La IA destraba al usuario y, de paso, le abre la puerta al que sabe entrar
Un programador revivió aires BGH muertos en la nube, un creativo hackeó un portarretratos barato y otro clonó funciones de Adobe y Microsoft. La misma llave que devuelve el control al consumidor sirve para abrir cualquier artefacto conectado del hogar o de una industria entera.

El viento no cambia, pero el aire acondicionado sí. O mejor dicho, vuelve a obedecerlo a uno. Resulta que hubo varios usuarios de equipos BGH Smart que se quedaron con el artefacto prendido y la aplicación en el celular convertida en un adorno. La marca discontinuó el servicio en la nube y se llevó puesto el control por wifi. Hasta ahí, historia conocida: compraste, pagaste, te quedaste sin nada.
Hasta que apareció alguien con un agente de inteligencia artificial, lo apoyó contra el equipo, lo dejó analizar las comunicaciones internas y reconstruir el protocolo a fuerza de prueba y error. Días de laburo que antes eran meses, o directamente imposibles para alguien sin un equipo de ingeniería detrás. El resultado: una integración casera, compatible con asistentes de voz, publicada como software libre para que cualquiera la aproveche.
El mismo truco, en todas las góndolas
El caso del aire acondicionado no es un hecho aislado. Es la punta de un iceberg que ya llenó la heladera de ejemplos. Un tal Wes Bos, programador de esos que se aburren fácil, compró un portarretratos digital de 50 dólares, le metió mano al sistema operativo con ayuda de un agente de programación, le borró el software original y lo en un panel familiar a medida. Vamos, le cambió el alma.
Otro desarrollador, más ambiciosos los proyectos, presentó ArtCraft: un paquete de aplicaciones gratuitas que replican, mediante ingeniería inversa asistida por IA, funciones que hasta ayer eran coto cerrado de Adobe y Microsoft. Mientras tanto, Google anunció que los usuarios de Android van a poder crear sus propias aplicaciones describiendo en lenguaje natural lo que quieren. Sin código. Hablando.
Lo que comparten estos casos es incómodo para las marcas yador para los usuarios: la inteligencia artificial le devuelve al consumidor el control sobre el objeto que compró, estira la vida útil del equipo y fulmina de un plumazo los modelos de negocio que necesitan al cliente atado a una plataforma. Pagar dos veces por lo mismo, la especialidad de la casa.
La llave abre para todos, también para los otros
Ahora, la parte que a nadie le gusta leer. Esa misma capacidad no tiene cerradura. El agente que descifra cómo habla un aire acondicionado puede, con el mismo método, sentarse frente a cualquier otro dispositivo conectado, mapearle las costuras y ensayar la forma de meterle mano. Cámaras, cerraduras inteligentes, electrodomésticos, maquinaria industrial. Todo lo que tenga un chip y un cable, o solo un chip y una señal, es candidato.
Esta semana, en Francia, atacantes manipularon a distancia los sistemas de refrigeración de cientos de supermercados. Provocaron ciclos de descongelamiento a propósito. Resultado: toneladas de alimentos a la basura, cadena de frío rota, pérdidas millonarias y la sospecha de que alguien, en algún lugar, usó herramientas parecidas a las del programador del BGH, pero con otros fines.
La moraleja, como siempre que la tecnología avanza, es bifronte. Por un lado, la IA le devuelve al usuario lo que el mercado le había sacado. Por el otro, le entrega a los que saben del asunto una caja de herramientas para entrar a cualquier cosa que esté enchufada. La diferencia entre devolverle el aire a alguien y dejar sin comida a una ciudad está solo en quién maneja la llave.
La que viene, esta pelea se va a dirimir en tribunales, en standards de seguridad y en la letra chica de las garantías. Pero la cancha ya está marcada: del lado de los fabricantes, la excusa del servicio caído. Del lado de los usuarios, una IA con las ganas y los códigos para hacerlos entrar en razón. Veremos quién sea.
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