Imaginate por un momento una sala de espera del ITBA, en el barrio porteño de Puerto Madero, con las sillas repletas de estudiantes, investigadores curiosos y periodistas que esta semana se acercaron hasta allí para escuchar a una científica que creció a pocas paradas de subte, en Belgrano, y que hoy comanda uno de los laboratorios más singulares del mundo. La invité mentalmente a sentarse conmigo mientras repasaba su historia, porque la suya es la de alguien que supo reinventarse a tiempo, y eso, a los 40 o 50 años, cuando uno mira para atrás y evalúa los rumbos tomados, suele decir mucho más que cualquier currículum.

Se llama Cecilia Garraffo, estudió en la Universidad Nacional de La Plata, hizo el doctorado en Física en la UBA y completó dos posdoctorados en Estados Unidos, uno en astrofísica computacional y otro en inteligencia artificial. Hoy dirige el Instituto AstroAI, que funciona dentro del Centro de Astrofísica de Harvard y Smithsonian, y en 2025 recibió el Premio Presidencial a la Trayectoria Temprana para Científicos e Ingenieros, la distinción más alta que el gobierno de Estados Unidos otorga a profesionales en las primeras etapas de su carrera. Cuando uno mira esa trayectoria, parece un camino siempre decidido, pero no lo fue: terminado el secundario se inscribió en Actuario porque se le daba bien la matemática y llegó hasta tercer año, hasta que la lectura de los libros de Stephen Hawking y el impacto de la película Contacto la empujaron a cambiarse de carrera. Se pasó a Astronomía y, según contó ella misma, no volvió a dudar.

Una pregunta grande, respondida con

Lejos de las elucubraciones propias de la ciencia ficción, Garraffo eligió responder la pregunta más grande de la astronomía con un argumento que, en su boca, suena casi doméstico: Pienso que hay vida en otros lugares del Universo. No puedo probarlo. Pero es una cuestión estadística. Lo raro sería que no hubiera más vida que la que conocemos. La aclaración es importante, porque ella no habla necesariamente de civilizaciones inteligentes ni de platillos voladores, sino de cualquier forma de vida, desde una bacteria hasta un virus, y advierte que las distancias en el universo hacen poco probable cualquier tipo de comunicación, incluso si existiera vida inteligente. Esa prudencia, en una científica que podría permitirse soñar en voz alta, dice mucho de cómo trabaja el campo.

Inteligencia artificial propia para encontrar lo que nadie busca

El instituto que dirige Garraffo trabaja con modelos propios de inteligencia artificial, sin depender de las herramientas comerciales que copan el debate público. La particularidad de esos sistemas, según explicó, no es solo la velocidad con la que procesan datos, sino una capacidad que hasta hace poco sonaba a wishful thinking: Podemos intencionalmente buscar patrones que no conocemos ni sabemos que están ahí. El contexto lo da el Observatorio Vera Rubin, en Chile, que en una sola jornada de observación produce la misma cantidad de datos que todo lo acumulado a lo largo de la historia de la astronomía. Procesar ese torrente sin inteligencia artificial, me dijo, sería directamente imposible.

  • El Instituto AstroAI funciona dentro del Centro de Astrofísica de Harvard y Smithsonian y es dirigido por la argentina Cecilia Garraffo.
  • Trabaja con modelos propios de inteligencia artificial, desarrollados internamente, sin depender de herramientas comerciales.
  • Su objetivo es encontrar patrones desconocidos en los datos que generan telescopios como el Observatorio Vera Rubin, en Chile.
  • Para detectar vida analiza biosignaturas, señales químicas que podrían indicar actividad biológica en otros planetas.
  • Entre las moléculas candidatas figura el oxígeno, aunque medirlo en atmósferas lejanas sigue siendo técnicamente difícil con los instrumentos actuales.

Lo que viene, según una científica que volvió para contar

Cerré la nota imaginando a una Cecilia Garraffo volviendo a su barrio de la infancia con la misma mochila con la que se fue, y la imaginé también cruzándose con Jorge, un vecino de 52 años que probablemente leyó la noticia mientras tomaba mate, se encogió de hombros y pensó, como hacemos muchos, que mientras la ciencia no traiga pruebas concretas todo es teoría. Lo que espero, me digo, es que la próxima vez que Jorge escuche la palabra inteligencia artificial no piense en una amenaza que viene a quitar empleos, sino en una herramienta que está ayudando a una argentina criada a la vuelta de su casa a responder una de las preguntas más viejas de la humanidad. Si la vida en el universo es estadísticamente esperable, como asegura Garraffo, entonces lo verdaderamente raro sería que no nos hubiéramos animado siquiera a buscarla.

MM
Marta MansillaSociedad y salud

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