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Humboldt, el basset hound que se sienta en el bosque y le cambia la jornada a los científicos patagónicos

Vive en Villa La Angostura, tiene dos años y trabaja de manera voluntaria con guardaparques e investigadores de varios parques nacionales. Su olfato permite confirmar presencia de huillín, huemul, puma, gatos silvestres y hasta un parásito que amenaza a peces nativos.

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Marta MansillaSociedad y salud · 13 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

La sala de espera de la casa de los Tersoglio, en Villa La Angostura, no se parece a la de un consultorio médico pero tiene algo de ese clima de pasillo previo al parte: una campera colgada con olor a leña de lenga, las botas embarradas junto a la puerta y, en el piso, un basset hound color caramelo de dos años llamado Humboldt que levanta las orejas largas apenas escucha el ruido de las llaves. Es el inicio de otra jornada en el bosque, de esas que la familia repite casi sin pensarlo y que, sin embargo, mueven hilos en laboratorios y en oficinas de guardaparques repartidas entre el Nahuel Huapi, el Lanín y, cada vez más, Los Alerces.

En medio del bosque patagónico, Humboldt puede detenerse de golpe, fijar la nariz en un punto que a simple vista parece vacío y luego cruzar la mirada con Alex Tersoglio, su entrenador y compañero de andanzas. Esa señal silenciosa, apenas un cambio de postura, alcanza para que el equipo sepa que el perro encontró lo que estaba buscando. Alex maneja el protocolo desde hace años y lo cuenta con la calma de quien ya vio muchas veces esa escena en el mismo tipo de coihue o de ciprés. Lo que para un observador distraído parece una pausa cualquiera es, en realidad, el resultado de un entrenamiento minucioso que convierte a un perro de compañía en una herramienta de conservación.

Un olfato que ve lo que el ojo no

Lo que distingue a Humboldt de cualquier otro perro que se cruce en una caminata es su capacidad para identificar, a partir de pequeñas moléculas de olor presentes en materia fecal, presencia o ausencia de especies sin necesidad de verlas. Para una persona, esos rastros pasan inadvertidos; para el hocico del basset hound, son una señal nítida que le permite confirmar si un animal estuvo o no en la zona. Esa habilidad, que parece salida de una novela, es la razón por la que guarda­parques e investigadores lo convocan cada vez más seguido.

La lista de especies que rastrea incluye algunas de las más emblemáticas y a la vez más comprometidas de la Patagonia: el huillín, una nutria nativa cuya población se redujo drásticamente; el huemul, ciervo andino en peligro; el gato huiña, el gato montés y el puma. También colabora en la detección de especies invasoras como el visón, cuya presencia preocupa a los equipos técnicos por el daño que provoca sobre la fauna local.

  • Huillín: nutria nativa cuya recuperación depende de monitoreos finos en ríos y lagos.
  • Huemul: ciervo andino en peligro, con poblaciones muy pequeñas y dispersas.
  • Gato huiña y gato montés: carnívoros pequeños, difíciles de avistar y de registrar.
  • Puma: depredador tope cuyo seguimiento se hace en parte por rastros.
  • Visón: especie invasora que se busca localizar para controlar su avance.

La marcación de Humboldt es pasiva y, por eso, muy fácil de leer en el campo. Cuando identifica lo que buscaba, se sienta, apunta con la nariz hacia el punto exacto y sostiene contacto visual con Alex, esperando la orden. Si el lugar preciso es difícil de determinar, recibe el comando “show me” y vuelve a acercar el hocico al sitio, ajustando la señal. En zonas con piedras, espinas o raíces donde no puede sentarse, permanece parado e inmóvil y repite el gesto visual, lo que para los investigadores equivale a decir “acá hay algo”.

De Darwin a Humboldt: una saga familiar al servicio de la ciencia

Humboldt no es el primer perro de la familia que trabaja con científicos. Antes que él estuvo Darwin, un perro anterior que participó en investigaciones similares hasta su muerte y dejó una vara alta. Alex y Kenia, su hija, decidieron continuar ese legado y hoy los tres forman un equipo que se mueve por distintos parques nacionales de la región de manera voluntaria, sin cobrar por el servicio. Esa gratuidad, sumada a la calidad de los resultados, los convirtió en un recurso al que los guardaparques suelen llamar cuando hace falta confirmar o descartar presencia de fauna en un área.

El trabajo actual incluye proyectos del Parque Nacional Nahuel Huapi para proteger al huillín, investigaciones sobre carnívoros como el gato huiña, el gato montés y el puma, y tareas vinculadas al Parque Nacional Lanín. A eso se suma un interés creciente del Parque Nacional Los Alerces, donde los equipos técnicos evalúan incorporarlo a trabajos sobre huemul y huillín. Cada convocatoria suma kilómetros en la camioneta y horas de caminata bajo lluvia, viento o nieve, un detalle que Alex menciona con naturalidad chaque vez que le preguntan por el día a día.

El desafío más reciente, y también el más pequeño hasta ahora, es el que tiene a Humboldt entrenando un olfato nuevo. Los investigadores le propusieron detectar un parásito que afecta a peces nativos de la región. El objetivo inicial es comprobar si puede reconocer su presencia en el agua; más adelante, si logra identificarlo dentro del propio caracol que lo porta, su olfato podría agilizar tareas que hoy demandan horas de laboratorio. De conseguirlo, el basset hound pasaría de rastrear mamí­feros a colaborar en estudios de sanidad de ecosistemas acuáticos, un salto que en la casa de los Tersoglio se sigue con la mezcla de ilusión y método que los caracteriza.

“Cada vez que Humboldt se sienta en el bosque y me mira, sé que algo cambió en ese lugar, aunque yo no lo vea. Eso nos ahorra tiempo y nos ayuda a cuidar lo que queda.”Alex Tersoglio, entrenador de Humboldt

En el living de Villa La Angostura, entre mate y planes, Kenia sigue de cerca los próximos pasos del proyecto. Dice, sin grandilocuencia, que lo que más le interesa es que la gente entienda que un perro puede ser parte de una investigación seria, y que ese puente entre la casa y el laboratorio se sostiene con entrenamiento, paciencia y caminatas bajo la lluvia. Mientras tanto, Humboldt duerme a sus pies, con las orejas largas apoyadas sobre las botas embarradas, listo para la próxima salida al bosque donde, otra vez, va a detenerse, fijar la nariz en un punto aparentemente vacío y cruzar la mirada con Alex para confirmar lo que la ciencia necesita saber.

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Marta MansillaSociedad y salud

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