El pediatra que arrancó con el Heller y se jubila sin soltar la guardia: "La pediatría empieza antes de que aparezca la enfermedad"
Marcelo Sotomayor llegó al Hospital Heller de Neuquén en sus primeros días de funcionamiento, en 1995, y allí sigue, a los 59 años, a punto de jubilarse. Repasa cómo cambiaron los males infantiles en tres décadas y resume las recomendaciones que repite en cada consultorio: lactancia, prevención de accidentes y límites claros con las pantallas.

La sala de espera del Hospital Heller de Neuquén, un martes a la mañana, tiene esa cadencia familiar que sólo se entiende cuando uno lleva décadas escuchando el timbre del consultorio. Hay mamás con bebés en brazos, abuelos que traen a sus nietos para el control, alguna mamá sola con un nene con yeso en el brazo. En el consultorio de Marcelo Sotomayor, 59 años, pediatra desde hace 31, hay un cartel hecho a mano con la agenda del día y, pegado a la pared, un poster viejo de un congreso de pediatría al que todavía les saca foto a los residentes cuando pasan por ahí. Atiende, ausculta, conversa con las familias, y a la tarde tiene clases en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Comahue. La jubilación, que en teoría tendría que haber llegado en julio pasado, se postergó hasta enero por decisión propia. Es que a este médico, nacido prematuro en 1966 con apenas 1,1 kilo de peso, le cuesta imaginar la vida lejos del hospital en el que creció profesionalmente.
Porque el Heller es, literalmente, la casa profesional de Sotomayor. Estudió medicina en la Universidad de La Plata, hizo la residencia de pediatría en el Hospital Castro Rendón, también de Neuquén, y en 1995 se incorporó al Heller cuando la institución recién empezaba a funcionar. Participó de las primeras semanas operativas, cuando el equipo todavía resolvía problemas de infraestructura básica antes de recibir pacientes. Fue parte del grupo que atendió al primer bebé nacido en ese hospital, y desde entonces no se movió. Con el tiempo sumó la docencia: hoy es instructor de residencias y profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Comahue. Muchos de quienes fueron sus alumnos ya son sus colegas en el mismo servicio, lo cual lo llena de un orgullo que él define con una frase simple: ver a los pibes formarse y volar.
Lo que cambió en tres décadas: de la desnutrición a la obesidad
En 31 años de especialidad, Sotomayor vio cómo el perfil de los problemas de salud infantil se transformó de manera visible. Cuando arrancó, la desnutrición era una de las principales preocupaciones. Hoy, en cambio, ese lugar lo ocupa la obesidad, junto con situaciones nuevas vinculadas al consumo de sustancias durante la infancia y la adolescencia, un fenómeno que en los años noventa era marginal y hoy aparece con frecuencia en las consultas. "Cambiaron las preocupaciones, pero no la esencia: el pediatra sigue acompañando a la familia", resume. Esa idea, la de que la tarea pediátrica empieza mucho antes de que aparezca una enfermedad, es la columna vertebral de su manera de trabajar y, también, de los consejos que repite en cada consulta.
Los tres consejos que se repiten en cada consultorio
- Lactancia materna exclusiva hasta los seis meses: sigue siendo una de las principales recomendaciones, y Sotomayor la defiende a rajatabla frente a cualquier alternativa comercial.
- Prevención de accidentes domésticos: las quemaduras y las caídas continúan siendo causas frecuentes de consulta de urgencia en niños pequeños, por lo que insiste con revisar enchufes, cocinas, escaleras y balcones.
- Límites claros con las pantallas: antes de los cuatro años, nada de dispositivos; después de esa edad, tiempos acotados y supervisión permanente de los adultos.
“La actividad al aire libre compensa. Es una forma de mantener el equilibrio y la cabeza ordenada, sobre todo cuando uno trabaja con tanto desgaste emocional.”Marcelo Sotomayor, pediatra del Hospital Heller
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