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La dentadura que se pierde y la cabeza que se nubla: la conexión que pocos adultos mayores imaginan

Una revisión de catorce estudios advierte que perder más de un diente en la vejez se asocia con un riesgo mucho mayor de deterioro cognitivo y demencia, mientras que la inflamación de encías aparece vinculada a problemas cardíacos y pulmonares. Cuáles son los hábitos que recomiendan los especialistas para cuidar la boca y, de paso, cuidar el resto del cuerpo.

MM
Marta MansillaSociedad y salud · · 5 min de lectura
La dentadura que se pierde y la cabeza que se nubla: la conexión que pocos adultos mayores imaginan

En el consultorio de la odontóloga Laura Espósito, en el barrio de Belgrano, la sala de espera de las nueve de la mañana suele tener una particularidad: la mitad de los pacientes que esperan su turno son adultos mayores que llegaron acompañados, casi siempre, por un hijo o un nieto. Entre ellos, doña Carmen, de setenta y dos años, hojea una revista con la dentadura removible apoyada en el bolsillo del saco. Hace seis meses le sacaron dos muelas y, desde entonces, cuenta, evita las reuniones del centro de jubilados porque le cuesta masticar y, sobre todo, le da vergüenza que se le mueva la prótesis cuando habla. "Yo antes iba a todos los bailes, ahora me quedo en casa", dice, mientras su hija la mira con esa preocupación silenciosa que suelen tener los familiares de quienes van achicando su mundo sin que nadie lo note.

Lo que dice la ciencia y lo que todavía no puede probar

Una revisión de catorce estudios publicada en la revista JAMDA y retomada por la guía de Harvard Health Publishing puso la lupa sobre algo que durante mucho tiempo se sospechó pero pocas veces se cuantificó: los adultos mayores que perdieron más de un diente a lo largo de su adultez presentan cerca de un cincuenta por ciento más de riesgo de deterioro cognitivo y alrededor de un veintiocho por ciento más de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia. Los autores fueron muy claros al respecto y esa aclaración es clave, porque no estamos frente a una sentencia de causa y efecto sino frente a una asociación estadística que se repite en distintas poblaciones y que, por su consistencia, llama la atención de los investigadores. En otras palabras, perder dientes y perder memoria suelen caminar juntos en las estadísticas, aunque todavía no pueda afirmarse que una cosa provoque la otra.

Los investigadores enumeran al menos cuatro factores que probablemente entrelazan ambas situaciones: la inflamación prolongada de las encías, que puede afectar el resto del organismo; los cambios en la alimentación, porque quien pierde piezas dentales suele dejar de lado alimentos duros como carnes, frutas crudas y verduras, que son los que más nutren al cerebro; las dificultades de acceso a la atención odontológica, que en la Argentina golpea con más fuerza a los sectores de menores recursos y a quienes viven lejos de los centros urbanos; y, finalmente, las enfermedades previas que comparten la boca y el sistema nervioso. Cada uno de estos elementos, por separado, podría contribuir al cuadro general, y es la suma de todos lo que vuelve al hallazgo lo suficientemente serio como para no dejarlo en una charla de consultorio.

Cuando la encía inflamada se vuelve un problema para todo el cuerpo

La gingivitis, que es el nombre técnico de la inflamación de encías, aparece en numerosos estudios asociada a enfermedades cardiovasculares, a obstrucciones en los vasos sanguíneos, a accidentes cerebrovasculares e incluso a complicaciones pulmonares. Tampoco en estos casos se demostró que la encía enferma cause el infarto o el ACV, pero la asociación es lo suficientemente sólida como para que varias sociedades médicas internacionales recomienden incluir los controles odontológicos dentro del seguimiento clínico habitual de los adultos mayores. Cuando esa inflamación se vuelve crónica y no se trata, puede avanzar hacia los tejidos que sostienen los dientes y transformarse en periodontitis, una afección que en sus etapas avanzadas termina provocando la pérdida de piezas dentales. Es, en cierto modo, un círculo vicioso que empieza con una encía enrojecida y termina con un hueco en la sonrisa y, tal vez, con otro hueco en la memoria.

  • Sensibilidad dental: aparece cuando las encías se retraen y dejan expuesta parte de la raíz, o cuando el bruxismo, que es el hábito de apretar o rechinar los dientes durante el sueño, va desgastando el esmalte. Una férula nocturna puede reducir la presión, aunque la evaluación profesional es indispensable para descartar otros orígenes.
  • Boca seca: ocurre cuando se produce menos saliva y dificulta masticar, tragar, hablar y hasta percibir los sabores de la comida. Es un efecto secundario frecuente de varios medicamentos muy usados en la vejez, como los antidepresivos y los diuréticos, y también aparece asociada a la diabetes, a accidentes cerebrovasculares, al alzhéimer y a algunas enfermedades que afectan al sistema inmune.
  • Pérdida de piezas dentales: además del impacto físico y estético, suele reducir la participación social, ya que muchas personas evitan conversar, sonreír o asistir a reuniones por incomodidad con su dentadura, lo que alimenta el aislamiento en una etapa de la vida en la que la compañía, justamente, se vuelve más necesaria que nunca.

Qué se puede hacer en lo cotidiano y cuándo consultar

La guía de Harvard Health Publishing enumera una serie de hábitos que, sin ser costosos ni complicados, ayudan a reducir estos riesgos. Cepillarse los dientes al menos dos veces por día con pasta fluorada, usar hilo dental o cepillos interdentales para limpiar los espacios donde el cepillo no llega, controlar la ingesta de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, dejar el cigarrillo si todavía se fuma y, sobre todo, mantener una rutina de visitas al odontólogo aunque no duela nada, porque muchas de estas molestias avanzan en silencio. En el caso de los adultos mayores, los especialistas recomiendan controles cada seis meses y una evaluación periodontal al menos una vez al año, sobre todo si ya hay antecedentes de pérdida de piezas o de encías que sangran con frecuencia.

Doña Carmen, mientras tanto, salió del consultorio con un turno programado para empezar un tratamiento periodontal y con una indicación precisa de la profesional: volver cada cuatro meses, cepillarse después de cada comida principal y, si la dentadura removible le sigue molestando, conversar con su hija sobre la posibilidad de evaluar implantes. Antes de irse, me mira y dice, con esa mezcla de determinación y cansancio que tienen los que ya aprendieron que cuidarse cuesta pero no cuidarse también cuesta: "Yo quiero volver a los bailes, aunque sea uno por mes, para no perder la cabeza del todo". Es,, la mejor síntesis posible de lo que esta revisión viene a recordarnos: que la boca es una puerta de entrada al cuerpo entero y que, en la vejez, mantenerla sana es también una manera de mantener viva la vida social, el apetito y, en la medida de lo posible, la lucidez.

MM
Marta MansillaSociedad y salud

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