La mesa familiar como escuela: por qué compartir la comida cambia lo que los chicos eligen en el plato
Un consenso de especialistas argentinos en nutrición pediátrica presentado en el Congreso de la Sociedad Argentina de Pediatría pone el foco en la comensalidad: el conjunto de hábitos, conversaciones y rituales que rodean cada comida y que, según sostienen, resulta tan decisivo como el menú mismo a la hora de formar a un comensal desde los dos hasta los diecisiete años.

En la casa de Miriam todavía se escucha el ruido de los cubiertos contra el plato, ese sonido chico y repetido que aparece cuando alguien sirve la comida y los demás se acercan a la mesa. Miriam tiene 48 años, es mamá de tres chicos de entre 11 y 19, y cuenta que la cena es, desde hace años, el único momento del día en el que la familia completa logra sentarse junta. "El almuerzo ya es imposible, cada uno come a su hora o se lleva algo al colegio, pero a la noche nos juntamos sí o sí, aunque sea charlando de cualquier cosa", dice mientras acomoda las sillas. En esa escena cotidiana, que se repite en miles de hogares argentinos, hay algo que los especialistas en nutrición pediátrica empezaron a mirar con más atención que antes: no solo qué se come, sino cómo se come, con quién y en qué contexto.
Comensalidad: la mesa como hecho social
Ese concepto que los pediatras empezaron a discutir con más fuerza es el de comensalidad, una palabra que engloba todo lo que rodea al acto de comer: el lugar, los horarios, los interlocutores, las conversaciones, las pantallas que están o no están encendidas y hasta el tiempo que se le dedica a la comida. La médica nutricionista y presidenta de PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil), María Eugenia Andrés, lo definió como el conjunto de prácticas, significados y vínculos que se construyen alrededor de la alimentación, y sostuvo que ese entramado es tan importante como la calidad nutricional del plato a la hora de formar los hábitos que un chico va a arrastrar durante toda la vida.
El consenso NutreAR y las tres edades clave
- De 2 a 5 años: la etapa en la que se aprende por imitación, se incorporan nuevos alimentos y se sientan las bases del repertorio que el chico va a mantener en el futuro. Los especialistas recomiendan ofrecer variedad de forma sistemática y evitar consolidar un menú demasiado restringido cuando el chico muestra selectividad.
- De 6 a 12 años: aparecen la escuela, los comedores escolares, las viandas y la influencia de los compañeros. La mesa compartida en el hogar sigue siendo el escenario donde se modelan los hábitos, y se sugiere sostener al menos una comida en familia por día, idealmente la cena.
- De 13 a 17 años: crece la tendencia a comer solo, en el cuarto y frente a una pantalla, y se reducen las oportunidades de compartir la mesa. El consenso recomienda mantener instancias de comensalidad, que pueden ser con la familia o con amigos, porque la función social de comer se sostiene más allá del parentesco.
“Los chicos aprenden a comer, en buena medida, por imitación, y por eso el entorno en el que se sientan a la mesa termina siendo tan formativo como el menú que se les sirve.”Consenso NutreAR, presentado en el 9° Congreso Argentino de Nutrición Pediátrica
La comensalidad tampoco se agota en el hogar. En la escuela, los comedores con menús planificados con criterios nutricionales y las viandas preparadas en casa amplían el repertorio de los chicos y les exponen a preparaciones que, muchas veces, no tienen en su propia cocina. Por eso el consenso recomienda que las familias aprovechen el comedor escolar cuando esté bien organizado, y que las viandas no sean un trámite sino una oportunidad para sumar variedad a lo largo de la semana. En el caso de Miriam, lo que ella espera es bastante sencillo y, a la vez, bastante ambicioso: que sus tres hijos sigan sentándose a la mesa cuando sean grandes, que recuerden esas cenas como algo más que un momento para llenar el estómago y que, con el tiempo, ellos también armen su propia mesa compartida con sus propios hijos, porque sabe que eso que se aprende de chico, alrededor de un plato y de una conversación, es de las pocas cosas que después cuesta mucho desarmar.
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