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Del sobrante a la mesa: cómo armar una tarta de pollo sin complicarse la vida

Con lo que ya tenés en la heladera y un par de mañas de cocina, el pollo de ayer se transforma en una tarta rendidora, casera y llena de sabor.

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Andrés AguilarTurismo · 22 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

A mí me pasó mil veces: abro la heladera, veo los restos del pollo del domingo y pienso qué hago con eso antes de que se eche a perder. La respuesta, casi siempre, termina siendo la misma: una buena tarta. No es una receta sofisticada ni pretende serlo. Es, más bien, la manera más práctica de estirar el ingrediente principal, aprovechar lo que ya hay en la heladera y, de paso, evitar tirar comida a la basura.

Lo que tengas, sirve

Y acá viene lo mejor: el relleno se arma con lo que tengas a mano. Si te quedó pechuga, sirve. Si es pata muslo, también. Lo mismo da que la carne la hayas hervido, que la hayas hecho al horno, a la parrilla o salteada el día anterior. La idea es desmenuzarla o cortarla en cubos, saltearla unos minutos con cebolla y, si ves que se está secando mucho, agregar un chorrito de agua. Nada del otro mundo: con eso ya queda tierna y lista para sumar al resto.

  • Calabaza asada más queso: una mezcla cremosa, ideal para integrar con el pollo desmenuzado y dar una tarta bien suave.
  • Choclo amarillo con crema de choclo blanco: dos texturas distintas en el mismo relleno, con sabor dulce y fresco.
  • Cebolla como base: la opción más simple, apenas unos ingredientes y listo.
  • Vegetales sueltos para sumar volumen: zanahoria, espinaca, zapallito o morrón, cortados en tiras o en cubos.
  • Purés como cama: de berenjena, morrón, calabaza o batata, para acompañar la carne y darle otra onda a la preparación.
  • Un toque que une todo: queso, huevo o crema, según lo que haya en la heladera, para que el relleno no se desarme al cortar.

La masa, mientras tanto, tampoco necesita ser una ciencia. Si querés lo más rápido del mundo, comprás una tapa y listo. Pero si te copa la idea de hacerla en casa, la cuenta es sencilla: dos tazas de harina por una taza de líquido, repartida entre agua y aceite. Esa proporción te da una masa más bien arenosa, fácil de estirar y que queda crocante al horno. Y ya que estás con las manos en la masa, sumale condimentos a gusto: orégano, ajo en polvo, ají molido o unas semillas le cambian la personalidad por completo.

Lo que más me gusta de esta preparación es justamente esa: es moldeable. No hay una sola tarta correcta. Hay tantas versiones como combinaciones deVegetales haya en la alacena y gustos en la familia. Es, en definitiva, la cocina de todos los días funcionando como tiene que funcionar: con ingenio, sin desperdicio y sin gastar de más.

Para coronar la jornada, mi recomendación de siempre: una vez que la tarta sale del horno, servila bien caliente con una ensalada verde al lado y, si te queda alguna duda sobre dónde sentarse a comer, yo diría que un bodegón de barrio es el lugar ideal para celebrarla. Nada mejor que un plato así, recién hecho, en una mesa con mantel de papel y buena compañía.

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Andrés AguilarTurismo

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