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Chequeos que no se ven a simple vista: por qué el cuerpo puede estar avisando en silencio

Aunque no haya síntomas, la presión, el azúcar en sangre y otros marcadores pueden alterarse durante años sin dar señales. Especialistas recomiendan rutinas de control que cambian con la edad, los antecedentes y la etapa de vida.

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Marta MansillaSociedad y salud · · 4 min de lectura
Chequeos que no se ven a simple vista: por qué el cuerpo puede estar avisando en silencio

Lo primero que uno nota al cruzar la puerta del consultorio es ese olor a limpio que mezcla alcohol con papel de camilla. Afuera, en la sala de espera, Jorge tiene 52 años, trabaja como administrativo en una empresa de logística y reconoce, mientras hojea una revista atrasada, que hace más de cuatro años que no se hace un análisis de sangre. Me cuenta que se siente bien, que no le duele nada y que por eso fue postergando turno tras turno. Es una escena que se repite en muchísimos consultorios del país, sobre todo entre varones de entre 40 y 60 años que suelen atenderse solo cuando algo falla. Y ahí está, justamente, el punto que los médicos intentan destrabar cada vez que pueden: la ausencia de síntomas no equivale a un estado de salud sin riesgos.

Lo que se mide cuando uno se siente bien

Hay condiciones que avanzan durante años sin dar señales evidentes. La hipertensión arterial es una de las más claras: puede estar instalada y, aun así, no provocar molestias hasta que aparece una complicación. Algo similar ocurre con ciertos valores alterados en sangre, como la glucosa o el colesterol, que se modifican de manera silenciosa y van dejando huella en riñones, hígado y arterias. Los controles médicos periódicos existen precisamente para detectar esos factores antes de que deriven en problemas mayores. En una visita preventiva, el equipo de atención primaria puede registrar peso, talla, presión arterial, frecuencia cardíaca y función respiratoria, además de evaluar ojos, oídos, piel y mucosas. Con esa información, el profesional decide qué estudios corresponden según la edad, el sexo y el historial clínico de cada paciente.

Qué se analiza en sangre y por qué importa

  • Función renal y hepática, para ver cómo están trabajando los riñones y el hígado.
  • Niveles asociados con diabetes y riesgo cardiovascular, como la glucosa y los lípidos en sangre.
  • Presencia de anemia o procesos inflamatorios, que pueden pasar inadvertidos sin un análisis.
  • Marcadores que el profesional solicita según la consulta clínica individual, ya que la indicación no es la misma para todas las personas.

Los antecedentes familiares también pesan, y mucho. Si en la familia directa hubo enfermedades cardíacas, diabetes o determinados tipos de cáncer, es posible que los controles deban comenzar antes o repetirse con mayor frecuencia. Michelle Spencer, enfermera especializada certificada de la Universidad de Utah, señaló que los cuidados preventivos contemplan el historial médico, los antecedentes familiares y el estado presente de salud para definir un plan individual. Esa mirada a medida es la que permite ajustar los estudios a la realidad de cada paciente, en lugar de aplicar una receta única.

Cómo cambian los chequeos con los años

La frecuencia de los controles varía según la etapa de vida. Entre los 20 y los 30 años, una persona sana sin antecedentes puede requerir un chequeo cada uno a tres años. A partir de los 40, las recomendaciones suelen orientarse hacia controles anuales, porque es la franja en la que empiezan a aparecer con más frecuencia alteraciones silenciosas como la hipertensión o la glucemia elevada. Entre los 45 y los 75 años, los especialistas recomiendan incorporar la detección de cáncer colorrectal; la colonoscopia cada diez años es una de las alternativas habituales, aunque los antecedentes familiares pueden adelantar ese inicio. Desde los 50 hasta los 59, los chequeos anuales son frecuentes, sobre todo para sostener el seguimiento de la presión arterial, el peso y los valores en sangre.

Durante el embarazo, las consultas prenatales regulares permiten detectar complicaciones como preeclampsia, diabetes gestacional, problemas de crecimiento fetal o infecciones que pueden tratarse a tiempo si se las identifica en los controles de rutina. También existen esquemas específicos para personas con enfermedades crónicas, como diabetes o problemas cardíacos, donde la periodicidad de los estudios suele ser más estricta. Jorge, antes de pasar al consultorio, me dijo que lo que terminó de convencerlo fue ver a un compañero de trabajo terminar internado por una descompensación que, según le contaron los médicos, venía cocinándose hacía rato sin dar síntomas. Ahora espera, sentado en la sala, que le expliquen qué le toca controlarse y cada cuánto volver. Esa, dicen los profesionales, es la mejor noticia del consultorio: un paciente que vuelve.

MM
Marta MansillaSociedad y salud

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