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El Rojo rifó hasta el último cartucho y se quedó sin recargas

Avellaneda despidió a Ávalos, Lomónaco y Gutiérrez en el cierre del libro de pases, cobró dólares frescos y, otra vez, no trajo a nadie. Con el torneo ya en marcha, el técnico tendrá que armar el rompecabezas con lo que queda.

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Ignacio VillarroelDeportes · 5 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Acá me van a disculpar, pero a esta altura del campeonato vender a los mejores sin traer un solo refuerzo ya no es una decisión deportiva, es una forma de entender el fútbol. Y vaya uno a saber cuál es, porque desde la tribuna no se entiende. El Rojo de Avellaneda cerró el mercado de pases con tres salidas que duelen y la mochila más liviana: Gabriel Ávalos, Kevin Lomónaco y el chileno Gutiérrez dejaron el club, la plata entró y las formaciones, otra vez, se quedaron esperando.

El caso del paraguayo es el que mejor resume la película. El Poeta se fue a Olimpia por 950.000 dólares, una cifra que en la Argentina de hoy suena a vuelto. En la operación se incluyó la cancelación de la tercera cuota y un porcentaje de la cuarta por el pase de Zabala, más compromisos viejos con el propio delantero. O sea: buena parte de esos dólares ni siquiera quedaron en la caja del club, se fueron por la puerta de al lado a pagar cuentas pendientes.

Lomónaco, la venta más grande

Por el central pasaron 5,5 millones de dólares desde Elche de España. Suena a cifra seria, pero otra vez hay que mirar la letra chica. Con esa plata el Rojo canceló la deuda que mantenía con el club español por el pase de Marcone, y Bragantino, dueño de un porcentaje, también vio los suyos. Así, otra venta rimbombante terminó siendo, en los papeles, un pasamanos entre instituciones para cerrar acuerdos anteriores.

  • Gabriel Ávalos pasó a Olimpia de Paraguay por 950.000 dólares, incluyendo cancelación de cuotas y compromisos previos.
  • Kevin Lomónaco se fue al Elche de España por 5,5 millones, fondos que en gran parte se destinaron a pagar deudas con el propio club español y con Bragantino.
  • Gutiérrez, la figura ofensiva del último tramo, también emigró sin que llegara un reemplazante.
  • No hubo incorporaciones en esta ventana, pese a las vacantes en ataque y defensa.
  • El patrón se repite: Loyola salió a Pisa con obligación de compra de 5,5 millones de euros, y Barreto pasó a Pachuca, siempre con ventas atadas a obligaciones financieras.

Lo más grave no es el ajuste, que en un club con la economía rota puede entenderse. Lo grave es el momento. El campeonato ya tiene varias fechas jugadas, el cuerpo técnico de Vaccari llevaba varias semanas trabajando con Ávalos y Lomónaco como piezas centrales y de un día para el otro se quedó sin ellos. Armar un equipo con pretemporada es una cosa; rearmarlo en pausa, con el torneo corriendo, es otra bien distinta.

La pregunta que sobrevuela Avellaneda

¿Puede competir este Independiente con lo que queda? Por historia, el Rojo siempre se las rebusca. Por presente, el margen se achicó otra vez. La dirigencia convirtió ventas en deuda cancelada y entregó, otra vez, su mejor materia prima antes de reforzarse. El equipo se las va a tener que ingeniar con los pibes, con algunos nombres que estaban en el banco y con la épica de siempre, esa que tantas veces salvó la ropa en el Libertadores de América. La que viene, otra vez, pinta brava. Y esta vez no hay recambio en el banco.

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Ignacio VillarroelDeportes

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