Desde el auto y antes de los estudios: el video de una sobreviviente que sacudió octubre
María José Riera, productora audiovisual y autora de "Fue un buen verano", grabó un mensaje camino a sus controles oncológicos. Su llamado a priorizarse reabrió el debate sobre los chequeos anuales en un mes atravesado por el cáncer de mama.

En octubre de 2024, cuando el calendario se tiñe de rosa y las campañas de concientización sobre cáncer de mama copan las pantallas, una mujer se sentó al volante de su auto, encendió la cámara de su celular y empezó a hablar. No lo hizo desde un escritorio ni desde un estudio de televisión. Lo hizo desde el asiento del conductor, a la espera del semáforo, minutos antes de entrar a una jornada completa de estudios de control. El lugar común del relato sobre la enfermedad se quebró ahí: en la decisión de contar lo cotidiano en el mismo momento en que estaba ocurriendo. Esa mujer es María José Riera, productora audiovisual de 58 años que en 2020 recibió un diagnóstico que le cambió la vida y que, cuatro años después, eligió transformar ese recorrido en un mensaje público para alentar a otras mujeres a hacerse los chequeos anuales.
El video, breve y filmado con la intimidad que permiten las historias de Instagram, arrancó con una confesión en primera persona que sonó casi como una declaración de principios. "Hoy es un día en donde durante todo el día tengo estudios de control. Y venía pensando que vengo con mucha alegría a hacerme eso", dijo Riera, con el sol entrando por la ventanilla y la voz serena. Inmediatamente después explicó de dónde nacía esa alegría, que no era un eslogan ni una pose: "Viene de dos lugares: de tener la posibilidad de acceder a los estudios y de haber tomado la decisión de hacerlos". La distinción parece menor pero no lo es. En un país donde los estudios mamográficos y los seguimientos oncológicos siguen chocando con demoras, obras sociales que postergan turnos y mujeres que postergan sus propios cuerpos por atender los de los demás, separar la suerte del privilegio de la decisión personal es toda una definición política y emocional.
“Es la misma decisión de ir por el mismo camino, de ponerme primero en mi lista, de priorizarme, de cuidarme para poder estar en salud, para poder estar en disfrute. Especialmente en este octubre, chicas, háganse todos los controles necesarios.”María José Riera
Una historia que empezó en la peluquería
El 24 de noviembre de 2020, mientras estaba en la peluquería rodeada de las láminas de los claritos que se estaba haciendo, le llegó la confirmación que venía sospechando: un carcinoma de mama. Lo recuerda con una mezcla de crudeza y humor que atraviesa toda su manera de narrar la enfermedad. Quince días después, el 9 de diciembre, pasó por el quirófano. Durante 2021 completó el protocolo estándar: quimioterapia y radioterapia, con sus meses de caída del cabello, de náuseas y de encierro. Pero el cáncer no llegó solo. En paralelo a los tratamientos oncológicos, Riera tomó una decisión que dejó boquiabiertos a quienes la rodeaban: después de 35 años de matrimonio, le pidió a su pareja que se fuera de la casa. "No quería cargar con la angustia de otra persona que no me podía acompañar y que no tenía las herramientas emocionales para hacerlo", explicó entonces, en una frase que todavía hoy circula como un ejemplo extremo de poner la propia salud emocional y física por encima de los mandatos.
La muerte de una sobrina a causa del mismo tipo de tumor opera como el motor más íntimo de su prédica. Cada vez que Riera se sienta frente a un médico o se sube a una camilla, lo hace pensando en quienes ya no llegaron a esa instancia. Por eso su insistencia en los controles no es una campaña publicitaria: es una forma de mantener viva la memoria de su sobrina y, al mismo tiempo, de recordarle a las mujeres de entre 40 y 60 años que la detección temprana cambia radicalmente los pronósticos. "Ponerse primero en la lista" no es una frase ingeniosa de marketing rosa; en su boca suena a instrucción de supervivencia.
Un libro escrito entre amigas
La experiencia acaba de quedar plasmada en "Fue un buen verano", su primer libro, donde Riera reconstruye ese arco que va del diagnóstico al fin del matrimonio y, sobre todo, el capítulo que más la emociona: la mudanza colectiva de un grupo de amigas que se instaló en su casa durante la quimioterapia. Cocina compartida, rondas de mates, turnos de enfermería y risas a deshoras. "Acá se refleja el resultado de esos meses y está dedicado a la amistad femenina", resume la autora, que se mueve con naturalidad entre el registro confesional y el de crónica íntima. Quienes la escucharon en los últimos meses cuentan que cada vez que habla del libro termina llorando, y cada vez que termina de llorar vuelve a reírse, como si la enfermedad le hubiera enseñado que esos dos estados pueden ocupar el mismo cuerpo en la misma tarde.
- El diagnóstico inicial de cáncer de mama fue el 24 de noviembre de 2020 y la cirugía, el 9 de diciembre de ese mismo año.
- Durante 2021 completó el tratamiento con quimioterapia y radioterapia.
- En ese período tomó la decisión de separarse tras 35 años de matrimonio.
- Un grupo de amigas se mudó a su casa para acompañarla durante la quimioterapia; esa experiencia es el corazón de "Fue un buen verano".
- El video de octubre fue grabado desde su auto, minutos antes de una jornada completa de estudios de control.
- La pérdida de una sobrina por la misma enfermedad es su principal motor para insistir con los chequeos anuales.
Yo la escuché varias veces en estos días y confieso que me quedé dando vueltas alrededor de una frase. No fue la del video, que igual golpea. Fue una que me repitió por teléfono cuando le pregunté por qué había elegido hablar en medio de su propia jornada de estudios y no en un momento más calmo. Me dijo, casi como al pasar, que los momentos calmos no existen cuando una viene del cáncer: los controles son los momentos calmos. Ahí entendí por qué su mensaje se viraliza sin necesidad de campañas millonadas ni de famosos en el retrato. Hay algo en esa decisión de filmarse yendo a hacerse los estudios, con el cinturón puesto y la ciudad todavía en marcha, que devuelve el problema del cáncer de mama a su verdadera escala: no es un lazo rosa en una marquesina, es una mujer común subiendo a una camilla, esperando el resultado, y decidiendo mientras tanto que la prioridad absoluta de su jornada va a ser ella misma. Si todavía no tenés al día tu mamografía o tu ecografía mamaria, este octubre que se termina puede ser un buen momento para hacer lo que Riera pide con la naturalidad de quien ya aprendió que la urgencia no avisa: ponete primera en tu propia lista.
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