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La servilleta de Rexach y el formador que mandó a Messi a hacer pesas: los informes que casi cambian la historia

Tres evaluaciones de cuando Lionel tenía 13 años y medía 142 centímetros salieron a la luz 26 años después. Mientras uno desaconsejaba su llegada por la contextura, otro lo comparaba con Maradona. Barcelona avanzó igual y firmó en una servilleta. El resto ya lo conoce hasta el viento.

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Ignacio VillarroelDeportes · · 3 min de lectura
La servilleta de Rexach y el formador que mandó a Messi a hacer pesas: los informes que casi cambian la historia

Hay que tener cara dura, y nunca mejor dicho, para recomendar que no fichen a un pibe de 13 años que después se convierte en el máximo goleador histórico de un club. Pero así fue. Esta semana se conocieron tres informes que el Barcelona elaboró durante el otoño europeo de 2000, cuando Lionel Messi acababa de bajarse del avión con la valija cargada de sueños y 142 centímetros de altura. Y mientras el viento de octubre soplaba en el Camp Nou, alguien ya dudaba.

Lo concreto: tres formadores del club se sentaron a evaluar al rosarino que había llegado desde Newell's buscando lugar en las inferiores. Y no se pusieron de acuerdo ni en el DNI.

El informe que decía que no

Uno de los evaluadores fue directo, sin anestesia: "Considero que es un jugador de una calidad técnica indiscutible, pero su limitación física le impide poder competir ahora mismo en su categoría." Y remató con mayúsculas y subrayado, como si quisiera que nadie se lo perdiera: "CREO QUE NO S'HA DE FICHAR". Su propuesta era razonable: seguirlo un par de años, dejarlo crecer y volver a probarlo después. Mirá qué idea tan brillante, dejarlo madurar en cualquier otra parte y dejar que otro club levantara la servilleta.

“CREO QUE NO S'HA DE FICHAR. Proponía seguir su evolución física y volver a probarlo dentro de un par de años.”Formador del Barcelona, otoño de 2000

El informe que lo comparaba con el Diez

El segundo evaluador miró al mismo chico y vio otra cosa. Escribió, casi como al pasar: "Salvando las distancias, es un Maradona (pequeño de edad). Yo lo ficharía, tiene que ir a mucho más. Ya veremos su evolución." Tres líneas, una comparación que entonces sonaba exagerada y hoy suena a understatement. Breve, pero suficiente para entender por qué el club avanzó igual.

El tercer informe: virtuoso y flaco

El tercero coincidía con el elogio pero también con el reparo físico: "Por su edad, es un jugador técnicamente muy completo, destaca sobre sus compañeros, tiene visión de juego, es ágil, tiene un dribbling muy bueno y un buen pase." Hasta ahí, todo bien. El problema era el mismo de siempre: enfrente tenía rivales que le sacaban diez centímetros y una barra de pan. La Pulga era una pulga, en serio.

Las dudas no frenaron la operación. El 14 de diciembre de 2000, Carles Rexach, por entonces secretario técnico, firmó el compromiso de incorporarlo en una servilleta, "bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra". Una frase que escrita en un papelito de bar suena a disparate y firmada en un documento hubiera parecido herejía. Pero el tipo tenía razón y el resto quedó en la historia grande del fútbol.

Messi debutó en el primer equipo en 2004. Cuando se fue, había disputado 778 partidos oficiales, había hecho 672 goles y había levantado 35 títulos. Aquel pibe al que un formador quería devolverle la altura terminó midiendo 170 centímetros y superando incluso a quien lo había comparado con Maradona. Lo que había sido una duda razonable se transformó en el error de cálculo más grande en la historia de los departamentos de captación deportiva. Y no hubo papeleta que lo arreglara.

Me pregunto cuántas historias parecidas habrá enterradas en algún cajón de La Masia, del Inferniño de Madrid o de algún otro club europeo. Cuántos informes desaconsejando un fichaje que después fue leyenda, cuántos formadores con la lapicera llena de dudas y la razón hecha pedazos. Esta vez el viento sopló para Barcelona. La que viene, en otra cancha, podría soplar para cualquiera.

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Ignacio VillarroelDeportes

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