Después de los 30, la conversación pendiente con los propios huesos
La masa ósea llega a su pico cerca de los 30 años y, a partir de ahí, empieza una cuenta regresiva silenciosa: la osteoporosis suele dar la cara con la primera fractura. Una especialista explicó qué mirar en los antecedentes, qué ejercicios suman y por qué la menopausia cambia las reglas de juego.

Me imagino la escena y la conozco de cerca: una cocina luminosa en un barrio cualquiera de Buenos Aires, una señora preparando el mate, un almanaque colgado en la pared y, de pronto, un mal paso en el umbral de la puerta que termina en una fractura de muñeca. Y entonces llega la pregunta que parece absurda y no lo es: cómo puede ser que, después de una caída tan tonta, el hueso se haya roto de esa manera. La respuesta, en buena medida, hay que buscarla mucho antes de los 60, mucho antes incluso de los 40, en esa época en la que uno todavía no piensa en los huesos porque cree que son eternos y porque nadie le enseñó que la masa ósea, como el ahorro de toda la vida, tiene un pico y después empieza a gastarse.
La profesora Elaine Dennison, especialista en metabolismo ósea, lo resumió con una idea que a mí me quedó dando vueltas: una fractura tras una caída desde la propia altura puede ser, en sí misma, una señal de fragilidad ósea. Es decir, no es que la persona se haya caído mal, es que el hueso estaba más débil de lo que cualquiera suponía. La osteoporosis, aclaró, suele pasar inadvertida hasta que aparece esa primera lesión, y por eso insistió en algo que parece obvio y casi nunca se cumple: los antecedentes personales y familiares pesan mucho a la hora de evaluar el riesgo, incluso cuando todavía no hay síntomas.
Cuándo consultar y por qué
- Fracturas de cadera, muñeca o columna en la familia directa.
- Uso prolongado de corticoides, un dato que muchos pacientes no vinculan con los huesos.
- Tabaquismo y antecedentes de enfermedades que dificultan la absorción de nutrientes.
- Estudios como la densitometría DEXA y herramientas de cálculo de riesgo como FRAX, que permiten orientar decisiones clínicas sin adivinar.
Carlos, 58, vecino de San Telmo, me lo dijo mientras tomábamos un café en una cafetería de la calle Bolívar: "Yo siempre pensé que la osteoporosis era cosa de mi abuela, y de golpe me entero de que llevo años tomando medicación que le saca calcio a los huesos". Esa es, justamente, la clase de conversación que Dennison pide que se tenga con el médico de cabecera antes de que el hueso avise con un golpe.
Mover el cuerpo, pero moverlo bien
En el consultorio, Dennison suele repetir que el cuidado cotidiano es una combinación de tres cosas: alimentación, actividad física y prevención de caídas. Para los adultos mayores, sostuvo, mantener la fuerza muscular, la movilidad y el equilibrio ayuda a reducir situaciones que pueden terminar en una fractura, porque la resistencia del hueso importa, pero también la posibilidad de evitar el golpe. Y acá viene un dato que a mí me pareció clave: para estimular el tejido óseo, los expertos recomiendan las actividades que le imponen una carga real al esqueleto, como los ejercicios de fuerza, subir y bajar de una plataforma, correr o saltar. Los músculos, mientras trabajan, transmiten tensión al hueso y favorecen su adaptación.
Ahora bien, Dennison fue muy clara con un punto: quienes tienen baja densidad ósea en la columna o antecedentes de problemas de espalda necesitan orientación profesional antes de levantar pesas, porque lo que sirve para la mayoría puede ser riesgoso para algunos. Y la natación, que tantas veces aparece como recomendación universal, también tiene su letra chica: aporta beneficios musculares y cardiovasculares, pero como el agua sostiene el cuerpo y reduce la carga sobre el esqueleto, no produce el mismo estímulo mecánico que las actividades con apoyo e impacto.
Qué poner en la mesa
- Calcio: leche, yogur, queso, alimentos fortificados y algunos vegetales de hoja verde.
- Vitamina D, clave para absorber el calcio y mineralizar el hueso, con sol prudente en la piel y, si el médico lo indica, suplementación.
- Vitaminas K y C, magnesio y una alimentación equilibrada con frutas y verduras, como marco general.
Todo este cuidado cobra una relevancia especial cuando uno mira el calendario: la masa ósea llega a su máximo alrededor de los 30 años. El tejido sigue renovándose durante toda la vida, pero pierde masa cuando la degradación supera a la formación. Durante la menopausia, la caída de estrógenos puede acelerar ese desequilibrio y, con él, el riesgo de fracturas. Por eso Dennison insiste en no esperar a los 60 para empezar a conversar de huesos, porque cuando el tema aparece solo suele ser porque algo se rompió.
Lo que Carlos espera, y creo que muchos comparten sin animarse a decirlo, es que la próxima vez que vaya al médico le pregunten por sus huesos aunque él no se queje de nada. No por miedo, sino por las ganas de seguir bajando las escaleras de su casa sin pensarlo dos veces y de cruzar la calle sin estar midiendo cada vereda como si fuera una trampa. Esa, me parece, es la conversación pendiente que vale la pena empezar hoy, sin esperar a la primera fractura.
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