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Voces de Santa Cruz

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La guitarra criolla volvió a sonar en el Colón: Juan Diego Flórez cantó a Gardel y Chabuca Granda entre las arias de siempre

El tenor peruano repasó su historia con la canción popular y explicó cómo esa raíz alimenta sus personajes en la ópera. También habló de Sinfonía por el Perú, el proyecto social que sostiene desde hace años.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · · 4 min de lectura
La guitarra criolla volvió a sonar en el Colón: Juan Diego Flórez cantó a Gardel y Chabuca Granda entre las arias de siempre

La noche del 22 de septiembre en el Teatro Colón hubo un momento que no estaba anunciado en los programas de mano y que, sin embargo, terminó por condensar buena parte de la historia musical del protagonista de la velada. Juan Diego Flórez, el tenor peruano que desde hace décadas recorre los escenarios más exigentes del mundo, había cerrado su primera parte con arias de Mozart, Rossini, Donizetti y Gounod, y fue en los bises, con la sala todavía en vilo, cuando tomó una guitarra y regaló canciones de Carlos Gardel y Chabuca Granda. La elección no fue casual, y él mismo se encargó de contarlo después.

Una elección que arranca en el camarín

Cuando le preguntaron cómo decide qué temas populares sumar a sus recitales, Flórez describió un proceso que empieza mucho antes del escenario y a veces termina a metros del escenario. "Puede ser por una melodía, por una letra o por un recuerdo", explicó el cantante, y agregó que en más de una oportunidad prueba las canciones en el camarín, instantes antes de salir, y resuelve ahí mismo qué va a compartir con el público una vez terminado el concierto. Esa manera de decidir, casi en el último momento, no es improvisación gratuita: es la consecuencia de un vínculo muy largo con la canción popular, anterior incluso a su carrera operística.

Flórez recordó que en su casa, en Lima, se escuchaba música criolla, y que después se interesó por el rock y la trova. A los quince años ya tocaba la guitarra y escribía sus propias canciones, sin sospechar todavía que el destino lo llevaría a los teatros líricos. "De esa etapa mantengo el gusto por explorar y cantar", dijo, como si quisiera dejar en claro que la ópera no borró nada de lo anterior, sino que se apoyó en ello.

Cómo influye esa raíz en los personajes de ópera

Para el tenor, los años de trabajo no acumulan solamente repertorio, sino también una forma distinta de leer las partituras. Los años, explicó, le permiten encontrar nuevos sentidos en las palabras y en las frases musicales, y la preparación vocal queda al servicio de lo que vive cada personaje. La idea, dijo, es acercar al público historias que pueden haber sido escritas siglos atrás pero cuyos sentimientos siguen siendo reconocibles hoy, y en eso la raíz de la canción popular funciona como una caja de herramientas: le devuelve la inmediatez, el contacto directo con la emoción, que es lo que después aplica a los grandes papeles del bel canto.

Sinfonía por el Perú: la música como herramienta social

Esa mirada sobre la interpretación se traslada también a Sinfonía por el Perú, el programa que Flórez impulsa desde hace años con niños y jóvenes de contextos vulnerables. Para el cantante, el trabajo musical con esos chicos y chicas puede ayudarlos a desarrollar confianza, a escucharse y a colaborar, tres habilidades que, dijo, exceden con mucho el aprendizaje de un instrumento o del canto. Cuando hace música con los participantes del proyecto, señaló, busca transmitir herramientas relacionadas con la expresión y el fraseo, consciente de que la enseñanza abre posibilidades que van más allá de lo estrictamente musical. También vinculó esa decisión de compartir lo que sabe con el acompañamiento que él mismo recibió durante su propia formación, como si se tratara de una cadena que él se niega a cortar.

Una velada con dos almas en el mismo escenario

En el Colón, el programa combinó entonces dos universos que suelen presentarse por separado. Por un lado, el repertorio operístico que llevó a Flórez a cantar en los teatros más importantes del mundo; por el otro, las canciones de Gardel y Chabuca Granda, interpretadas con guitarra, que forman parte de su historia personal desde antes de subirse a un escenario. Esa combinación, que en otros cantantes podría sonar forzada, en él aparece como una extensión natural de quien nunca dejó de cantar, ni siquiera cuando la ópera se convirtió en su oficio principal. A mí, que seguí la velada desde la butaca, me dejó la sensación de haber escuchado a un artista entero, sin recortes, mostrando de dónde viene y dónde aprendió a poner el cuerpo en cada nota.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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