Martes, 8 de septiembre de 2026
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Voces de Santa Cruz

David Heyman y el regreso de Harry Potter a la pantalla: la serie de HBO se propone recuperar lo que las películas no pudieron contar

El productor que estuvo detrás de los ocho filmes originales de la saga participó del podcast “Harry Potter: From Film to Series” y explicó por qué el formato televisivo le abre una puerta que el cine le dejó cerrada: más tiempo para respirar los personajes y dejar que el público conviva con sus emociones. La primera temporada se estrena el 25 de diciembre y la segunda ya está en marcha con nuevas incorporaciones.

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Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · 8 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Hubo una vez, en el otoño boreal de 2001, una sala de cine en la que miles de chicos argentinos se sentaron por primera vez frente a una pantalla enorme para ver a un chico de once años con anteojos redondos y una cicatriz en la frente descubrir que era mago. Era el comienzo de Harry Potter y la piedra filosofal, la película que dirigió Chris Columbus y produjo, entre otros, un tal David Heyman, un nombre que durante la década siguiente quedó pegado a cada estreno de la saga: ocho filmes entre 2001 y 2011, casi una década de nuestra vida de espectadores (perdón, se me fue un tic de teclado: quería decir “acompañada”). Veinticuatro años después de aquella primera función, Heyman vuelve a aparecer vinculado al universo potteriano, pero esta vez del otro lado del mostrador: como productor de la nueva serie de HBO que adapta los libros de J.K. Rowling a razón de una temporada por título.

La primera temporada, basada en “La piedra filosofal”, se estrena el 25 de diciembre y ya tiene segunda temporada en plena producción, con un reparto completamente renovado. Lo que llama la atención no es la noticia en sí —que Hogwarts vuelva a nuestras pantallas con caras nuevas— sino la explicación que dio el propio Heyman en el podcast “Harry Potter: From Film to Series” sobre por qué este regreso tiene sentido narrativo. Y esa explicación, créanme, tiene más densidad de la que parece a primera vista.

Más tiempo, más aire para los personajes

“Estoy muy orgulloso de las películas, pero creo que tener más tiempo te permite profundizar en los personajes y sentir con mayor intensidad lo que ellos sienten”, declaró Heyman en la charla. Y agregó, con una frase que a mí, como lectora serial de la saga, me hizo ruido: “Y puedes convivir con esa sensación, algo que no ocurría con las películas, que, al condensarse en un margen de tiempo más corto, siempre tenían dificultades con la narrativa.”

Lo que el productor está diciendo, traducido al castellano de los domingos, es algo bastante simple pero importante: una película de dos horas y monedas te obliga a recortar. Y cuando recortás una historia como la de Harry Potter, donde lo que más importa no son los hechizos sino las emociones de un nene huérfano que descubre que existe otro mundo posible, lo que se pierde no es trama: se pierde aire. Se pierde la posibilidad de que el espectador se siente un rato largo con la tristeza de Harry en la casa de los Dursley, o con la vergüenza de Ron por no poder comprarse una varita en Ollivanders, o con la bronca silenciosa de Hermione cuando un profesor le dice que es “insoportable” en lugar de decirle brillante.

“Estoy muy orgulloso de las películas, pero tener más tiempo te permite profundizar en los personajes y sentir con mayor intensidad lo que ellos sienten. Y puedes convivir con esa sensación, algo que no ocurría con las películas.”David Heyman, productor de la saga original y de la nueva serie de HBO

Lo que las películas dejaron afuera

Heyman puso tres ejemplos concretos que a mí me dejaron pensando un buen rato, porque son justamente los tres ejes emocionales que uno, como lector adolescente, sintió con más fuerza en los libros y que después, en el cine, aparecieron algo atropellados. Los enumero porque creo que vale la pena tenerlos presentes de cara al estreno:

  • La llegada de Harry a Hogwarts y todo lo que implica descubrir ese mundo por primera vez: la sensación de agobio al cruzar el lago en las barcazas, la soledad de ser el famoso “niño que sobrevivió” sin tener a nadie con quien hablarlo, la presión de cargar con una fama que él no buscó. Son minutos de lectura en los que Rowling se detiene, y que las películas apenas sugieren.
  • La lucha interna de Hermione por encajar siendo tan inteligente en un mundo donde ser “la chica que sabe todo” no siempre es un regalo. La serie, dijo Heyman, podrá mostrar mejor esa tensión entre brillar y pertenecer, que es un tema muy de los doce años.
  • El complejo de inferioridad de Ron frente a su familia, sobre todo en relación con sus hermanos mayores. Es un detalle chico en apariencia pero enorme en la construcción del personaje, y que en los filmes quedó casi siempre en segundo plano.

Un reparto nuevo y un regreso familiar

La segunda temporada, que ya está en marcha, sumó varias caras nuevas que vale la pena anotar porque van a empezar a sonar fuerte en los próximos meses. Entre las incorporaciones más comentadas están Billy Barratt como Tom Riddle —el joven villano que todavía no es Lord Voldemort pero ya tiene la mirada de alguien que va a serlo—, Lenny Rush como Dobby —el elfo doméstico que en los libros se ganó un cariño enorme del público— y Bonnie Hill como Ginny Weasley, el personaje que en las películas quedó algo desaprovechado y que en los libros tiene un arco propio importantísimo. Y hay un regreso que a los fans más veteranos les va a sacar una sonrisa: Warwick Davis, el actor que interpretó al profesor Flitwick y al goblin Griphook en las películas originales, vuelve a estar vinculado al proyecto.

Yo, que tengo en la mesa de luz una edición bastante gastada de “La piedra filosofal” que compré allá por 1999 en una librería de la calle Corrientes, confieso que recibí esta noticia con una mezcla de curiosidad y de esa desconfianza sana que uno tiene cuando tocan algo que quiere mucho. Pero después de escuchar a Heyman hablar, me quedé pensando que tal vez —y digo tal vez, no me apuren— este sea el momento de ver en pantalla, con tiempo y con aire, esas escenas que uno leyó de chico y que todavía recuerda con una claridad que asusta: el primer tren a Hogwarts, el sombrero seleccionador, el pasillo de las movidas escaleras. Si la serie logra que un nene de once años que la vea por primera vez sienta aunque sea una parte de lo que yo sentí al leerlas, el experimento va a haber valido la pena. El 25 de diciembre, sabremos.

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Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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