Viernes, 4 de septiembre de 2026
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Voces de Santa Cruz

La cuarta temporada de Ted Lasso y el espejo inquietante de un personaje que incomoda

La llegada de Alice Chilton al cuerpo técnico del AFC Richmond revive el arco de Nate Shelley, pero esta vez Ted Lasso parece haber aprendido de sus propios errores: la suspensión llega antes del derrumbe.

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Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · 4 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Volvió Ted Lasso. La serie que en 2020 convirtió a un entrenador de fútbol americano sin experiencia real en el líder emocional de un club inglés de Premier League arrancó su cuarta temporada y, para alivio de quienes la siguieron durante las tres primeras, lo hizo con la misma mezcla de humor improbable y sensibilidad a flor de piel que la convirtió en un fenómeno cultural. Pero también con una decisión narrativa que en mi lectura funciona como una autocrítica: traer de vuelta, disfrazado de personaje nuevo, el conflicto más incómodo que la propia serie supo construir, el del ascenso y la caída de Nate Shelley, y resolverlo, esta vez, a tiempo.

La nueva incorporación se llama Alice Chilton y la interpreta Tanya Reynolds. Llega como entrenadora asistente del AFC Richmond femenino, el equipo que la serie introdujo hacia el final de la tercera temporada y que en esta entrega gana protagonismo. En los primeros episodios, Chilton parecía perfilarse como una Roy Kent en versión femenina: carácter fuerte, conocimiento táctico, incomodidad simpática con el estilo blando de Ted Lasso. Pero el quinto episodio corre ese encuadre y la empuja hacia un terreno mucho más oscuro, uno que los seguidores de la serie reconocen de memoria: el de alguien con talento que siente que no le llega la atención que merece y empieza a pagarlo con los que tiene más cerca.

El mismo punto de partida que Nate

El paralelismo con Nate Shelley, el personaje al que Nick Mohammed le sacó punta durante tres temporadas, es deliberado y la serie no lo disimula. Nate llegó al Richmond como encargado del material, ese tipo que acomoda los conos y reparte los chalecos en los entrenamientos, y terminó siendo ascendido a entrenador asistente gracias a la confianza ciega de Ted. Esa confianza, recordemos, fue el motor de su caída: cuando empezó a sentirse ignorado por un entrenador demasiado ocupado en abrazar a todos, su inseguridad se transformó en arrogancia y la arrogancia en crueldad, sobre todo con quienes menos poder tenían. La tercera temporada intentó cerrar el arco con una redención que dejó a más de un fan con gusto a poco.

Chilton arranca exactamente desde ahí: talento reconocido, frustración acumulada y una dificultad real para encajar en la cultura de equipo que Ted promueve, esa donde se crece colectivamente y nadie es más importante que el grupo. Mientras Ted sigue construyendo ese ambiente con su manual de siempre, la asistente empieza a sentir que no recibe la misma atención que sus pares, que sus ideas no pesan tanto, y esa percepción se le va convirtiendo, episodio a episodio, en irritación abierta. El punto de quiebre llega durante un entrenamiento, cuando descubre que varias jugadoras están más interesadas en la vida personal de Ted que en escucharla a ella dar indicaciones. Es un detonante chico, casi doméstico, pero alcanza para que se le descuadre el tono.

Lo que cambia esta vez es Ted

Y acá, para mí, está la verdadera noticia de esta cuarta temporada: la respuesta de Ted Lasso. En lugar de hacer lo que hizo con Nate, que fue mirar para otro lado hasta que el daño fue casi irreparable, el entrenador detecta las señales y actúa. Decide suspender a Chilton durante un partido en cuanto ve que su comportamiento empieza a perjudicar al grupo. Es una decisión que contrasta con el Ted más permisivo de las primeras entregas, el que prefería abrazar antes que corregir, y la serie la presenta como madurez antes que como contradicción: ayudar a las personas ya no significa tolerar que lastimen a otras. Es, si se quiere, la lección que la propia serie necesitó cuatro temporadas para terminar de aprender y que el personaje tardó casi lo mismo en incorporar.

Chilton, además, carga con un antecedente que pesa dentro del vestuario: tiene historia con Gemma, la jugadora interpretada por Abbie Hern que llegó a alejarse temporalmente del fútbol por las críticas duras de la asistente. Ese dato no es menor, porque condiciona cómo el equipo lee cada reacción suya y cuánto margen de error le queda dentro del Richmond. Cuando alguien ya le hizo daño a una compañera y vuelve a tensarse el clima, las alarmas se encienden mucho más rápido, y así lo entiende Ted esta vez.

Una temporada todavía abierta

Faltan episodios y la temporada todavía tiene tiempo para definir hacia dónde va Chilton: si la suspensión funciona como un freno que la obliga a mirarse, o si la serie decide empujarla hacia un lugar más turbio, parecido al que tomó Nate en su momento. Por ahora, lo que queda en pantalla es una Ted Lasso que, sin hacer ruido, reconoce en voz alta que la tolerancia sin límites también puede ser una forma de violencia, y que querer a alguien no equivale a dejarlo pasar todo. Como espectadora de esta historia desde el primer día, les confieso que ese giro me llegó: ver al personaje equivocarme menos, aunque sea en ficción, después de tantos años, se siente como una pequeña victoria que uno se lleva a casa.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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