Jamaica, la isla que me sorprendió porque tiene mucho más que playa
Recorrí el Caribe y descubrí un destino que combina naturaleza, aventura y cultura con vuelos directos desde Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Salta, Tucumán y Rosario vía Panamá.

Les confieso algo: cada vez que escuché Jamaica imaginaba playas paradisíacas y poco más. Pero cuando empecé a investigar este destino para el lector argentino, me cayó la ficha de que estaba equivocado. Y de qué manera. Esta isla del Caribe es un universo entero, con montañas que dan uno de los cafés más famosos del mundo, ríos color cristal donde se hace rafting, y una identidad cultural que late en cada esquina. Lo mejor es que Argentina lidera el turismo latinoamericano hacia allá, así que no somos precisamente unos desconocidos para los jamaiquinos.
Por qué al argentino le fascina Jamaica
Lo charlé con Luciana Alonso, gerente de ventas para la región de la Oficina de Turismo de Jamaica, y sus palabras me parecieron un espejo. Me dijo que al argentino le gusta conocer el destino de verdad, salir, caminar, hacer compras, sentarse en un bar, tomarse un trago en una linda playa. Y sumó algo que me quedó dando vueltas: Jamaica es mucho más que solamente sol y playa. La frase me sonó a invitación, a un desafío casi. Porque cuando uno piensa en el Caribe suele quedarse en la postal, y esta isla pide que la rasguemos un poco más.
“Al argentino le gusta conocer un poco del destino también, le gusta salir, caminar, hacer compras, sentarse en un bar, tomarse un trago en una linda playa. Y Jamaica es mucho más que solamente sol y playa.”Luciana Alonso, gerente de ventas para la región de la Oficina de Turismo de Jamaica
- Tirolesa, rappel y rafting en ríos de agua cristalina en la zona de Ocho Ríos.
- Degustación de chocolates artesanales y especias locales en recorridos gastronómicos.
- Senderismo y ciclismo por las Blue Mountains, cuna de un café reconocido mundialmente.
- Visita a destilerías de ron tradicional para conocer el alma líquida de la isla.
- Tours a parques de aventura y propuestas de ecoturismo para los que buscan contacto directo con la naturaleza.
Playas sin sargazo y montañas con café
Acá viene un dato que me parece clave para los que viajan con chicos o simplemente odian complicarse: las playas de Negril tienen aguas calmas, sin oleaje fuerte y sin presencia de sargazo. Eso las vuelve espacios seguros para familias y lugares ideales para tirarse a hacer esnórquel o buceo sin sorpresas. Del otro lado de la postal, en el interior, las Blue Mountains son otra Jamaica: senderos entre cafetales, aire fresco y el aroma de uno de los cafés más codiciados del planeta. Es como cambiar de país sin subirse a un avión.
La infraestructura hotelera acompaña cualquier presupuesto: hay complejos de lujo, propuestas exclusivamente para adultos y paquetes orientados a familias. Para llegar, Copa Airlines opera vuelos semanales con conexión en Ciudad de Panamá, con frecuencias desde Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Salta, Tucumán y Rosario. O sea, no importa desde dónde salga el lector, seguramente tiene una opción a mano.
Cultura que se recorre, no solo se escucha
Hay dos paradas que para mí son imperdibles y vale la pena tener en el radar. En Kingston funciona el museo dedicado a Bob Marley, la figura central de la historia musical jamaiquina, y uno entiende por qué el reggae es mucho más que música acá: es una forma de mirar el mundo. En Ocho Ríos se puede visitar GoldenEye, la residencia histórica donde Ian Fleming escribió las novelas de James Bond. Ahí nomás, uno se imagina al escritor británico con su máquina de escribir frente al Caribe,inventando a 007. La isla también mantiene viva una tradición atlética fuerte, con circuitos de running y ciclismo vinculados a figuras del atletismo mundial, así que los runners de pura cepa van a sentirse como en casa.
Mi recomendación personal para comer
Antes de cerrar, una sugerencia que me nace del alma: si el lector tiene la suerte de pisar Jamaica, no se pierda la chance de almorzar en un jerk de los de toda la vida. Esas cocinas al aire libre donde la carne se cocina lentamente sobre madera de pimienta, con sabores intensos y esa salsa picante que hace arder hasta el alma, son una experiencia tan legítima como cualquier visita cultural. Acompañen con una cerveza local o un vaso de ron del lugar, y van a entender por qué la gastronomía jamaiquina es tan protagonista como sus playas. Créanme, es el cierre perfecto para un viaje que, se los aseguro, les va a volar la cabeza.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo



