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Voces de Santa Cruz

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Después de más de medio siglo de prohibiciones y tijeretazos, 'Los demonios' de Ken Russell vuelve a las salas en su versión completa y definitiva

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · · 4 min de lectura
Después de más de medio siglo de prohibiciones y tijeretazos, 'Los demonios' de Ken Russell vuelve a las salas en su versión completa y definitiva

En 1634, en un convento de monjas ursulinas de la pequeña ciudad francesa de Loudun, un puñado de religiosas comenzó a comportarse de maneras que inquisidores calificaron como posesiones demoníacas. El cura párroco del pueblo, Urbain Grandier, un hombre culto, seductor y poco amigo de los poderosos locales, terminó señalado como el responsable de haber invocado al diablo. Lo condenaron por brujería, le aplicaron tormentos especiales y lo quemaron vivo en la plaza. Aquel episodio real del siglo XVII, una de las llamadas "posesiones colectivas" más conocidas de Europa, terminó doscientos cincuenta años después en la mesita de luz del británico Aldous Huxley, que firmó la novela "Los demonios de Loudun". Y de ahí, en 1971, saltó a la pantalla grande de la mano de un director inglés absolutamente desaforado llamado Ken Russell, que convirtió la historia en una película monumental, brutal y profundamente incómoda que el Vaticano mandó a quemar antes de que terminara de enfriarse.

A esa película, titulada simplemente "Los demonios" (The Devils), la están persiguiendo desde el día de su estreno. La le había pedido a Russell que se concentrara en el aspecto terrorífico de la historia, en los exorcismos y el aquelarre; pero el director, que ya venía de firmar obras maestras como "Mujeres enamoradas" y se encaminaba hacia esa cosa inclasificable llamada "Tommy", tenía otras prioridades: para él, la quema de Grandier era una metáfora del Estado cuando decide quién piensa y quién no, y la película, decía, era sobre el lavado de cerebro. Esa vocación política, sumada a las escenas de posesiones, crucifixiones y orgías con velas que Russell se permitió rodar con una Vanessa Redgrave entregada a papeles cada vez más extremos, hizo que la maquinaria de la censura se pusiera en marcha como no lo había hecho con casi ninguna otra película inglesa de la época.

Un rollo perdido con el nombre clave "C Cut 89" y un crítico con memoria

El crítico cinematográfico británico Mark Kermode, que conoció personalmente a Russell antes de la muerte del director en 2011, cuenta que la versión que llegó a las carteleras de 1971 no tenía nada que ver con lo que el director había filmado. La copia británica se quedó en 111 minutos; la estadounidense, en 108. Para conseguir los sellos de la Agencia Británica de Clasificación de Películas y de sus pares norteamericanos hubo que podar secuencias que Russell y su editor Michael Bradsell consideraban centrales: las que mostraban el proceso de enajenación mental al que eran sometidas las religiosas, justo el corazón temático de la película. "Estas alteraciones le rompieron el corazón a Ken Russell", dijo Kermode, "porque el material eliminado no solo contenía parte de su mejor trabajo, sino que también encapsulaba el corazón temático del filme".

Lo que Kermode decidió hacer fue algo que parecía de película: rastrear el metraje faltante en los archivos de Warner Bros. en el Reino Unido, con ayuda de documentalistas independientes. Después de años de búsqueda, terminó dando con un rollo catalogado con el anodino nombre "C Cut 89" (el "corte C 89"), que resultó contener las escenas que la agencia británica había retirado oficialmente. Eran apenas un minuto y veintinueve segundos de celuloide extraviado, pero con ese material Russell pudo reconstruir en 2004 una versión de 114 minutos que él mismo consideraba la definitiva. La película se proyectó una sola vez, en la sala BFI Southbank de Londres, y volvió a desaparecer del mapa. Hasta ahora.

Censuras cruzadas: del Vaticano a Finlandia, pasando por diecisiete municipios británicos

  • En los años setenta, diecisiete municipios de Gran Bretaña directamente prohibieron la exhibición de la película; donde se pudo ver, fue con la calificación X, equivalente a no recomendada para menores de dieciocho años.
  • Finlandia mantuvo el veto hasta noviembre de 2001, es decir, durante casi tres décadas después del estreno original.
  • El Vaticano condenó formalmente la película y pidió que se cancelaran sus proyecciones en el Festival de Cine de Venecia.
  • En Estados Unidos, además de los cortes impuestos por los censores, la distribuidora le agregó una advertencia al inicio que comparaba la obra con la "historia oficial" del caso de Loudun para desligarse del contenido.

Russell, que murió en 2011 sin haber visto su versión completa en circulación masiva, dejó una frase que condensa el porqué de tanta persecución: "Para mí, trataba sobre el lavado de cerebro, sobre la toma del poder por parte del Estado". El director no hablaba de metafísica ni de posesiones: hablaba de política, de la Iglesia y del poder terrenal que se reescribe como poder divino cada vez que le hace falta fusilar la libertad de alguien.

Ahora, gracias a una restauración en 4K que devolvió al metraje su duración de 114 minutos sin los cortes impuestos por los organismos de clasificación, la película llega a las salas españolas desde el 16 de octubre. Es la primera vez que se proyecta completa en cines. Yo, que vi "Los demonios" hace ya muchos años en una copia de VHS bastante deteriorada, confieso que al terminar de leer la nota me quedó una sensación rara: la de estar ante una de esas películas que uno creía conocer y, en realidad, jamás había visto. Esperaré dos horas.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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