El Monumental le dijo basta al reloj y la noche quedó en manos del Cuti
Argentina le gana 1-0 a Benín con un cabezazo de Otamendi que valió como sentencia. La previa fue una fiesta, el primer tiempo fue un trámite y la pelota, otra vez, terminó en la red gracias al Diez.

A veces el viento en el Monumental no es viento, es una declaración de amor. Anoche soplaba desde las tribunas y barría con cualquier cálculo táctico: la noche era de Leo y nada ni nadie iba a arruinarla. Ni siquiera un árbitro que, digamos, se tomó su tiempo para darle a la jornada el ritmo que merecía.
Porque el partido arrancó con un dato que lo dice todo: a los diez minutos, el referí paró la pelota. Así, literal. Detuvo el juego para que la gente aplaudiera a Messi, que levantó los brazos mientras se prendían bengalas en laPopular. Hubo bengalas, hubo himno cantado a todo pulmón y hubo una camiseta gigante con el diez que cubrió media cancha. Los hijos del capitán lo acompañaron al campo, y la voz del estadio pasó lista por campeones de 78, 86, 2022 y un montón de camadas en el medio. La previa fue más larga que el primer tiempo, pero nadie se quejó.
Cuarenta y cinco minutos que no se van a recordar
La primera mitad fue un compendio de lo que pasa cuando un equipo grande se pone el traje de fiesta antes de tiempo. Argentina manejó la pelota, sí. La movió de un lado al otro, también. Pero le faltó profundidad y sobró imprecisión. El Dibu Martínez tuvo que aparecer un par de veces para sostener el cero, primero ante un remate de Olaïtan y después ante una jugada de Ouorou. Mientras tanto, en el arco de enfrente, Dandjinou se agigantó: le sacó un tiro libre al Diez, le ganó un mano a mano al Araña y mostró que venir a despedir a un campeón del mundo no le había quitado el sueño.
Messi probó de todas las formas posibles. Un centro de De Paul que le quedó servido en el área chica, zurda cruzada, pelota afuera. Un pase del Toro Martínez, control y disparo, todo desviado. El Diez era el eje de cada avance, pero Benín se cerraba con orden y le negaba los huecos. Julián Álvarez entró por el medio, gambeteó dentro del área y volvió a chocar con el arquero. La noche pedía gol y el Monumental empezaba a impacientarse.
El cabezazo que hizo justicia
Y entonces, cuando el segundo tiempo apenas se acomodaba, apareció lo que tenía que aparecer. Centro desde la izquierda del capitán, peinada en el área y el Cuti Otamendi, que de central tiene más oficio que muchos delanteros, la empujó con la derecha. Gol. Un grito que sacudió las tribunas y que, siendo sinceros, fue un premio más para el que la puso que para el que la empujó. Porque la jugada la armó Messi con esa pausa que solo tienen los que saben que el tiempo se detiene cuando ellos quieren.
El 1-0 le dio algo de calma al equipo de Scaloni, que mandó a la cancha a los mismos once del primer tiempo. El DT había decidido no tocar nada, consciente de que la noche no era de esquemas sino de emociones. Mientras tanto, en el entretiempo, Gaspar Benegas le puso rock al homenaje y la cancha entera cantó. Hubo llantos, hubo selfies con los hijos, hubo banderas con la cara del Diez. Hubo, sobre todo, la sensación de que algo terminaba para empezar otra cosa.
El partido sigue, la ventaja es mínima y Benín ya demostró que no vino a hacer turismo. Pero la pregunta del medio millón ya tiene respuesta: lo que hay que destacar de la noche no es el resultado ni el gol del Cuti, es la imagen del Monumental entero detenido a los diez minutos, aplaudiendo a un tipo que todavía no había tocado la pelota. Eso, amigos, no se repite. La que viene, con estadio lleno otra vez y el corazón todavía en la garganta, va a costar digerirla.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo


Se conoció el cronograma de las primeras 10 fechas de la Liga Profesional: los detalles de los días y horarios

Quién es el delantero que busca el Galatasaray para reemplazar a Icardi en medio del escándalo con Wanda Nara
