Cuándo el cuerpo pide a gritos una consulta al cardiólogo: las señales que un especialista de Cleveland no pasa por alto
El cardiólogo Ben Alencherry repasó los síntomas que merecen evaluación inmediata, desde el dolor de pecho sin causa aparente hasta el desmayo ligado al esfuerzo, y explicó por qué los antecedentes familiares pueden anticipar un diagnóstico aun sin molestias

Me llegó a la redacción la advertencia del cardiólogo Ben Alencherry, de la Cleveland Clinic, y mientras la leía no pude dejar de pensar en la sala de espera del consultorio de la calle Montiel, donde ayer una vecina, Irma, de 54, me contaba que llevaba meses cansándose al subir las dos cuadras que separan su casa del almacén y que lo daba por normal, por la edad, por el verano, por todo menos por el corazón. La escuché y pensé que justamente de eso se trata: de no dar por normales las señales que el cuerpo manda cuando algo no anda bien, y de saber cuáles de esas señales ameritan colgar el teléfono y pedir un turno.
Dolor de pecho y desmayo con esfuerzo: dos motivos para no esperar
Para el especialista de Cleveland Clinic hay dos situaciones que deberían disparar la consulta sin demoras: un dolor de pecho que aparece sin una causa clara que lo explique, y un desmayo que sobreviene durante el ejercicio o poco después de terminarlo. En ese segundo caso, la recomendación es directa y sin vueltas: suspender los esfuerzos físicos hasta conocer el motivo del desmayo, porque detrás puede haber una causa cardíaca que necesita estudio.
Falta de aire, palpitaciones y fatiga: cuando algo cotidiano empieza a costar
Hay otros cambios más paulatinos que también funcionan como alerta. Uno de los más elocuentes, según describió el cardiólogo, es que empiece a costar una actividad que antes se hacía sin dificultad: quedarse sin aire al caminar unas cuadras, al subir una escalera o al cargar las bolsas del súper. Cuando eso representa un cambio inesperado o se sostiene en el tiempo, deja de ser una molestia menor y pasa a ser un motivo de consulta. Algo similar ocurre con el cansancio persistente, sobre todo cuando se combina con dificultad para respirar: se diferencia del agotamiento de un día agitado porque no se va con el descanso.
Otro signo al que Alencherry le dio entidad propia es la percepción del corazón acelerado, con palpitaciones fuertes o con un ritmo desparejo. Esas palpitaciones pueden tener causas variadas y, en algunos casos, responder a una arritmia. El especialista puso el acento en que su importancia crece cuando obligan a interrumpir lo que se está haciendo o cuando aparecen junto con falta de aire y una fatiga que pesa.
La miocardiopatía hipertrófica y el peso de los antecedentes familiares
Detrás de varias de estas señales puede esconderse la miocardiopatía hipertrófica, una enfermedad que puede pasar años inadvertida. El cardiólogo aclaró que ningún síntoma aislado alcanza para identificarla: el dolor torácico, por ejemplo, también puede aparecer en un infarto o en otras afecciones del corazón. Por eso, para establecer qué ocurre, los profesionales cruzan los estudios con la historia clínica de cada persona, y ahí los antecedentes familiares tienen un lugar central, ya que suele presentarse en integrantes de una misma familia. Una evaluación motivada por esos antecedentes puede permitir detectarla aun cuando no haya síntomas, algo que sucede en la variante no obstructiva de la enfermedad.
Mareos y sensación de desvanecimiento
La sensación de desvanecimiento también entra en el listado de motivos para consultar. Puede incluir debilidad, náuseas, sudoración o alteraciones visuales, y Alencherry la vinculó, cuando aparece con el esfuerzo, con la variante obstructiva de la enfermedad, en la que el músculo engrosado del corazón dificulta que la sangre salga del ventriculo.
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