Cuando el corazón avisa sin dolor de pecho: las señales que muchas mujeres atribuyen al estrés o a la menopausia
Una cardióloga del Hospital London Bridge repasó los síntomas cardíacos que suelen pasar inadvertidos en mujeres, desde un cansancio que aparece al subir escaleras hasta una indigestión a las tres de la mañana. Claves para distinguir cuándo molesta el corazón y por qué después de la menopausia conviene revisar presión y colesterol con más frecuencia.

Me lo imagino perfectamente: una sala de espera cualquiera de un consultorio cardiológico porteño, pasadas las seis de la tarde, con una señora de 52 años que todavía lleva el delantal del trabajo colgado en el bolso. Ella está ahí porque la hija insistió, no porque le duela el pecho, que es lo que una siempre imagina cuando piensa en el corazón. Le duelen los brazos al subir al colectivo, se agota haciendo la cama y lleva meses con una acidez que no se va con nada. Le dije que me lo imagino porque, después de leer con detenimiento las recomendaciones de la cardióloga Shrilla Banerjee, consultora del Hospital London Bridge, entendí que esa mujer existe en miles de casas argentinas y que, probablemente, todavía no le dio importancia.
La regla que cambia todo: si aparece con el esfuerzo, hay que prestarle atención
Lo primero que me quedó dando vueltas de la charla con Banerjee es una idea simple y, al mismo tiempo, poderosa: el dolor de pecho no es la única señal de alerta, ni siquiera la más frecuente en las mujeres. Lo que la especialista británica repite en cada consulta, y que reproduce el material que tuve sobre mi escritorio, es que hay que observar cuándo aparecen los síntomas. Si un cansancio inhabitual, una molestia en la mandíbula, un dolor en el cuello o en uno o ambos brazos se presentan reiteradamente durante el esfuerzo físico, sin una explicación evidente, el corazón puede estar pidiendo ayuda a su manera, en silencio, sin dar el aviso clásico que todos conocemos.
La explicación que dio la cardióloga me pareció de esas que vale la pena repetir para que se entienda por qué una molestia en el hombro puede tener origen cardíaco. Cuando el músculo del corazón recibe menos oxígeno del que necesita, las vías del dolor confluyen en la médula espinal con las que vienen de otras regiones del cuerpo, como la mandíbula, el cuello, los hombros, la espalda o los brazos. Por eso el cerebro, que recibe el aviso por esos nervios compartidos, registra la molestia lejos del pecho. Es un cruce de señales que confunde, sobre todo a quienes están acostumbradas a aguantar y a restarle importancia a lo que les pasa.
Indigestión a las tres de la mañana: cuando el estómago miente
Hay un caso que Banerjee cuenta y que me pareció importante reproducir, porque cualquiera puede reconocerlo en una conocida, en una vecina o en una misma. Describe a una paciente que llegaba a la consulta con episodios repetidos de eructos y malestar digestivo, sobre todo de madrugada, en horarios que no tenían relación con las comidas. Esa mujer terminó necesitándose stents por una enfermedad coronaria grave, que se descubrió nada menos que en un angiograma. La recomendación concreta de la cardióloga es clara: cuando la acidez o la indigestión aparecen sin vínculo claro con lo que se comió, o en horarios atípicos como la madrugada, conviene consultar. El cuerpo, a veces, se queja por otro lado del que uno cree.
Señales de urgencia: cuándo no alcanza con pedir un turno
Ahora bien, no todas las situaciones dan para esperar un turno programado. La propia Banerjee marcó un umbral que, a mi entender, cualquier persona tendría que tener grabado: si los sudores fríos, las náuseas, los mareos o una sensación de pánico vienen acompañados de dolor o de molestia en el pecho, hay que ir directamente a una guardia. Y hay otro detalle que me llamó la atención porque derriba un mito muy arraigado: el dolor cardíaco no siempre se siente como una presión aplastante en el centro del pecho. También puede manifestarse como punzadas o como pellizcos, y esa variedad de formas es una de las razones por las que cuesta identificarlo a tiempo.
- Molestias en mandíbula, cuello, hombros, espalda o brazos que se repiten al hacer esfuerzo, sin dolor de pecho evidente.
- Acidez o indigestión que aparece de madrugada o sin relación con las comidas.
- Dolor en el pecho acompañado de sudores fríos, náuseas, mareos o sensación de pánico: en este caso, la guardia es la opción.
- Sensación cardíaca que se presenta como punzadas o pellizcos, y no solo como la presión clásica.
- Cansancio intenso frente a actividades cotidianas que antes se toleraban sin problema, como subir escaleras o tender la cama.
Después de la menopausia: el corazón cambia de reglas de juego
Hay un punto que me parece clave para las lectoras que estén transitando esa etapa o que tengan a alguien cercana transitándola. La cardióloga advirtió que, una vez llegada la menopausia, el riesgo cardiovascular de las mujeres aumenta de manera sostenida, y la razón tiene nombre propio: la caída de los estrógenos. Esa modificación hormonal se asocia con cambios en la presión arterial, con alteraciones en los valores de colesterol y con una mayor acumulación de grasa en la zona abdominal. A eso se le suma un problema extra, y es que muchos de los síntomas cardíacos se confunden con los malestares típicos de la menopausia, como los sofocos, el cansancio o los trastornos del sueño. La consecuencia práctica es demoledora: las consultas se demoran, los diagnósticos se atrasan y el corazón pierde tiempo.
Me gusta cerrar estas notas con una imagen concreta, porque siento que ayuda a que lo leído se quede dando vueltas un rato más. Pienso en Adriana, 54 años, vecina de cualquier barrio de Buenos Aires, que la semana que viene va a cumplir años y que en su casa ya nadie se asusta cuando dice que está cansada. Adriana es de las que atribuye el agotamiento a los años, la acidez al mate de las diez de la noche y el dolor del brazo izquierdo a haber dormido mal. Lo que me imagino, después de recorrer esta nota, es a Adriana sacando turno para un control de presión y de colesterol, y comentándole a su médica de cabecera algo que antes hubiera guardado para sí: que la semana pasada, al subir las escaleras del segundo piso, tuvo que pararse dos veces. Lo que ella espera, en el fondo, es que alguien le diga que hizo bien en contarlo.
Para eso sirve esta nota: para que cada vez más mujeres, y también quienes las rodean, sepan que un corazón que avisa no siempre lo hace con la señal que aprendimos a reconocer en las películas. A veces avisa con un brazo que duele al tender la cama, con una indigestión de madrugada o con un cansancio que ya no se explica con un mal día. Prestarle atención a la repetición, al esfuerzo que las desencadena y a la combinación con otros síntomas puede marcar la diferencia entre un susto a tiempo y una consulta que llega tarde.
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