Martes, 22 de septiembre de 2026
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Voces de Santa Cruz

Denisse González rompió el silencio y contó cómo atraviesa una púrpura trombocitopénica: “Yo no soy la enfermedad”

A un mes de su última internación, la exparticipante de Gran Hermano repasó los cuatro tratamientos que probó, el miedo de los primeros días y la decisión de hablarlo en redes para no desaparecer del mapa digital sin una explicación.

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Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · 22 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Corría 2022 cuando Denisse González se consagró campeona de Gran Hermano, el reality show que la expuso ante millones de argentinos y le dejó, entre otras cosas, una pareja —Bautista Mascia— y un vínculo cotidiano con las redes sociales que hoy, a la distancia, se volvió una herramienta casi médica. Es que fue justamente desde ese lugar donde la joven eligió contar, hace unos días, que atraviesa una púrpura trombocitopénica idiopática, una enfermedad que la obligó a ser internada dos veces y a convivir, durante varias jornadas, con un conteo de plaquetas que llegó a alarmar a los propios profesionales que la atendían.

Un chequeo de rutina que terminó en internación

La historia, tal como ella misma la reconstruyó en una entrevista televisiva, empezó con lo que parecía una visita más al consultorio: “Fui a hacerme un chequeo de rutina y terminé internada”, resumió, todavía con asombro, al recordar cómo un análisis pensado para controlar parámetros habituales se transformó en el primer capítulo de una experiencia que la marcó a fuego.

En el punto más crítico de ese recorrido, González llegó a registrar mil plaquetas, un número que los médicos suelen mirar con atención porque deja al cuerpo expuesto a sangrados espontáneos. Esa fragilidad se tradujo en restricciones muy concretas y hasta domésticas: la propia exparticipante contó que, por un tiempo, no podía ni siquiera cepillarse los dientes, una de esas acciones tan cotidianas que recién se extrañan cuando faltan.

Cuatro tratamientos y un nombre actualizado

Con el correr de las semanas, el cuadro fue modificándose. González pasó por cuatro tratamientos diferentes y, según describió, el más reciente parecía estar dando resultados, aunque todavía restaba confirmarlo con nuevos análisis de laboratorio. En su testimonio reconoció que aún no sabe si necesitará medicación de manera permanente: por ahora, sigue bajo seguimiento médico y a la espera de los próximos controles.

Durante la conversación, identificó su diagnóstico como púrpura trombocitopénica idiopática, aunque el médico Guillermo Capuya, que la acompañaba en el estudio, aclaró un detalle terminológico que importa: la denominación que se utiliza hoy es púrpura trombocitopénica inmune, un cambio que refleja lo que la comunidad médica fue entendiendo sobre el origen del cuadro, vinculado a una reacción del propio sistema inmunológico.

Por qué decidió hacerlo público

A un mes de la última internación, la mejoría clínica convive con el impacto emocional de lo vivido. González reconoció que los primeros días sintió miedo y que todavía le cuesta verse atravesando este proceso, una confesión que la humaniza y la aleja de la imagen de competencia que construyó en televisión.

Su trabajo cotidiano con las redes sociales fue determinante a la hora de hablar. Tal como lo explicó, no quería desaparecer del mapa digital durante un mes sin dar una explicación a una comunidad de seguidores que, de un día para otro, dejó de verla en pantalla. Esa exposición, además, la puso en contacto con otras personas que conviven con la misma patología, un intercambio que la ayudó a dimensionar lo propio a partir de lo ajeno.

En medio de ese escenario, destacó el rol de su pareja, Bautista Mascia, que la acompañó durante las internaciones. A partir de lo que le tocó vivir, valoró especialmente el peso de las visitas y de las conversaciones para quienes permanecen en un hospital, un recordatorio que ella misma planteó como aprendizaje: a veces, la mejor medicina no viene en un blíster.

“Yo sé que tengo una enfermedad, pero yo no soy la enfermedad.”Denisse González

Cuando terminé de leer todo lo que Denisse González fue contando sobre estos meses, me quedó dando vueltas una imagen: la de una joven que entra a un consultorio para un control de rutina y sale, sin aviso previo, camino a una internación. Esa imagen —tan simple y, al mismo tiempo, tan brusca— me recordó algo que uno tiende a olvidar mientras hace la cola del médico: la salud no siempre avisa, y cuando golpea, lo hace sin pedir permiso. La frase con la que ella cerró su testimonio funciona casi como un manual de instrucciones para cualquiera que esté pasando por algo parecido: se puede tener una enfermedad y, aun así, negarse a dejar que esa enfermedad defina quién se es. Es, también, una invitación a mirar a los pacientes como personas enteras, no como carpetas clínicas. Y a acordarse, de vez en cuando, de lo importante que resulta sentarse al lado de alguien internado y, simplemente, conversar.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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