El hombre que le dio la vuelta al mundo solo y se lo quedó el mar
Joshua Slocum reconstruyó un balandro podrido, aprendió a convivir con el delirio y se convirtió en el primer navegante solitario alrededor del planeta. Once años después zarpó de nuevo y nunca volvió.

La sala de espera del puerto viejo de Boston estaba casi vacía aquella mañana de abril de 1895. Un hombre de barba canosa se acomodó en un banco de madera, miró el muelle y después miró el reloj de bolsillo: eran las diez, el sol todavía bajo y la bruma todavía espesa. Se llamaba Joshua Slocum, tenía sesenta y un años, no conseguía trabajo de capitán en un mundo que ya navegaba a vapor y llevaba en los bolsillos apenas lo justo para pagar la avena del caballo. A su lado, amarrado, lo esperaba un balandro de once metros llamado Spray, rescatado de un potrero de Massachusetts y reconstruido tabla por tabla durante trece meses. Esa misma tarde levó anclas sin fanfarria ni despedida oficial, y se convirtió en el primer navegante solitario de la historia en intentar dar la vuelta al mundo.
Tres años, 46.000 millas y un reloj de hojalata
Cruzó el Atlántico, bajó por el Estrecho de Magallanes, pasó el cabo de Hornos con el Spray haciendo agua, atravesó el Pacífico y el Índico, y volvió a Newport, Rhode Island, el 27 de junio de 1898. En total, tres años y más de 46.000 millas náuticas. Lo notable es cómo los hizo. Slocum navegaba sin cronómetro marino digno de ese nombre: usaba un reloj barato de hojalata al que le faltaba el cristal y compensaba esa limitación con estimaciones de posición, observaciones lunares y una memoria corporal del mar que había empezado a construir desde los dieciséis, cuando se enroló como cocinero y grumete para escapar de la granja familiar en Nova Scotia. Tampoco sabía nadar. Decía, con ese tono seco que después haría famoso, que en medio del océano nadar solo servía para alargar la agonía.
“Para disuadir a los fueguinos de abordar el barco de noche, Slocum esparció tachuelas de alfombra sobre la cubierta. Los intrusos subieron descalzos, pisaron las puntas y huyeron.”Crónica sobre la primera vuelta al mundo
- En el Estrecho de Magallanes, esparció tachuelas de alfombra en la cubierta para espantar a los fueguinos que querían abordar el Spray de noche.
- Cerca de las Azores, enfermo y delirante por alimentos en mal estado, creyó ver un piloto fantasma al timón; cuando se recuperó, el barco seguía navegando con rumbo firme.
- Publicó Sailing Alone Around the World, que empezó como serie en revistas y se convirtió en un libro de éxito inmediato por su estilo seco e irónico.
- En noviembre de 1909, a los 65 años, zarpó desde el puerto de Gloucester rumbo al sur y nunca regresó: ni el barco ni su cuerpo fueron hallados.
La última partida fue la que le dio sentido y a la vez se lo quitó todo. En noviembre de 1909, ya con la fama del libro instalada y los lectores multiplicándose, Slocum zarpó de Gloucester con el Spray, dijo que iba a recorrer el Caribe y los ríos de Suramérica, y nunca más se supo de él. Tampoco apareció el balandro. La fecha exacta de su desaparición se desconoce: se la ubica en algún punto del Atlántico occidental, entre fines de 1909 y comienzos de 1910. Tenía sesenta y cinco años. Algunos registros lo dan por desaparecido oficialmente el 14 de noviembre de 1909, otros lo extienden hasta el año siguiente. Lo que se repite en los papeles es lo mismo que se repite en el mar: no hubo testigos, no hubo pedido de auxilio, no hubo hallazgo.
Quiero detenerme aquí, porque la historia suele apurarse hacia la gloria y dejar afuera lo que más cuesta mirar. Slocum no era un héroe de manual, sino un hombre práctico al que el oficio le alcanzó para resolver cada problema con los elementos que tenía a mano: tachuelas, un reloj roto, un velero reconstruido por él mismo. La fama que le llegó después de la vuelta al mundo, con traducciones y reediciones del libro en varios países, no lo ancló a puerto. Lo empujó otra vez al agua. Y en esa última salida se llevó lo único que nadie podía reconstruirle: la chance de volver a contar la historia.
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