Sábado, 26 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕

Voces de Santa Cruz

Portada — Vida —

La cuenta pendiente de los vínculos: por qué sentirse solo y estar aislado pesan distinto sobre la salud

Un estudio con más de 277.000 adultos del Biobanco del Reino Unido mostró que la soledad y el aislamiento social se asocian con menos años de vida sin enfermedades, y que los hábitos saludables alcanzan para atenuar unos efectos pero no otros.

MM
Marta MansillaSociedad y salud · 26 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

La sala de espera del centro de jubilados del barrio de Belgrano se llena cada mañana con un murmullo bajo de termos y sillas acomodándose. Ahí, en esa rutina compartida que repite la escena desde hace décadas, aparecen las historias que dan forma a cualquier conversación sobre la soledad. Roberto, de 58 años, me dijo mientras acomodaba su vaso de mate que conoce a varias personas pero que los días feriados se le hacen eternos. Ahí aparece la primera distinción que los investigadores quieren dejar clara: tener poco contacto con otros y sentirse solo no son sinónimos, y esa diferencia explica buena parte de lo que arrojó el trabajo difundido por la Universidad de Tulane.

El aislamiento social se mide por la cantidad de relaciones y la frecuencia con la que alguien interactúa con los demás. La soledad, en cambio, es el malestar que aparece cuando esa interacción no alcanza para sostener una conexión significativa, según las definiciones del Consejo Nacional de Envejecimiento. Una persona puede tener pocos contactos sin sentirse sola, si esos vínculos la satisfacen, y otra puede estar rodeada de gente y aun así experimentar ese vacío.

Lo que midió el estudio y a quiénes incluyó

El equipo de Lu Qi siguió a más de 277.000 participantes del Biobanco del Reino Unido, todos de entre 40 y 69 años al momento del ingreso. En aquel punto ninguno presentaba las siete condiciones que se tomaron como referencia: diabetes, enfermedades cardíacas, problemas pulmonares, demencia, cáncer, depresión y ansiedad. Para calcular los años que podían esperar vivir sin esos problemas, los investigadores fijaron los 50 años como punto de partida y compararon luego lo observado según el grado de aislamiento y de soledad declarado por cada voluntario.

  • Mujeres con soledad y aislamiento social: la estimación de vida sin problemas físicos fue 2,4 años menor.
  • Hombres en la misma situación: la estimación de vida sin problemas físicos fue 1,7 años menor.
  • Mujeres: la brecha en salud mental alcanzó los 3,7 años.
  • Hombres: la brecha en salud mental llegó a 5,8 años, la diferencia más amplia de todo el estudio.

Por qué los hábitos saludables alcanzan para una cosa y no para la otra

Lo que más me llamó la atención, y creo que vale la pena subrayarlo, es que una alimentación cuidada, la actividad física regular, un sueño reparador y no fumar atenuaron la pérdida de años sin enfermedades vinculada al aislamiento social, pero no hicieron lo mismo frente a la soledad. Es decir, las conductas cotidianas pesadas en las campañas de salud pública sirven para amortiguar el impacto objetivo de tener pocos vínculos, aunque no logran reducir de manera significativa el riesgo que aparece cuando alguien se siente solo aun estando acompañado. Esa asimetría es, a mi entender, la clave de lectura del trabajo, porque pone en primer plano que la conexión emocional no se reemplaza con rutinas saludables.

“Los hallazgos abarcan tanto la salud física como la mental, y muestran que los años libres de enfermedad varían de manera diferente según se trate de aislamiento objetivo o de soledad percibida.”Lu Qi, investigador principal del estudio (comunicado de la Universidad de Tulane, 22 de septiembre de 2026)

Los números del trabajo se refieren a años sin las enfermedades estudiadas, no a años de vida perdidos en términos absolutos, una precisión que los propios autores remarcan para no sobredimensionar las conclusiones. Aun así, la fotografía que deja el estudio es elocuente: en el peor de los casos, los hombres que experimentaban soledad y aislamiento social podían esperar casi seis años menos de vida sin problemas de salud mental respecto de quienes no atravesaban esas situaciones, una diferencia que no se borra con buena alimentación ni con caminatas diarias.

Cuando volví a llamar a Roberto para contarle parte de estos hallazgos, me dijo algo que sintetiza lo que la investigación sugiere. Acompañado por su esposa y por los amigos del centro de jubilados, igual hay días en los que la casa se queda en silencio y la sensación de estar solo aparece sin aviso. Lo que él espera, me contó, es que los próximos años le permitan seguir compartiendo esa rutina y que esa presencia cotidiana se sostenga, porque entiende, quizá sin saberlo, lo que el estudio termina de confirmar: que la cantidad de vínculos y la calidad de esos vínculos pesan de maneras distintas sobre la salud, y que sólo la segunda se vuelve imprescindible cuando los años empiezan a sumar.

MM
Marta MansillaSociedad y salud

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo