Sábado, 5 de septiembre de 2026
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Voces de Santa Cruz

La trastienda de «Silo»: cuando la pantalla le pide a la novela algo que el libro no le pidió nunca

Graham Yost, el showrunner de la serie de Apple TV+, reconoce que la tercera temporada se separa de los libros de Hugh Howey. La defensa es tajante: convertir una trilogía impresa en una ficción serializada obliga a mover piezas que, en papel, no había que mover.

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Celeste AlmonacidCultura y patrimonio · 5 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

En 2012, cuando el escritor estadounidense Hugh Howey decidió autopublicar «Wool» en plataformas digitales, pocos imaginaban que esa novela breve, ambientada en un silo subterráneo habitado por los restos de una humanidad que sobrevivió a un apocalipsis, terminaría convertida en una de las series de ciencia ficción más comentadas de la pantalla chica. Once años después de aquella primera edición independiente, la adaptación de Apple TV+ cerró su tercera temporada y su creador, Graham Yost, eligió hablar sin rodeos sobre el punto que más genera entre los lectores: la distancia entre lo que cuentan los libros y lo que muestra la pantalla.

Lo que Yost sostiene, con una franqueza que desarma, es que adaptar no es traducir. Una novela puede cortar a un personaje, prescindir de una protagonista durante cientos de páginas y retomar su historia cuando el relato lo demande, sin que el lector levante el teléfono para quejarse. Una serie de televisión, en cambio, necesita mantener encendidos los lazos afectivos que sostienen a la audiencia semana a semana. Por eso en la tercera entrega de «Silo», cuya base narrativa es el segundo libro de la trilogía, la protagonista permanece en escena aunque el texto original la haya dejado en el tintero. Para Yost, eliminarla habría sido un error de cálculo que la TV no perdona.

Una historia pensada para ser reescrita

Yost cuenta que Howey no puso ningún grito en el cielo por esos cambios. Y lo explica desde un lugar que, a mí, particularmente, me resultó luminoso: el autor proviene de la cultura del fandom, de esos espacios colectivos donde la ficción se piensa como un taller abierto, no como una obra intocable. Howey concibe su silo como un mundo que admite versiones, y por eso desde el primer día le dio a los guionistas libertad para mover paredes, cambiar pasillos y abrir puertas que en el libro estaban cerradas.

“Para él, todo esto consiste en formar parte de una comunidad de personas que trabajan dentro de esta historia. Siempre ha apoyado que cada uno aporte sus propias ideas.”Graham Yost, sobre Hugh Howey

Esa de origen termina funcionando como un escudo para el equipo de la serie, que convive con un fenómeno editorial poco habitual: dos audiencias que consumen «Silo» por carriles separados. Por un lado, los lectores de Howey, que llegan a la pantalla con el mapa mental ya dibujado y protestan, a veces con razón y a veces con cariño, cuando un personaje aparece donde no debería o cuando una subtrama toma un rumbo inesperado. Por el otro, espectadores que nunca tocaron un libro de la trilogía y piden, casi como condición, que no se les arruine el descubrimiento con guiños demasiados explícitos al material escrito. Yost dice respetar las dos lecturas y, en lo personal, celebro esa voluntad de no imponer un camino único.

Las críticas que más pesan son las que llegan por WhatsApp

«A veces recibo mensajes de amigos que acaban de leer los libros y me dicen que nos hemos alejado muchísimo. Y yo pienso: sí, amigo, ese es mi trabajo. Tengo que convertir esto en una serie de televisión. Y no soy yo solo: somos un grupo muy grande de personas», resumió Yost, y esa frase, dicho sea de paso, me parece una de las defensas más honestas que escuché en mucho tiempo sobre el oficio de adaptar. Porque detrás de cada capítulo de «Silo» hay un equipo enorme, desde guionistas hasta directores de arte que reconstruyen niveles enteros del subterráneo, tomando decisiones que un libro no tiene por qué tomar.

Queda flotando, inevitable, la pregunta del millón: ¿hasta dónde puede alejarse una adaptación de su fuente sin dejar de ser fiel a lo esencial? No tengo una respuesta cerrada y, sospecho, tampoco la tiene Yost. Lo que sí confirmé mientras leía sus declaraciones es que «Silo» no es un capricho de productores que compraron derechos para hacer lo que querían, sino el resultado de una conversación larga y trabajada entre un autor que entiende su obra como un punto de partida y un showrunner que sabe que la pantalla chica come personajes si nadie los vigila. Por ahora, con la tercera temporada ya en los archivos de Apple TV+, esa convivencia entre libro y serie sigue sin resolverse, y eso, lejos de ser un problema, se siente como la señal más saludable de que la historia sigue viva.

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Celeste AlmonacidCultura y patrimonio

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