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Martes, 29 de septiembre de 2026
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Voces de Santa Cruz

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Cuando el consultorio se muda al streaming: la sesión de Gabriel Rolón con el equipo de Otro día perdido

La visita del psicoanalista al ciclo de Mario Pergolini se transformó en una catarsis humorística en la que Evelyn Botto y Soy Rada aprovecharon el sillón del invitado para desahogar, entre risas, viejos roces con el conductor. Confusiones de nombres, unfollows y besos que no llegan, todo bajo la mirada clínica y cómplice de Rolón.

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Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · · 4 min de lectura
Cuando el consultorio se muda al streaming: la sesión de Gabriel Rolón con el equipo de Otro día perdido

Arrancamos por un dato que no es menor y que a mí, como cronista de estas cosas de la cultura popular, siempre me gusta rescatar: en 2024, cuando los formatos de streaming ya masticaban la pantalla chica como si fuera pochoclo en plena función, el psicoanalista Gabriel Rolón volvió a sentarse frente a un conductor que no era Pergolini, pero esta vez la cita tenía otro color, porque el sillón del living de Otro día perdido se convirtió en un consultorio de terapia grupal con público incluido. Lo que tenía que ser una entrevista derivó —bendita palabra— en un intercambio de reclamos cruzados entre Evelyn Botto, Agustín Aristarán, más conocido como Soy Rada, y el mismísimo Mario Pergolini, con Rolón como ese tercero que escucha, pregunta y, de vez en cuando, tira una frase que destapa el inconsciente de cualquier equipo de trabajo.

Porque la escena arrancó con una pavada, como suelen arrancar las cosas grandes: Aristarán le ofreció a Rolón ubicarse entre él y Botto, y esa distribución de butacas —simple, casi inocente— fue la mecha que encendió el juego. Pergolini preguntó por qué había quedado arrinconado en una punta, y a partir de ahí la cosa se desgranó como un rosario de quejas laborales contadas con buena leche y con la risa como escudo, que es algo que los argentinos conocemos bien desde aquellos almuerzos familiares de domingo en los que alguien siempre termina diciendo algo que no debía.

Botto, Aristarán y los reclamos al jefe

Evelyn Botto tomó la palabra y llevó la conversación hacia el lugar que más le dolía —o que más le divertía—: su pertenencia al grupo. Preguntó, con tono entre pícaro y herido, cuánto tiempo iban a seguir tratándola como la nueva después de un año de compartir programa. Como si fuera poco, agregó que Pergolini a veces la llama Layla, y el conductor ensayó una defensa con perfil bajo —que tiene dificultades para retener nombres, dijo—, pero ella la rechazó con una mirada que en la pantalla se veía tan claro como un penal a favor de River en el Monumental.

La locutora también deslizó otro detalle que parece menor y que en cualquier oficina porteña hubiera generado un silencio incómodo: dijo que su compañero no acostumbra saludarla con un beso, ese gesto tan nuestro, tan de acá, que sigue funcionando como medidor de confianza. Y Rolón, fiel a su estilo, terció con elegancia: explicó que las personas tienen distintas formas de vincularse y de expresar el afecto, y de paso aclaró que Soy Rada tampoco era adepto al beso rutinario, como si le pasara la pelota al compañero para que se sumara al inventario de reclamos.

El unfollow, esa pequeña herida del siglo XXI

  • Aristarán contó que Pergolini había dejado de seguirlo en Instagram y que, además del daño virtual, le había anunciado la decisión en persona, como quien te avisa que te baja el sueldo mirando fijo a los ojos.
  • Para el humorista, que el conductor figurara entre sus seguidores tenía un valor casi simbólico: le servía como carta de presentación frente a otros y le daba un aire de pertenencia a un círculo que él sentía como un ascenso.
  • Pergolini justificó el unfollow con una razón bien terrenal: las actualizaciones frecuentes de su compañero le resultaban aburridas, una sinceridad que en otro contexto sería una declaración de guerra.
  • Soy Rada le retrucó con lógica de manual: si le molestaba el contenido, podía silenciar la cuenta, que para eso existen los botones, en lugar de cortar el lazo digital con tanta publicidad.
  • Rolón, mientras tanto, observó con su tono de psicoanalista curtido que dejar de seguir a alguien en una red social también puede leerse como un mensaje sobre la relación entre ambos, y dejó flotando la pregunta en el aire del estudio.

Más adelante, ya con la sesión encaminada, Pergolini quiso volver al redil del conductor y consultó, casi como para chequear el manual, si una terapia grupal persigue que todos se lleven bien. Rolón le contestó, con esa paciencia que tienen los que escuchan problemas ajenos todo el día, que el objetivo depende del grupo y de sus circunstancias, y le preguntó si se trataba de compañeros que debían seguir trabajando juntos. La pregunta, claro, era retórica: el equipo de Otro día perdido se sigue viendo las caras cada semana, con o sin beso, con o sin seguidores en común.

El cierre volvió a caer en manos de Aristarán, que redobló la apuesta con otro reclamo en tono de broma sobre el trato que recibía y sobre las propuestas laborales que le caían, mientras Pergolini, con la paciencia justa, dio por terminada la dinámica y recuperó el micrófono para retomar la entrevista original. Y yo, que miraba la escena desde el otro lado de la pantalla con un café de por medio, no pude menos que pensar que en el fondo todos estamos haciendo terapia cada vez que nos sentamos frente a un compañero de laburo: la diferencia es que algunos tienen la suerte de hacerlo con público, con cámara y con un psicoanalista que avala el chiste. ¿Qué lugar tiene entonces el humor en la convivencia laboral? Para mí, el lugar de un salvavidas disfrazado de bermuda.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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