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Jueves, 22 de octubre de 2026
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Voces de Santa Cruz

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La Plata se tiñe de violeta: BTS agotó el Maradona y el fandom se da sus propias reglas

La gira ARIRANG trajo al septeto surcoreano a la ciudad de las diagonales para tres noches a estadio lleno. Antes de que suene la primera nota, las fanbases ya escribieron un manual de convivencia que sacudió las redes: desde bañarse antes de ir al show hasta no perseguir a los artistas por los hoteles.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · · 4 min de lectura
La Plata se tiñe de violeta: BTS agotó el Maradona y el fandom se da sus propias reglas

Tengo que confesar algo antes de arrancar: cuando supe que BTS venía a La Plata por triplicado, lo primero que pensé no fue en la música, sino en el operativo logístico que significaba mover a un pueblo entero durante tres jornadas. El grupo surcoreano aterrizó en Ezeiza el lunes 19 de octubre, en el marco de su gira mundial ARIRANG, y desde ese instante el país entró en una especie de cuenta regresiva colectiva que se mide en publicaciones de Instagram, hilos de Twitter y estados de WhatsApp. Los recitales están previstos para el martes 21, el jueves 23 y el viernes 24 de octubre en el Estadio Único Diego Armando Maradona, con localidades agotadas en las tres fechas.

La llegada al aeropuerto fue apenas el primer capítulo de una movida que excede por mucho lo musical. En las terminales internacionales se improvisaron vigilias y concentraciones apenas se confirmó el descenso del vuelo, con seguidores que llegaron desde temprano para conseguir una foto lejana, un grito o, con un poco de suerte, una sonrisa a través del vidrio de una combi. Los videos del desembarco circularon a una velocidad que ya nadie se sorprende: en cuestión de minutos, los teléfonos de los fans que no estaban en Buenos Aires ardían con notificaciones de otras fanbases que sí estaban ahí, retransmitiendo cada gesto en directo.

Un decálogo que nació en las propias filas

Lo más interesante, a mi modo de ver, fue lo que pasó después. Mucho antes de que los ARMY Bomb se encendieran por primera vez dentro del estadio, las comunidades de seguidores se sentaron a escribir un manual de convivencia que, en la práctica, funcionó como una declaración de principios. La consigna que más ruido generó fue tan simple como polémica: el pedido de asistir bañados, tanto al recital como a los acampes previos en las cercanías del Maradona. La idea, claro está, era sostener condiciones mínimas de higiene durante esperas que podían extenderse durante horas bajo el sol o la llovizna de la región, y la frase se viralizó al punto de convertirse en tendencia por mérito propio.

  • No arrojar objetos al escenario durante el show, una regla clásica pero que siempre conviene recordar.
  • Mantener los bastones luminosos oficiales, los ARMY Bomb, a una altura que no tape la visión del resto del público.
  • Respetar el espacio personal en el campo, sobre todo en los sectores más densos.
  • No acercarse a los hoteles donde se hospedan los integrantes ni difundir ubicaciones en tiempo real.
  • Evitar perseguir los traslados de los artistas, una práctica asociada a las llamadas fans sasaeng.

Esa última cuestión me parece especialmente relevante y amerita una explicación. En el universo del pop coreano existe un término que describe a quienes invaden los espacios íntimos de los artistas, los siguen hasta sus domicilios o interceptan sus vehículos: se los llama sasaeng, y su comportamiento está lejos de ser celebrado por el grueso del fandom. Por eso, las fanbases argentinas salieron a diferenciarse de manera explícita, publicando comunicados en los que pedían no congregarse en hoteles, no difundir horarios de traslados y no compartir ubicaciones en tiempo real, una postura que contrastó con la lógica de exposición total que muchas veces premian las redes sociales.

Ahora bien, no todo fue armonía. Mientras se ultimaban los detalles para las tres noches en La Plata, en distintas plataformas circularon mensajes que cuestionaban la presencia de figuras públicas ajenas al fandom en zonas que algunas seguidoras y seguidores consideraban territorios propios, construidos a fuerza de años de seguimiento y de fidelidad a un grupo que recién ahora pisa suelo argentino con esta escala. Las críticas apuntaron sobre todo a influencers y celebridades convocadas por las productoras, y dejaron al descubierto una tensión de clase y de pertenencia que es, también, parte del fenómeno. Lo concreto, sin embargo, es que el acceso a cada sector depende de la entrada adquirida y de las disposiciones del evento, con independencia de la antigüedad de cada fan en la comunidad.

Cierro esta nota como la empecé, en primera persona, porque no me sale hacerlo de otro modo cuando el tema lo merece. Recuerdo la primera vez que escuché hablar de BTS en una redacción, hace ya varios años, cuando el nombre sonaba todavía a rareza para buena parte del periodismo cultural local. Hoy el septeto llena tres veces el estadio de La Plata, y lo que me sigue conmoviendo no es el número ni el negocio, sino la capacidad de su comunidad para organizarse, para discutir sus propias reglas y para sostener, aun con sus contradicciones, una ética del cuidado que muchas veces le falta al espectáculo en vivo. Ojalá las tres noches salgan como las soñaron quienes llevan meses acampando en la puerta del Maradona, con la música alta, los Bomb encendidos y, claro, bañados.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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