El nódulo pulmonar de tres milímetros que preocupa a León XIV y por qué los especialistas piden no alarmarse
El Papa será operado antes de su gira latinoamericana de noviembre. Neumólogos e infectólogos consultados coinciden en que el hallazgo es pequeño, que más del 60% de estos nódulos son benignos y que la conducta suele ser preventiva antes que de urgencia.

Me acomodé en la sala de espera del consultorio con el diario del domingo abierto en la página de internacionales y una pregunta que me venía rondando desde la mañana: hasta qué punto tiene que temblarle la mano a un paciente cuando un médico le dice que tiene un nódulo en el pulmón de apenas tres milímetros, y sin embargo le proponen pasar por el quirófano. La noticia cayó durante la semana: León XIV, el Papa, anunció que será operado de un nódulo pulmonar antes de su gira latinoamericana de noviembre, una lesión detectada en controles de rutina y que sus médicos decidieron extirpar de manera preventiva. La palabra prevención, en estos casos, es casi una muletilla médica que conviene desmenuzar para no asustarse de más ni confiarse de menos, y por eso me senté a conversar con dos especialistas que siguen estas lesiones todos los días.
Qué es un nódulo pulmonar y por qué aparece en un estudio de rutina
Un nódulo pulmonar es, en pocas palabras, una formación redondeada u opacificada que aparece en el pulmón y que, en la enorme mayoría de los casos, se descubre de manera completamente accidental, durante una radiografía de tórax o una tomografía computarizada que se pidió por otro motivo. Esa sola presencia, aclaran los especialistas, no equivale ni remotamente a un diagnóstico de cáncer: es apenas una manchita que el ojo radiológico detecta y que, a partir de ese momento, hay que caracterizar para decidir qué hacer con ella. Por eso el hallazgo del Papa, que se dio en controles médicos habituales, encaja dentro del escenario más frecuente con el que se topan los neumólogos en la consulta diaria.
“Tres milímetros no es importante. Es por prevención.”Ana María Putruele, neumonóloga, exjefa de la División Neumonología del Hospital de Clínicas José de San Martín (UBA)
Putruele me recibió con la tranquilidad de quien lleva décadas explicando lo mismo: una lesión de ese tamaño, dice, es muy pequeña para un pulmón, y la decisión de operarla responde más a un criterio preventivo que a la existencia de una amenaza de gran tamaño o de comportamiento agresivo. Del otro lado del mostrador, el infectólogo Alejandro Garcés, jefe médico de Helios Salud, me completó la película con un número que siempre conviene tener a mano: más del 60% de los nódulos solitarios de pulmón terminan siendo benignos. Muchos de ellos son granulomas, pequeñas cicatrices que dejaron procesos inflamatorios previos que en su momento pasaron inadvertidos, y otros corresponden a procesos infecciosos activos o, en menor proporción, a enfermedades malignas. Por eso, insistió Garcés, el análisis de un nódulo jamás se limita a mirar el tamaño en milímetros.
Cómo se decide si se opera, se biopsia o se controla
- Tamaño: cuanto más grande, mayor es la sospecha y más invasiva puede ser la conducta médica.
- Forma de los bordes: si son regulares se inclina el diagnóstico hacia benignidad; si son espiculados, la preocupación crece.
- Densidad de la imagen, que puede ser sólida, subsólida o en vidrio esmerilado, un dato clave para los radiólogos.
- Presencia de calcificaciones dentro del nódulo, que suele asociarse a lesiones antiguas y benignas.
- Antecedentes del paciente, especialmente tabaquismo, exposición a humo de leña o enfermedades respiratorias previas.
- Comparación con estudios anteriores: si el nódulo ya estaba en tomografías de años atrás sin crecer, se inclina la balanza hacia una lesión quiescente.
Garcés fue muy claro cuando le pregunté si una imagen por sí sola alcanza para definir el diagnóstico: nunca uno puede asegurar qué es un nódulo con solo la tomografía, me dijo, y por eso la evaluación suele escalar hacia un seguimiento con nuevas imágenes, hacia una tomografía por emisión de positrones o, cuando el caso lo justifica, hacia una biopsia. Las llamadas guías Fleischner, que son la referencia internacional en este terreno, contemplan distintas conductas según el nódulo sólido supere o no los ocho milímetros, un umbral que en la práctica funciona como una frontera de mayor vigilancia. Putruele, en tanto, quiso dejar una frase que a mí, sentada en aquella sala de espera, me sirvió como un suspiro: en general, el pronóstico de un nódulo pequeño es bueno, aunque aclaró que esa valoración depende de la ubicación exacta, de las características radiológicas, del tipo de tumor si por desdicha resultara maligno y de la presencia o no de otros problemas de salud asociados.
Antes de cerrar la libreta, me acordé de Rubén, un vecino de 53 años que el año pasado se hizo una tomografía abdominal por unas molestias digestivas y volvió a su casa con un nódulo pulmonar de cuatro milímetros como souvenir inesperado. Vivió varias noches en blanco hasta que su neumonóloga lo sentó frente a la pantalla, le mostró el histórico de estudios y le explicó que esa manchita ya estaba igual en una tomografía de 2019. Hoy, cada vez que le pregunto cómo sigue el tema, me contesta lo mismo con una media sonrisa: yo lo que espero, Marta, es que dentro de cinco años el nódulo siga exactamente igual de aburrido que ahora, y que la próxima vez que me tengan que abrir el pecho sea, por favor, por otra cosa.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo



