Jueves, 3 de septiembre de 2026
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Voces de Santa Cruz

El robot que golpea la puerta de tu casa en San Francisco: limpialo por treinta dólares la hora, aunque del otro lado de la cámara haya alguien moviéndole los hilos

Tau Robotics ya ofrece humanoides controlados a distancia para aspirar, fregar la cocina y dejar el baño como nuevo. La inteligencia artificial asiste, pero la mano invisible que termina el trabajo es, literalmente, una mano humana.

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Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · 3 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Corría 2025 cuando en las calles de San Francisco empezó a verse una imagen que hasta hace poco pertenecía al terreno de la ciencia ficción: un robot humanoide descendiendo por la rampa de una camioneta, cruzando la vereda y entrando solo a una casa particular para ponerse a limpiar. No era un rodaje ni una demostración para inversores. Era el primer servicio comercial de limpieza domiciliaria atendido por humanoides que dirige la empresa Tau Robotics, con un precio de lanzamiento de treinta dólares la hora.

Lo que se ofrece es tan concreto como aspirar el piso, repasar la encimera de la cocina y dejar reluciente el lavabo y el inodoro del baño. Lo singular es cómo se ofrece: cada robot no trabaja solo. Está siendo piloteado por un operador humano sentado en una ubicación central, mientras la inteligencia artificial de la máquina se ocupa de interpretar el entorno y ejecutar las acciones concretas. Es una especie de telepresencia con cuerpo metálico, un híbrido entre la promesa de la autonomía total y la realidad de lo que la tecnología todavía no puede hacer por sí misma.

Por qué todavía hay una persona detrás de cada robot

El propio director ejecutivo y cofundador de Tau Robotics, Alex Koch, lo dijo sin rodeos: la inteligencia artificial disponible hoy no alcanza para que un humanoide se las arregle solo dentro de una casa real, con sus muebles desordenados, sus cables en el piso y sus mascotas cruzándose en el camino. Por eso la compañía eligió un punto intermedio: presencia física del robot en el hogar, control humano a distancia y asistencia de IA para leer lo que pasa alrededor.

Esa arquitectura le permite a la empresa empezar a facturar en hogares verdaderos, sin necesidad de esperar a que la autonomía plena sea técnicamente viable. Entre las tareas más firmes del sistema aparece el aspirado de pisos, seguida por la limpieza de superficies en la cocina. Cada movimiento cuesta treinta dólares por hora, un precio que todavía carga el salario del operador humano que sostiene la sesión de principio a fin.

  • Aspirado de pisos como tarea más consolidada del servicio.
  • Limpieza de encimeras y superficies en cocinas reales.
  • Aseo de lavabo e inodoro en baños domésticos.
  • Supervisión humana remota durante toda la sesión.
  • IA dedicada a interpretar el entorno y asistir en la ejecución.
  • Precio de lanzamiento: treinta dólares la hora en San Francisco.
“La máquina realizó un trabajo sólido y ninguna tarea tuvo que repetirse.”Primera clienta de Tau Robotics en San Francisco

Un mercado nuevo, no solo una empresa de limpieza más

El detalle más interesante lo dio el propio Koch cuando contó quiénes fueron los primeros en animarse: buena parte de los usuarios iniciales son personas que nunca habían contratado un servicio de limpieza profesional o que, como mucho, lo hacían ellas mismas dentro de su propio hogar. La propuesta, entonces, no apunta únicamente a robarle clientes a las empresas de limpieza tradicionales, sino a abrir un mercado que hasta ahora ni siquiera existía.

En el horizonte de la compañía aparece la promesa de bajar costos a medida que la automatización avance y, eventualmente, ofrecer una solución accesible para limpiar una vivienda completa de punta a punta. Pero entre esa promesa y la sala de cualquier casa todavía hay una distancia considerable. Lo que hoy funciona son tareas puntuales, bien delimitadas, que el sistema ya domina y que va puliendo de a poco, sesión tras sesión.

Confieso que la imagen me queda dando vueltas: un robot golpeando la puerta, la puerta abriéndose y del otro lado no habiendo nadie, aunque sí, alguien, lejos, moviéndole los dedos a una máquina que parece viva. Hay algo profundamente humano en eso, algo que habla de cómo vamos incorporando lo nuevo sin soltar del todo lo viejo. Mientras la autonomía total llega, lo que nos limpia la casa no es del todo un robot: es, también, una persona que no sabemos dónde se sienta. Y eso, lejos de asustarme, me resulta una de las imágenes más honestas que dejó esta década sobre cómo conviven, en una misma cocina, el futuro y la costumbre.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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