El Coyote se cansó de las explosiones: ahora quiere litigar y arrastra a Will Forte a la aventura judicial
La película que Warner demoró años en liberar ya tiene fecha de estreno y combina animación con carne y hueso, en un juicio que es casi una venganza contra quienes lo dejaron afuera de Hollywood.

Les tengo que confesar algo antes de arrancar: yo miraba los cortos del Coyote y el Correcaminos cuando era chica, y siempre me pareció injusto que el pobre bicho terminara flotando en el aire con los ojos como platos después de cada intento. Durante décadas pensé que la pantalla grande no le iba a dar nunca la revancha que merecía, y sin embargo acá estamos, en 2025, hablando de Coyote vs. Acme, una película que el estudio guardó en un cajón durante años y que finalmente tiene fecha de estreno para el próximo 29 de agosto en cines estadounidenses, según lo que se conoció en estas últimas semanas.
Lo que les quiero contar hoy tiene una historia detrás que parece de laboratorio: la película estaba terminada, los actores habían grabado sus partes, los animadores habían ajustado cada chiste físico y, aun así, Warner Bros. Discovery resolvió en 2023 no estrenarla y directamente buscar comprador para el negativo, una decisión que desató una tormenta interna y un pedido sindical de los guionistas que, entre otras cosas, terminó forzando a la compañía a dar marcha atrás y confirmar su lanzamiento en salas comerciales.
De la ruta del desierto a la sala de audiencias
Pero vayamos a lo que nos interesa como espectadores: la película dura algo más de noventa minutos, está dirigida por Dave Green a partir de un guion de Samy Burch y combina dibujo animado con actores reales en la misma proporción visual a la que nos acostumbró, por ejemplo, Space Jam, aquella historia en la que Michael Jordan se metía en una cancha junto a Bugs Bunny y compañía, o Looney Tunes: De nuevo en acción, donde la convivencia entre humanos y personajes animados resolvía un conflicto central de la trama.
Acá el eje no es el Correcaminos, a quien el Coyote lleva décadas persiguiendo con trampas cada vez más elaboradas, sino la propia Acme, esa fábrica de artefactos delirantes con la que el coyote siempre se abastece de cohiles, garrochas, imanes y toda clase de objetos pensados para no funcionar. La idea es que el Coyote termine yendo a juicio contra esa empresa, cansado de que cada compra termine en un fiasco y de que el desierto se llene de humo cada vez que presiona un botón.
Will Forte como el abogado que nadie esperaba
Y acá aparece Will Forte, a quien muchos recordarán por su paso por Saturday Night Live y por comedias como MacGruber, interpretando a un abogado bastante peculiar que se cruza en el camino del Coyote en el momento justo. La dupla se va armando de a poco, entre idas y vueltas, y termina construyendo un vínculo que no es de los más clásicos que uno espera ver en una película con mezcla de animación y acción real, pero que funciona.
Yo les digo más: la película trabaja esa lógica del intento y el fracaso que el Coyote arrastra desde sus cortos originales, esa cosa de diseñar un plan, creer que esta vez sí, y terminar estampado contra un acantilado o colgando de un cactus. Toda esa frustración acumulada, que durante años fue puro gag físico, acá se traduce en algo más grande, que es la búsqueda de justicia de un personaje al que, en cierto modo, le vienen saliendo mal las cosas desde que tiene uso de razón.
- La película fue completada y luego retirada de la grilla de Warner en 2023, antes de confirmarse su estreno para agosto de 2025.
- La dirección es de Dave Green, conocido por films como Tierra de monstruos y Depredador: La presa.
- El guion está firmado por Samy Burch, cuya historia sirvió de base para la reconocida May December.
- Will Forte interpreta al personaje humano central, en un registro de comedia con tono legal.
- La mezcla entre animación y acción real mantiene la tradición inaugurada por Space Jam y la secuela Looney Tunes: De nuevo en acción.
Una fórmula que se estira y, esta vez, también piensa
Lo más interesante de esta propuesta es que toma una fórmula que durante años funcionó en cortos de pocos minutos, con su estructura de plan, obstáculo y derrota, y la estira hasta convertirla en una narración larga donde el Coyote sigue siendo el mismo desastre al borde del abismo, pero ahora piensa, se enoja y decide ir a tribunales. Es un lindo cambio de registro para un personaje al que el destino siempre le pintaba la cara.
Yo, la verdad, terminé la lectura de todo lo que rodea a este estreno con una sensación rara, mezcla de ternura y de injusticia retroactiva: me da alegría que un personaje que durante generaciones se comió sus propias frustraciones en formato de siete minutos termine con la chance de hablar en un estrado, aunque sea en una comedia, y me parece que eso, en el fondo, también es parte de lo que uno va a buscar al cine cuando se sienta frente a la pantalla grande en estas vacaciones de invierno.
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