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Días nublados, vitamina D y reservas que el cuerpo guarda: qué dice un especialista sobre cuándo conviene controlar y cuándo suplementar

Varias jornadas con cielo cubierto no alcanzan, por sí solas, para vaciar las reservas de vitamina D. Ramiro Heredia, médico internista de la Universidad de Buenos Aires, repasó qué grupos sí deben hacerse estudios, por qué los adultos sanos no deberían tomar suplementos por cuenta propia y qué riesgos trae el exceso.

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Marta MansillaSociedad y salud · · 3 min de lectura
Días nublados, vitamina D y reservas que el cuerpo guarda: qué dice un especialista sobre cuándo conviene controlar y cuándo suplementar

La sala de espera del consultorio estaba colmada, como cada vez que cambia el tiempo. Entre mates y murmullos, una señora de 58 años le contaba a otra que había salido corriendo a comprar un frasco de vitamina D porque, según le habían dicho, con tantos días sin sol los niveles se desploman. La escena se repite en las farmacias de cualquier barrio porteño cuando el cielo se pone gris y la humedad se pega al cuerpo, y resume una confusión que se repite consulta tras consulta: no toda jornada tapada significa una deficiencia, y no toda botella de suplemento es una solución.

Para ordenar el asunto, vale la pena escuchar a Ramiro Heredia, médico especialista en medicina interna de la Universidad de Buenos Aires, que en una charla reciente dejó varias advertencias claras: los adultos sanos no deberían tomar vitamina D sin indicación profesional, y hay grupos concretos para los que el tema sí merece atención.

Cómo se fabrica la vitamina D y por qué las nubes no la borran

La vitamina D se produce principalmente en la piel cuando recibe radiación ultravioleta B. También se puede incorporar a través de algunos alimentos, aunque para la mayoría de las personas la síntesis cutánea sigue siendo la fuente principal. Las nubes filtran parte de esa radiación, pero no la eliminan por completo, de modo que varios días seguidos de lluvia o de cielo encapotado no implican, en general, una caída brusca en los niveles de esta vitamina.

A eso se suma que el organismo guarda reservas que le permiten sostener los valores durante los períodos de menor exposición. La posibilidad de llegar a una deficiencia depende, sobre todo, de los niveles previos de cada persona, de sus antecedentes médicos y de sus condiciones de salud.

Quiénes sí deben prestar atención a sus niveles

No todas las personas necesitan análisis ni suplementos de manera preventiva. Heredia identificó los grupos que sí requieren mayor cuidado: adultos mayores, personas con obesidad, pacientes con enfermedad celíaca, quienes atravesaron cirugías bariátricas, internaciones o cuadros críticos, y quienes tienen antecedentes de osteoporosis o fracturas. En esos casos, la decisión de pedir estudios y de definir un tratamiento depende de la evaluación médica, puntual.

Para los que no entran en esos grupos, el especialista fue terminante: no existe una recomendación general de suplementar a adultos sanos sin deficiencia documentada. Y además, agregó, el exceso puede ser contraproducente.

Por qué el exceso también preocupa

Consumir vitamina D en cantidades elevadas puede provocar toxicidad, elevar el calcio en sangre y dañar la función renal. No se trata de un nutriente inocuo a cualquier dosis: por eso la automedicación queda descartada como estrategia preventiva.

Para qué sirve y qué pasa cuando falta

La vitamina D cumple un rol central en la absorción del calcio y el fósforo, minerales clave para los huesos. Cuando hay deficiencia, en los adultos puede aparecer osteomalacia, una mayor fragilidad ósea y más riesgo de fracturas. En los niños, una carencia marcada puede derivar en raquitismo. Además, la vitamina participa en el funcionamiento muscular y en la regulación del sistema inmunitario.

Alimentos que aportan y un límite importante

Los huevos, los pescados grasos como el salmón y la caballa, y los yogures fortificados aportan vitamina D. Ahora bien, cuando ya existe una deficiencia instalada, la dieta sola puede no alcanzar para corregirla, y ahí sí entra la indicación profesional, con análisis y, eventualmente, suplemento.

  • Adultos mayores.
  • Personas con obesidad.
  • Pacientes con enfermedad celíaca.
  • Quien pasó por cirugías bariátricas, internaciones o cuadros críticos.
  • Personas con antecedentes de osteoporosis o fracturas.

Antes de cerrar la nota, en la sala de espera la señora de 58 años se quedó pensando. Le habían vendido el frasco como si fuera agua bendita para los días grises, y ahora se preguntaba si tenía sentido empezar a tomarlo sin un análisis previo. Lo que espera es, justamente, lo que repitió Heredia: que un médico evalúe su caso, indique un estudio si hace falta y le diga, con nombre y apellido, si le conviene suplementar o si, por ahora, le alcanza con la reserva que el cuerpo le viene guardando entre nube y nube.

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Marta MansillaSociedad y salud

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