Garbanzos con calamares: el guiso rápido que mejora con el paso de las horas
Una receta de cuchara que combina legumbres y mariscos sin complicaciones: lista en 20 minutos, rendidora y perfecta para armar el domingo y comer toda la semana.

Te lo digo de entrada: si pensás que mezclar garbanzos con calamares es sinónimo de pasar media tarde en la cocina, estás a punto de cambiar de idea. La fórmula que te traigo hoy se arma en 20 minutos cronometrados, usa ingredientes que conseguís en cualquier almacén del barrio y, como si fuera poco, al día siguiente está todavía mejor. ¿Suena raro? Seguí leyendo y te lo explico paso a paso.
Por qué funciona esta dupla
Las legumbres con mariscos son un clásico de la cocina de costa, pero arrastran fama de plato largo y complicado. La realidad es otra: con un buen pote de garbanzos ya cocidos —los de lata o los que herviste el finde y guardaste en la heladera— el tiempo activo en la cocina baja a 20 minutos sin resignar profundidad de sabor. El truco está en concentrar bien el sofrito y no ahogar el guiso con demasiado caldo.
- Sofrito de cebolla picada, ajo y tomate, a fuego medio, hasta que se concentre y tome color.
- Calamares limpios y cortados en aros o trozos, salteados apenas hasta que sellen por fuera.
- Garbanzos escurridos y caldo de pescado —casero o de tetrabrik, los dos sirven—, con un hervor final de pocos minutos para integrar todo.
- El resultado es un guiso corto de líquido, más parecido a un salteado húmedo que a una sopa.
El hervor final es clave: no más de cinco minutos, lo justo para que los sabores se reencuentren y el caldo quede casi como una salsa espesa. Si te pasaste de caldo, subí el fuego los últimos dos minutos y dejá que reduzca. Y un dato práctico: preparé la receta con un paquete de garbanzos de 500 gramos que conseguí por 1.200 pesos y unos anillas de calamar frescas que rondaron los 4.500 en la pescadería del barrio. Para cuatro porciones abundantes, con menos de 6.000 pesos tenés la olla resuelta.
La noche anterior es tu mejor aliada
Acá viene lo que a mí más me seduce de esta preparación: el plato está mejor al día siguiente. Los garbanzos siguen absorbiendo caldo mientras descansan en la heladera, los sabores se asientan y al recalentarlo al mediodía te queda un guiso más redondo, más untuoso. Aguanta perfecto en un recipiente hermético hasta tres días, no se pasa de textura y te ahorra cocinar en plena semana. Es comida casera lista para llevar al trabajo en un taper, sin perder dignidad ni sabor.
Y si querés variar sin complicarte, te doy tres caminos que llevan al mismo plato. La sepia aporta una textura más firme y un sabor algo más pronunciado; los chipirones, más chicos, se cocinan en menos tiempo y quedan tiernos si no te pasás de calor. Los tres cefalópodos se llevan bien con el garbanzo, así que elegí según lo que haya fresco en la pescadería.
“En lo nutricional, la dupla garbanzo-calamar es de las más equilibradas de la cocina mediterránea: proteína vegetal de la legumbre, proteína magra del marisco y grasas mínimas.”A tener en cuenta
Dónde comerlo si no querés cocinar
Si esta nota te dio ganas pero hoy no te prende la cocina, te recomiendo pasar por El Puerto, en el barrio de San Telve, donde sirven una versión similar con garbanzos, calamares y un fondo de pimentón que te reconcilia con la vida. Pedí la cazuela grande y acompañala con un vaso de vino blanco bien frío: vas a entender por qué esta dupla lleva siglos en las mesas de los puertos. Y si te copa la idea, después me contás cómo te quedó tu versión: siempre quiero saber qué cefalópodo elegiste y con qué truco lo hiciste tuyo.
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