Viernes, 28 de agosto de 2026
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Voces de Santa Cruz

La revuelta de los campos ingleses de 1381 como posible cuna del arquero de Sherwood

La nueva película de Paul Greengrass, con Andrew Garfield como protagonista, se anima a reescribir el nacimiento de uno de los personajes más revisitados de la tradición medieval europea.

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Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · 28 DE AGO DE 2026 · 5 min de lectura

A mitad de 1381, mientras los monarcas ingleses intentaban sostener una guerra en Francia que se les había ido de las manos, una estampida de campesinos, artesanos y jornaleros de los condados del sur y del este de Inglaterra tomó las rutas hacia Londres con una consigna que todavía suena incómoda: terminar con los impuestos abusivos, terminar con el trabajo forzado y terminar con la idea de que la nobleza podía seguir exprimiendo al pueblo sin que el pueblo respondiera. Esa revuelta, conocida como la Revuelta Campesina inglesa o Peasants' Revolt, terminó con la promesa real de Richard II de conceder amnistía, con una matanza posterior de los cabecillas y con la decapitación de los principales líderes del levantamiento, entre ellos Wat Tyler, cuya cabeza fue clavada en una pica en las puertas de Londres como advertencia para cualquiera que se animara a desafiar el orden feudal. Casi seiscientos años después de aquellos hechos, el director británico Paul Greengrass —el mismo que puso a Tom Hanks contra los piratas somalíes en Capitán Phillips— se propuso contar esa historia, pero con un giro que el estudio recién hizo público en las últimas semanas: la película, que se llamó The Hood cuando Benedict Cumberbatch estaba vinculado al proyecto, que después pasó a llamarse The Rage cuando Matthew McConaughey sonaba como posible protagonista y que más tarde adoptó el título The Uprising, lleva ahora el subtítulo The Rise of Robin Hood, lo que la coloca en un terreno delicado, el de proponer una explicación cinematográfica para el nacimiento de uno de los personajes más famosos del imaginario inglés.

Porque Robin Hood, conviene recordarlo, no nació en un solo libro ni en un solo siglo. Durante buena parte de la Edad Media circularon por Inglaterra baladas y relatos orales sobre arqueros que robaban a los ricos para repartir entre los pobres, sobre hombres expulsados de sus tierras por la corona o por los señores locales, sobre proscritos que se refugiaban en bosques como Sherwood o Barnsdale y desde ahí desafiaban a la autoridad. Recién a fines del siglo XIV y principios del XV esas figuras dispersas empezaron a converger en un solo arquero, y fue mucho más tarde, ya en el siglo XIX, cuando la literatura y el teatro victoriano terminaron de fijar al héroe con su identidad moderna: el noble desposeído, el arco largo, la capucha verde, el destierro y el desafío a un príncipe Juan sin ley. La película de Greengrass toma justamente ese momento histórico, la revuelta de 1381, y lo cruza con la leyenda para imaginar cómo pudo haber nacido esa primera chispa, esa primera versión del arquero que después la tradición oral se encargaría de amplificar.

El protagonista y los nombres que orbitan el proyecto

  • Andrew Garfield como protagonista, en un rol vinculado a la leyenda aunque, según lo que se difundió, sin necesariamente llevar el nombre de Robin Hood en pantalla.
  • Jamie Bell como parte del reparto principal, acompañando a Garfield en el frente de los rebeldes.
  • Stephen Dillane en el elenco, completando un triángulo de intérpretes con experiencia en dramas de época.
  • Benedict Cumberbatch y Matthew McConaughey, que estuvieron asociados al proyecto en sus distintas etapas de desarrollo, antes de que la película tomara su forma definitiva.

Garfield, que acaba de pasar por el ojo de la tormenta de la prensa internacional por su relación personal fuera del cine, llega a esta película después de un período en el que su carrera se había volcado sobre todo a la televisión y al teatro. Volver a un protagónico cinematográfico en un drama medieval de gran escala significa para él un regreso al formato que le dio su mayor salto de visibilidad, y lo hace además con un director que trabaja con un ritmo muy particular: cámara en mano, montaje urgente, tensión sostenida. Greengrass construyó su fama precisamente con esa fórmula, que aplicó en las películas de Jason Bourne y en United 93, y que aquí traslada a un escenario muy distinto, un siglo XIV inglés, con ejércitos campesinos, ciudades amuralladas y un rey adolescente intentando sostener un trono que se le desmorona entre las manos.

Un estreno que vuelve a poner a Robin Hood en debate

El 30 de octubre llega a los cines una película que, antes de que el público la vea, ya está obligando a repensar un mito. La pregunta que deja abierta es interesante: cuántas veces Hollywood contó a Robin Hood desde el lado del noble desposeído, desde el del arquero enamorado, desde el del héroe animado para toda la familia, y cuántas veces, en cambio, se animó a contar el momento anterior, el momento anterior al héroe, el instante en que un labrador cualquiera, un muchacho cualquiera de los campos de Essex o de Kent, tomó un arco o tomó una guadaña y decidió que ya no iba a obedecer. Por lo que se conoce hasta ahora, The Uprising parece proponerse exactamente eso, y lo hace apoyándose en uno de los levantamientos populares más estudiados de la Europa medieval, un episodio que la historia suele mencionar de costado pero que el cine rara vez se atrevió a poner en el centro de la pantalla. Personalmente, lo que más me llama la atención no es el nombre de Robin Hood en el cartel, sino la decisión de Greengrass de meter la cámara dentro de esa multitud de 1381 y obligarnos a mirar qué pasó antes de que la leyenda se inventara a sí misma.

CA
Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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