Gripe que se complica: las señales de alarma que no conviene dejar pasar
Falta de aire, dolor en el pecho y un empeoramiento inesperado después de una mejoría son motivos para consultar sin demora. El infectólogo Dhatri Kotekal repasó las complicaciones más frecuentes y los grupos con mayor riesgo.

La sala de espera del consultorio estaba desbordada esa mañana, con una fila que se estiraba hasta la vereda y varias madres que acomodaban a sus hijos entre toses y mocos. En la puerta, un cartel improvisado pedía disculpas por la espera y recomendaba volver a casa y llamar por teléfono si los síntomas eran leves, una señal de que el virus de la temporada estaba haciendo de las suyas en el barrio. Yo había ido a buscar turno para mi vieja, de 72 años, que arrastraba una gripe desde hacía cinco días y esa noche había empeorado de golpe, justo cuando parecía que estaba mejor. En la fila, un vecino de toda la vida, Osvaldo, 58 años, me dijo que a él le había pasado lo mismo el invierno pasado y que terminó internado por una neumonía que nadie esperaba. Me acuerdo de su cara, seria, mientras me contaba que ahora cada vez que uno de sus nietos se engripa él se acerca al médico antes que nada, aunque el cuadro parezca una simple fiebre.
Esa escena vuelve cada año a los consultorios y a las guardias, y no por casualidad: la gripe, que la mayoría atraviesa como una molestia pasajera, puede dar un giro brusco y derivar en cuadros graves, incluso en personas sanas. Sentirse mejor durante unos días y volver a sentirse mal de manera repentina es, según los especialistas, una de las señales que más deberían preocupar, porque suele indicar que se montó una infección secundaria sobre un organismo todavía debilitado. La evolución del cuadro importa tanto como los síntomas del comienzo, y esa es una idea que parece no terminar de instalarse en la conversación cotidiana sobre la gripe.
Las señales que justifican una consulta sin demora
Dhatri Kotekal, especialista en enfermedades infecciosas consultado por Cleveland Clinic, repasó cuáles son las alarmas a las que conviene prestarles atención y por qué cada una de ellas puede cambiar el rumbo de la enfermedad si se actúa a tiempo, porque cuando aparecen ya no alcanza con quedarse en casa tomando té con miel y esperando que pase.
- Dificultad para respirar o sensación de falta de aire, que puede aparecer incluso en reposo.
- Dolor o presión en el pecho, un signo que nunca conviene subestimar en un cuadro gripal.
- Labios o uñas azulados, una señal de que el oxígeno en sangre está cayendo.
- Confusión, desmayo o alteración del nivel de consciencia, que indican compromiso general del organismo.
- Vómitos intensos y deshidratación severa, peligrosos en cualquier edad pero sobre todo en niños y adultos mayores.
- En los más chicos, respiración acelerada, quejido al respirar y llanto que no se deja calmar aunque se los mime.
Quiénes corren más riesgo y por qué estar sano no alcanza
La consulta temprana cobra especial importancia para quienes viven con diabetes, enfermedades renales, cardíacas o pulmonares, u obesidad, y también para los menores de cinco años, los mayores de 65 y las embarazadas. En personas con afecciones previas, el deterioro puede producirse en apenas 24 o 48 horas, algo que el infectólogo Dhatri Kotekal remarco como dato clave para no demorar la consulta médica. Estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, pero no lo elimina, una aclaración que suele caer mal porque la gente tiende a pensar que la gripe grave es un problema ajeno.
Aunque la mayoría de las personas se recupera en una a tres semanas, el esfuerzo que hace el cuerpo para enfrentar la infección puede desencadenar complicaciones que van mucho más allá del catarro común. Kotekal señaló a la neumonía como la más habitual entre las potencialmente mortales, ya sea por el avance del propio virus hacia los pulmones o por una infección bacteriana que se aprovecha del sistema inmune debilitado por el paso de la influenza. También aparecen en la lista la sepsis, que es una reacción extrema del sistema inmunitario capaz de dañar tejidos y órganos propios; el empeoramiento del asma y de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica; la insuficiencia respiratoria; y, en pacientes con enfermedades cardíacas previas, la alteración del pulso y la presión arterial que puede terminar en un infarto o en un accidente cerebrovascular.
Otro punto que el especialista dejó en claro es que tanto la influenza A como la B pueden causar cuadros graves, de modo que el tipo de virus que circula no descarta el riesgo individual de cada paciente, una información útil para dejar de lado la idea de que hay variantes inofensivas. La herramienta más firme con la que se cuenta para evitar este tipo de desenlaces sigue siendo la vacunación anual, recomendada por el infectólogo como la principal estrategia de prevención, junto con la consulta oportuna cuando aparece alguna de las señales de alarma mencionadas.
Cuando salí del consultorio, después de dejar a mi vieja en la sala de clínica médica, me crucé otra vez con Osvaldo, que ya tenía el turno pedido para su nieto menor, y me dijo casi al pasar, mientras se ajustaba el cuello de la campera, que ojalá el próximo invierno lo agarre más prevenido y no aprendiendo a los golpes como le pasó a él. Es una frase chica, de esas que se dicen esperando que la próxima vez la historia sea distinta, y creo que resume bastante bien lo que la gripe puede enseñarnos cuando decide complicarse.
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