Decodificando la etiqueta: qué hay detrás de las palabras que ves en una botella de vino
Añada, blend, estate, tardío y orgánico: cinco términos que aparecen a diario en las góndolas argentinas y que muchas veces se pagan sin saber bien qué garantizan. Una guía para leer la botella con otros ojos y evitar confusiones.

Les confieso algo: cada vez que me detengo frente a la góndola de vinos termino haciendo prácticamente un trabajo de traducción. Y no exagero. Porque la etiqueta está llena de palabras que suenan lindo, que tienen aire sofisticado, pero que no siempre significan lo que uno imagina. Por eso me propuse desmenuzar cinco términos que aparecen todo el tiempo en las botellas que compramos los argentinos y aclarar, sin vueltas, qué hay realmente detrás de cada uno.
La añada no es el año de la góndola, sino el de la cosecha
Empiezo por el más básico y, a la vez, el que más se presta a confusión. La añada es el año en que se levantaron las uvas, no el año en que el vino llegó a la tienda. Una botella que uno compra en 2026 puede ser cosecha 2023 si pasó dos años en barrica, o cosecha 2025 si se elaboró y embotelló rápido. Ese tiempo de crianza, ya sea en barricas de roble, tanques de acero, huevos de cemento o directamente en botella, le va marcando el carácter final. Y como el clima no se repite, hay añadas más escasas y más buscadas, sobre todo en la gama alta, donde el precio se dispara: no es raro ver saltos de entre un 20% y un 40% entre un año y otro del mismo vino.
Blend y varietal: dos lógicas distintas
Cuando la etiqueta dice blend o corte, ya sabemos: el vino se elaboró con más de una cepa, o con uvas de viñedos diferentes, o de cosechas distintas. Acá viene un dato clave que aprendí en estos años cubriendo el sector. En el caso de los varietales, el Instituto Nacional de Vitivinicultura exige que al menos el 85% de la composición corresponda a la variedad declarada en la etiqueta. El 15% restante puede ser de otras cepas sin que el productor esté obligado a aclararlo. Por eso, si quieren saber exactamente qué están tomando, no queda otra que buscar el detalle técnico en la página web de la bodega.
Con el término estate la historia cambia. Esa palabra, que en criollo podríamos traducir como de la casa, indica que las uvas provienen de viñedos propios de la bodega. No es un dato menor: una porción muy importante del vino argentino se elabora con uva comprada a terceros. Cuando la procedencia es 100% propia, muchas bodegas lo exhiben como un valor agregado, y con razón. Single vineyard va un paso más allá: todas las uvas vienen de un único viñedo, lo que le da trazabilidad y una identidad muy marcada al corte.
Tardíos y orgánicos: lo que dice la ley
Los vinos tardíos, que en las góndolas argentinas arrancan generalmente entre los 4.000 y los 8.000 pesos la botella, se elaboran con uvas cosechadas fuera del calendario habitual, ya pasadas de madurez y parcialmente deshidratadas. Esa concentración de azúcar es lo que les da esa dulzura característica. Los blancos son los reyes del rubro en los supermercados y van de maravillas con un queso azul o con un cheesecake.
Para que una botella pueda llevar el rótulo orgánico en la Argentina, tiene que haber sido elaborada sin agroquímicos, pesticidas ni fertilizantes sintéticos, y contar con una certificación extendida por una empresa habilitada por el SENASA. Eso es lo oficial. Después están las etiquetas circulares con puntajes entre 90 y 100 que muchos críticos internacionales asignan a los vinos: son una herramienta de marketing, ojo con eso, y conviene entenderlas como una opinión, no como un sello de calidad regulado.
Ahora bien, después de esta vuelta por las etiquetas, hay algo que me sigue pareciendo fundamental: leer la botella no reemplaza al sentido común ni al paladar de cada uno. Pero sí nos hace elegir mejor y, sobre todo, nos evita pagar de más por palabras que suenan pero no garantizan nada.
Para comer
Si andan por Mendoza y quieren maridar este recorrido con una salida concreta, les recomiendo sentarse en una mesa de Casa El Enemigo, en la zona de Maipú. Su chef suele armar platos de autor que van como anillo al dedo con blends de altura y con algún tardío bien fresco. Y si lo que buscan es algo más porteño, en Palermo queda Verónico, donde la carta de orgánicos y naturales es de las más serias de la ciudad. Cualquiera de las dos opciones les va a cerrar la jornada con una sonrisa.
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