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La hernia silenciosa: cómo se descubre y qué hacer cuando el dolor ya no se aguanta

Una patología frecuente que se diagnostica tarde y que, bien operada, permite volver a la vida normal. Una vecina de Lanús cuenta el camino desde la primera molestia hasta el alta.

MM
Marta MansillaSociedad y salud · · 3 min de lectura
La hernia silenciosa: cómo se descubre y qué hacer cuando el dolor ya no se aguanta

En la casa de Gladys Aguirre, en Lanús, hay una silla reclinable que se volvió protagonista el año pasado. Tiene 58 años, trabaja como administradora en un estudio contable y nunca imaginó que una hernia umbilical le iba a cambiar la rutina durante semanas. "Empecé con una molestia arriba del ombligo, como un tirón, y pensé que era de hacer fuerza con la bolsa del súper", cuenta mientras acomoda los almohadones en el respaldo. "Fui tirando hasta que un día no pude levantarme de la cama."

Las hernias son una de las consultas quirúrgicas más comunes, aunque suelen descubrirse tarde. Aparecen cuando una porción de tejido o intestino protruye por un punto débil de la pared abdominal, y el dolor se vuelve difícil de ignorar cuando el contenido queda atrapado. El doctor Marcos Giménez, cirujano general del Hospital Italiano, explica que muchas veces el primer aviso es un bulto que sale y entra, y que el problema aparece cuando deja de reducirse.

Cómo se llega al diagnóstico

El recorrido diagnóstico suele empezar en el consultorio, con la palpación del abdomen. Si la hernia es pequeña o el paciente tiene mucho panículo adiposo, el examen físico se complementa con una ecografía de pared abdominal o, cuando hay sospecha de compromiso intestinal, con una tomografía computada. "El objetivo es confirmar el defecto, medir su tamaño y descartar complicaciones", señala Giménez.

  • Bulto en la zona del ombligo, la ingle o cicatrices previas que crece al toser o levantar peso.
  • Dolor localizado que se intensifica con la actividad física y mejora con el reposo.
  • Enrojecimiento, sensibilidad marcada o imposibilidad de empujar el bulto hacia adentro.
  • Náuseas, vómitos o distensión abdominal, que pueden indicar atascamiento del contenido herniario.

Gladys reconoce que esperó tres meses antes de ir al médico. "Me daba vergüenza que me revisen y, aparte, uno piensa que se va a pasar." Cuando finalmente consultó, la hernia ya estaba encarcerada y la intervención fue más compleja de lo que hubiera sido a tiempo. Hoy, operada con técnica de malla, se recupera favorablemente y quiere compartir lo aprendido con quienes dudan como ella dudó.

“Cuando se opera en forma programada, la recuperación es rápida y las complicaciones son mucho menos frecuentes. La urgencia casi siempre se podría haber evitado con una consulta a tiempo.”doctor Marcos Giménez, cirujano general

El tratamiento de elección para la hernia sintomática sigue siendo quirúrgico. Las técnicas actuales combinan sutura y colocación de mallas que refuerzan la pared y reducen la tasa de recidiva. En centros con experiencia, la cirugía ambulatoria es habitual y el paciente vuelve a sus actividades en pocas semanas, con la indicación de evitar esfuerzos intensos durante el primer mes.

Gladys ya se imagina el verano sin la molestia que la venía acompañando. "Quiero volver a cargar la bolsa del súper sin miedo, llevar los nietos a la plaza y, sobre todo, no tener que andar pensando en el dolor." Su expectativa es simple, y la comparten miles de personas que viven con un bulto en el abdomen sin animarse a consultar: que la vida siga su curso sin que un punto débil de la pared abdominal se interponga.

MM
Marta MansillaSociedad y salud

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