Saltar al contenido
Miércoles, 30 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Voces de Santa Cruz

Voces de Santa Cruz

Portada — Vida —

Falta de aire y tos seca: cuando lo que parece un mal paso del tiempo esconde cicatrices en los pulmones

Especialistas alertan que el diagnóstico de fibrosis pulmonar puede demorar hasta dos años y piden no naturalizar la fatiga; las enfermedades autoinmunes también pueden lesionar el tejido pulmonar sin dar síntomas respiratorios.

MM
Marta MansillaSociedad y salud · · 5 min de lectura
Falta de aire y tos seca: cuando lo que parece un mal paso del tiempo esconde cicatrices en los pulmones

Me lo imagino tantas veces que ya parece una postal: una sala de espera cualquiera de un hospital público porteño, con las butacas de un azul gastado y un ventilador de techo que no termina de sacarse de encima el calor de febrero. Una mujer de 57 años, María, se acomoda el pañuelo en la boca porque la tos no la deja en paz, y mira el papel que le dieron en admisión con un estudio que no entiende bien. La Marta Mansilla, trabajo en esta sección desde hace años, y cada vez que paso por una de esas salas me acuerdo de que hay enfermedades que tardan demasiado en tener nombre, y que mientras tanto la gente se acostumbra a sentir mal como si fuera parte del deber ser.

Es lo que pasa, según los especialistas, con la fibrosis pulmonar: un conjunto de enfermedades que dejan cicatrices permanentes en el tejido de los pulmones y que pueden dificultar la llegada de oxígeno a la sangre. En diálogo con colegas y con pacientes que fueron pasando por la consulta, lo que se repite es que el diagnóstico puede demorar hasta dos años desde los primeros signos, y que en ese trecho la falta de aire y la fatiga se van aceptando como cosas de la edad, sobre todo en personas mayores de 60, aunque también aparecen en adultos más jóvenes.

Las señales que no conviene dejar pasar

  • Dificultad para respirar al subir una escalera, cargar las bolsas del súper o caminar una cuadra de más, cuando antes esas actividades se toleraban sin problema.
  • Tos seca persistente, sin resfrío que la explique y que se sostiene durante semanas.
  • Falta de aire que se intensifica en pocos días o que aparece ante esfuerzos mínimos, una situación que requiere consulta urgente.
  • Ruidos o sensación de opresión en el pecho que aparecen de manera sostenida y no se van solos.

Juan Ignacio Enghelmayer, neumonólogo del Hospital de Clínicas especializado en enfermedades pulmonares intersticiales, es claro al respecto: la pérdida de capacidad para hacer esfuerzos no debe atribuirse automáticamente al envejecimiento. Aunque estas enfermedades son más frecuentes después de los 60 años, la edad no vuelve normal la falta de aire, y naturalizarlo es uno de los motivos por los que el cuadro se diagnostica tarde y ya con lesiones avanzadas.

Por eso el recorrido diagnóstico suele empezar por una buena conversación: el profesional revisa los antecedentes, las posibles exposiciones a partículas inhaladas como polvo de ciertos trabajos o humo de cigarrillo, los medicamentos que se toman de manera crónica y los resultados de estudios respiratorios. Después llega la tomografía de alta resolución, que permite ver si el tejido pulmonar tiene esos cambios típicos que delatan la fibrosis, y en la auscultación el médico puede detectar un sonido particular, parecido al crujido del velcro cuando se despega, que es un indicio más a interpretar en conjunto y nunca por sí solo.

Cuando el problema llega desde una enfermedad autoinmune

Hay un punto que a mí, como cronista, me llamó especialmente la atención y que quiero compartir porque cambia la manera de cuidarse: en personas con enfermedades autoinmunes, el compromiso pulmonar no siempre avisa con tos ni con falta de aire. Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía, lo explica con dos ejemplos bien concretos. En el caso de la esclerosis sistémica, la evaluación pulmonar se pide desde el inicio, apenas confirmado el diagnóstico, porque la afectación puede estar presente aun cuando el paciente se sienta bien. En artritis reumatoidea, en cambio, la búsqueda se concentra en quienes tienen determinados factores de riesgo, como el tabaquismo o ciertos marcadores en sangre, porque allí la probabilidad de lesión pulmonar sube de manera considerable y amerita un seguimiento más estricto.

“En una cohorte argentina en la que participé, el 35 por ciento de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial asociada a autoinmunidad no tenía síntomas respiratorios, y dentro de ese grupo el 40 por ciento tenía una afectación extensa en la tomografía. Por eso los controles no dependen solo de sentir tos o falta de aire.”Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía

La fibrosis puede estar vinculada, justamente, con enfermedades autoinmunes, con la inhalación de ciertas partículas en el ambiente laboral o domiciliario, con algunos medicamentos o con causas que no se terminan de identificar, y que en la jerga médica se denominan idiopáticas. Diferenciar esos orígenes no es un detalle académico: define el tratamiento, los controles y, en muchos casos, la velocidad con la que la enfermedad va a poder enlentecerse, porque hasta ahora los recursos terapéuticos sirven más cuando se actúa temprano sobre un tejido que todavía conserva zonas sanas, y mucho menos cuando la cicatriz ya se extendió por ambos pulmones.

Vuelvo a pensar en María, la de la sala de espera, y en otros como ella que fueron llegando a la consulta después de meses deir diciendo que estaban cansados, que ya no eran los de antes, que la edad no perdona. A María le gustaría, me dijo una vez mientras le tomaba un café en el pasillo, que la próxima vez que alguien sienta que le falta el aire subiendo la escalera no piense en los años que tiene sino en pedir un turno, aunque sea para descartar, porque mientras la fibrosis se esconde detrás de un suspiro cansado, los pulmones van perdiendo terreno en silencio y nadie se entera hasta que el cuerpo ya no tolera una caminata corta. La buena noticia, si es que hay una, es que existen estudios accesibles para verla, médicos formados para interpretarla y tratamientos para frenarla, y que la diferencia entre un diagnóstico a tiempo y uno tardío suele empezar en la decisión de no quedarse en casa esperando que se pase.

MM
Marta MansillaSociedad y salud

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo