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Jueves, 15 de octubre de 2026
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Voces de Santa Cruz

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De la pantalla al desierto: Steven Seagal se calzó el uniforme y se fue a cuidar la frontera de Texas

El actor de los noventa dejó los sets de filmación para sumarse a operativos de seguridad en el condado de Hudspeth, donde las autoridades locales confirmaron que su trabajo fue concreto y supervisado, lejos de cualquier puesta en escena.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · · 3 min de lectura
De la pantalla al desierto: Steven Seagal se calzó el uniforme y se fue a cuidar la frontera de Texas

Corría 1992 cuando Steven Seagal se consagró como una de las caras más reconocibles del cine de acción con Hard to Kill y Under Siege, dos títulos que lo tenían en la cima de Hollywood y en la tapa de todas las revistas de kiosco. Casi tres décadas después, la postal es muy distinta: en lugar de luces y cámaras, se lo vio en uniformes de operativo, recorriendo los polvorientos caminos del condado de Hudspeth, en el extremo oeste de Texas, pegado a la frontera con México.

Un que arrancó lejos de Hollywood

La historia empieza por el lado menos conocido del hombre que se formó en los dojos japoneses. A los cinco años, cuenta la ficha biográfica que se difundió en los últimos años, presenció una exhibición de artes marciales que le cambió la vida; a los 17 se subió solo a un avión hacia Japón, sin hablar el idioma y sin un solo contacto previo, decidido a entrenarse con los maestros locales. De ese paso le quedó un cinturón negro y, más adelante, un séptimo Dan en Aikido, disciplina que él mismo describe como el camino de la energía y la armonía. También fundó una academia en Japón que hoy dirige su exesposa, Miyako Fujitani.

Esa mochila formativa fue la que, según las autoridades texanas, lo llevó a presentarse ante la jefatura policial del condado de Hudspeth para ofrecerse como voluntario. La propuesta fue concreta: sumarse a operativos de control fronterizo, incluso con uso de armas de precisión, siempre bajo la supervisión directa de agentes del orden.

Qué dicen los que lo tuvieron al lado

Lejos de cualquier puesta en escena, los oficiales que lo acompañaron en las jornadas de vigilancia subrayaron la seriedad de su tarea. Un integrante de las fuerzas del condado fue categórico: “Está aquí porque le importa el país y quiere contribuir como cualquier otro residente.” Las autoridades locales descartaron que la movida respondiera a una estrategia de visibilidad pública: aclararon que el compromiso nació de una vocación genuina de servicio, no de un interés por mantener vigente su nombre en los medios.

La reacción en el pueblo, claro, fue de lo más variada. Algunos vecinos se cruzaban con él en la calle y no salían del asombro, fuera de contexto, sin la cámara ni el glamour de Hollywood. Otros, en cambio, celebraban verlo ensuciarse las botas en el terreno y opinaban que su presencia servía para descomprimir operativos. En los dos casos, las fuerzas del condado insistieron en lo mismo: los aportes de Seagal durante los despliegues fueron concretos, no simbólicos.

Por qué importa que un actor termine custodiando la frontera

El cruce entre fama y compromiso cívico no es un tema menor. El caso de Seagal reabre una pregunta incómoda: cuántas veces una carrera artística puede convertirse, sin trampas, en punto de partida para un rol genuino en el servicio público. En su propio recorrido, el Aikido —una disciplina que prioriza el control y la precisión por sobre la fuerza bruta— funcionó como puente entre la pantalla y la patrulla, y le dio al actor una metodología clara a la hora de intervenir en operativos donde lo central es desactivar conflictos, no provocarlos.

Yo, que sigo estas historias desde hace años, confieso que me llamó la atención el contraste: el mismo hombre que en los noventa rompía mesas de un puntapié frente a las cámaras hoy se plantaba en un operativo fronterizo con la misma energía, pero al servicio de otra causa. Lo que más me quedó, después de leer los testimonios, fue una sensación incómoda y bonita al mismo tiempo: la de comprobar que la vida, cuando se lo propone, puede dar giros tan grandes que ni el mejor guionista de Hollywood los hubiera imaginado.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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