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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Voces de Santa Cruz

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La despedida íntima de Jimena, la hija que le escribió al meteorólogo Fernando Confessore: "No despertaste y todo mi mundo se derrumbó"

A dos días de la muerte del querido hombre del tiempo, su hija menor eligió Instagram para desahogarse con una carta donde cuenta el intento de reanimación, la fe que mantuvo hasta el último instante y los detalles cotidianos que ya extraña. Un testimonio que conmovió a colegas y seguidores.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · · 4 min de lectura
La despedida íntima de Jimena, la hija que le escribió al meteorólogo Fernando Confessore: "No despertaste y todo mi mundo se derrumbó"

Fue en la madrugada del viernes 16 de octubre, alrededor de las cuatro de la mañana, cuando el teléfono sonó en la casa de Fernando Confessore y todo se quebró para siempre. El meteorólogo tenía 58 años y sufrió un paro cardíaco en su domicilio, según confirmaron fuentes del SAME a este portal. Su esposa, Paula Franco, alcanzó a llamar al 911 y los paramédicos llegaron para hacer las maniobras de reanimación cardiopulmonar, pero no pudieron revertir el cuadro. La noticia cayó como un baldazo de agua fría en el ambiente de los medios y, sobre todo, en esa familia que todavía está tratando de entender lo que pasó.

Una carta escrita entre lágrimas

Dos días después, su hija menor Jimena Confessore tomó el teléfono y, en lugar de un comunicado institucional o un escueto mensaje de duelo, eligió abrirse de una manera que conmovió a miles de personas. Publicó en su cuenta de Instagram una carta larga, escrita de puño y letra en la tristeza más absoluta, y la acompañó con un álbum de fotos familiares donde se ve al meteorólogo con sus tres hijas y con Paula, en asados, en cumpleaños, en esa intimidad que sólo se comparte cuando ya no queda nada más.

“Tardé en escribirte porque todavía no podía creer lo que había pasado. No caía en que era real, en que te habías ido.”Jimena Confessore

Lo que hace singular a este texto, y por eso lo elegimos como tema central de la nota, es que Jimena no esquiva nada. Narra minuto a minuto lo que sintió mientras el personal médico y la Policía intentaban salvarle la vida a su padre, y deja al descubierto algo muy humano: la fe irracional que uno mantiene en medio de una tragedia, esa vocecita interna que te dice "va a estar bien, ya va a despertar", hasta que llega ese instante en el que entendés que no, que no va a volver.

“Mientras los médicos y los policías te asistían, yo tenía la fe en que ibas a volver, en que todo iba a estar bien. Pero no despertaste, y fue ahí cuando todo mi mundo se derrumbó.”Jimena Confessore

Más adelante, la carta se vuelve un inventario de detalles cotidianos, de esos que parecen menores pero que pesan como plomo cuando ya no están. Jimena enumera el humor ácido del padre, sus enojos al volante, las locuras de la sobremesa, las quejas frente al plato vacío, el ritual del asado dominical con la parrilla prendida desde el mediodía. Es, en definitiva, una descripción minuciosa de un hombre común que, además de ser la cara del tiempo en la tele, era el que organizaba la mesa, el que discutía por la selección y el que jamás se olvidaba de un cumple.

El cierre es directo, sin adornos, y por eso lastima más todavía: "Te voy a amar eternamente, pa" y "Te voy a extrañar toda la vida", le escribe Jimena a ese padre que la tele le mostraba a todo el país y que en la intimidad era simplemente "pa". La publicación se llenó de comentarios de colegas del periodismo, del ámbito de la meteorología y de seguidores anónimos que se acercaron a dejar su pésame. Las hermanas Julieta y Candela también dejaron sus palabras en la misma publicación, transformándola en un pequeño álbum de familia que quedó flotando en la red como un homenaje compartido.

Confieso que, mientras leía la carta de Jimena una y otra vez para armar esta nota, se me cruzaron varias veces las imágenes de Confessore explicando un frente frío en el noticiero, esa manera tan suya de señalar el mapa con el dedo, como si le estuviera explicando el tiempo a un amigo en la mesa de la cocina. Y eso, justamente, es lo que vuelve tan doloroso su final: que lo perdimos a él, sí, al hombre del tiempo, pero también al padre de Jimena, Juli y Cande, al marido de Paula, a ese señor que ya no va a volver a prender el fuego para el asado del domingo. Y uno se queda acá, del otro lado de la pantalla, con la tristeza de pensar que hay familias que todavía están aprendiendo a pronunciar la palabra "ya no está".

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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