Dos mil kilómetros para darle la vuelta a Cataluña sin apuro
Un circuito en auto une playas, monasterios, viñedos y cumbres pirenaicas en cinco tramos que se pueden recorrer por separado. Esta guía repasa paradas, distancias y algunas direcciones para comer bien en el camino.

Les confieso algo: cada vez que alguien me dice que tiene unos días en Cataluña y solo piensa en Barcelona, me dan ganas de agarrarlo del hombro y explicarle que afuera de la Ciudad Condal hay un país entero. El Grand Tour de Cataluña es, justamente, la excusa perfecta para animarse: una ruta de 2.000 kilómetros que nace y muere en Barcelona, pero que se puede tomar de a tramos, como si fuera un menú por pasos. Se hace en auto, se detiene donde uno quiere y combina patrimonio romano, monasterios medievales, viñedos, caminatas, kayak y hasta noches mirando las estrellas.
Cinco tramos para elegir a medida
La ruta está dividida en cinco etapas, pero no hace falta comerse las cinco de un saque. Cada quien la corta según el tiempo y las ganas. Para que se ubiquen, así suman los kilómetros: de Barcelona a Tarragona son 462; de Tarragona a Lleida, 418; de Lleida a La Seu d'Urgell, 357; y de allí a Figueres, otros 357. La idea es que las cifras sirvan de ancla: con esos números en la cabeza, uno define si se queda dos días en un pueblo, si salta un tramo o si vuelve a Barcelona en tren con el auto alquilado en alguna estación intermedia.
- Barcelona a Tarragona (462 km): costa, vermú y romanos.
- Tarragona a Lleida (418 km): monasterios del Císter y arquitectura modernista.
- Lleida a La Seu d'Urgell (357 km): viñedos, paisaje interior y rutas gastronómicas.
- La Seu d'Urgell a Figueres (357 km): corazón de los Pirineos y vuelta hacia el mar.
- Figueres a Barcelona (cierre del circuito): Empordà, Dalí y playas de la Costa Brava.
Playas, monasterios y pueblos con historia
Si el plan es mar y mesa servida, el primer tramo es un golazo. Sitges se lleva una mención aparte, con su paseo marítimo y el museo Maricel bien cerquita del casco antiguo. Más al sur, Cambrils invita a subirse a un catamarán y, cuando se vuelve a tierra, a pedir un suquet de romesco: ese guiso catalán con pescados y mariscos que entra perfecto después de un día de arena. Reus queda a un paso y suma dos atractivos que siempre recomiendo: una ruta de vermú (que en la zona es casi una religión) y un circuito de arquitectura modernista con 26 edificios para mirar de abajo hacia arriba hasta que duela el cuello.
Para los que viajan con la cabeza puesta en la historia, Tarragona es parada casi obligatoria: las murallas, el anfiteatro con el mar de fondo y los restos de la antigua Tarraco romana justifican el viaje solos. La Ruta del Císter, en tanto, enlaza tres monasterios que parecen salidos de un cuento: Santes Creus, Poblet y Vallbona de les Monges. Ya cerca de Barcelona, la Colonia Güell, en Santa Coloma de Cervelló, es una de esasjoyas que muchos turistas se pierden; y Montserrat, con su monasterio a 720 metros de altura, ofrece alojamiento y restaurantes, así que se puede pernoctar ahí y levantarse con vistas que parecen pintadas.
Pirineos a fondo: caminatas, kayak y cielo estrellado
El tercer tramo es donde la ruta se pone seria. El Congost de Mont-rebei se recorre a pie o en kayak, con paredes que caen a pique sobre el río: la caminata es exigente pero no técnica, y vale cada gota de sudor. En el Valle de Boí esperan ocho iglesias y una ermita románicas declaradas Patrimonio Mundial por la Unesco, además de la puerta de entrada al Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici, un parque nacional con senderos para todos los bolsillos de energía. Para los que prefieran mojarse de otra forma, en la comarca de Pallars Sobirà hay distintas localidades que ofrecen rafting sobre el río Noguera Pallaresa, y el Ecomuseo de los Valles de Àneu permite ver cómo vivían las familias de la zona a comienzos del siglo XX. Si el plan es cerrar la noche mirando el cielo, el Parque Astronómico del Montsec es uno de los mejores puntos de observación de Europa.
Antes de despedirme, una recomendación bien terrenal: si andan por el Valle de Boí o por algún pueblo del Pallars, busquen un restaurante de los que ofrecen cocina de montaña con producto local. Trinxat, embutidos de la zona, setas de temporada y un buen vino del Costers del Segre hacen el cierre perfecto para un día de caminata. Nada mejor que sentarse, pedir otra copa y repasar mentalmente los kilómetros que ya quedaron atrás en este Grand Tour catalán. Créanme: a la vuelta, van a extrañar el camino.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo


Junín de los Andes Festeja el Aniversario de Ceferino Namuncurá: Fe y Cultura en Patagonia

